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Protestas inundan ciudades de Egipto; dan ultimátum a Morsi

10 febrero 2014 5:5 Última actualización 01 julio 2013 14:6

  [Reuters]   


 
AP

EL CAIRO—El poderoso ejército egipcio advirtió el lunes que intervendrá si el presidente Mohamed Morsi no "satisface las demandas del pueblo ", y dio al mandatario y a sus opositores dos días para llegar a un acuerdo.
 
Cientos de miles de opositores al presidente islamista de Egipto salieron a las calles de El Cairo y de otras partes del país en un intenso esfuerzo para echar al presidente islamista Mohamed Morsi con las protestas más masivas en dos años y medio de torbellino político en el país.

Con banderas egipcias y retratos del mandatario tachados con rojo, las multitudes acudieron a la Plaza Tahrir en el corazón de El Cairo y otros puntos de todo el país en donde se convocaron manifestaciones. Los gritos de "¡vete!" resonaban en la plaza, donde surgió el levantamiento popular de 2011 que derrocó al presidente Hosni Mubarak.

Una multitud marchó hacia el palacio presidencial de Ittihadiya, colmó un amplio bulevar y se extendió hasta avenidas cercanas.

"Nos mentiste en nombre de la religión", gritaban algunos a coro mientras otros elevaban una pancarta que decía "Morsi=Mubarak. Adelanten las elecciones presidenciales".

En un indicio de la volatilidad de las divisiones en el país, jóvenes manifestantes lanzaron piedras y bombas incendiarias contra la sede de la Hermandad Musulmana, la organización de Morsi, y surgieron llamas a la entrada del complejo enrejado. Durante los choques, partidarios de la Hermandad se parapetaron en el edificio y dispararon contra los jóvenes, matando al menos a cinco manifestantes, según activistas.

Otros cinco manifestantes opuestos a Morsi murieron en choques y tiroteos en el sur de Egipto.

Había amplios temores de que los choques entre las dos partes se tornen más violentos en los próximos días. Morsi dejó claro por medio de un portavoz que no va a renunciar y sus partidarios islamistas han jurado no permitir que los manifestantes derroquen a uno de los suyos, quien ascendió al poder por medio de elecciones.

Durante la jornada del domingo, miles de islamistas se congregaron no lejos del palacio presidencial en respaldo a Morsi, algunos de ellos armados con garrotes y armaduras improvisadas.

Los manifestantes buscaron mostrar con la fuerza de sus números que el país se ha tornado irrevocablemente contra el
presidente un año después de su elección.

Sin embargo, la violencia descontrolada que muchos temen no ha estallado hasta el momento. En su lugar, las gigantescas movilizaciones contra Morsi de cientos de miles de personas en la Plaza Tahrir y afuera del palacio de Ittihadiya fueron festivas y de celebración, extendiéndose hacia calles colaterales y avenidas.

Fuegos artificiales iluminaron el cielo. Hombres y mujeres, algunos con niños pequeños en los hombros, sonaban tambores, bailaban y coreaban "¡por las buenas o las malas, haremos caer a Morsi!".

Los habitantes de diversas viviendas lanzaron agua desde lo alto a los manifestantes para refrescarlos debido al calor del verano boreal; también sonaban silbatos y ondeaban banderas en señal de apoyo. Algunos de los manifestantes llevaban tiendas de campaña para acampar afuera del palacio presidencial.

Cerca del palacio de Ittihadiya, miles de islamistas se reunieron en una exhibición de apoyo a Morsi afuera de la mezquita de Rabia al-Adawiya. Algunos portaban chalecos antibalas caseros, cascos de construcción, escudos y bastones como precaución en caso de que hubiera violencia, dijeron.

La multitud de partidarios de Morsi también aumentó a medida que se ocultaba el sol y se hacían más tolerables las temperaturas del verano. En la noche, la violencia estaba limitada a escenarios reducidos en las provincias debido a que ambos bandos se mantuvieron a bastante distancia unos de otros.

El estancamiento previsto suscita dudas de si intervendrá el ejército, ya desplegado en las afueras de las ciudades. Los manifestantes creen que tendrán a su favor el considerable apoyo de los oficiales militares, lo cual inclinaría la balanza contra Morsi. La policía no tuvo gran presencia el domingo.

Dos oficinas del Partido Libertad y Justicia de la Hermandad fueron atacadas y saqueadas en la ciudad de Bani Suef, al sur de El Cairo.

Movilizaciones de igual dimensión tuvieron lugar en la ciudad mediterránea de Alejandría y en ciudades del delta del Nilo como Mansoura, Tanta y Damanhour. Otras manifestaciones se llevaron a cabo en diversas ciudades del país.

"Mubarak tardó sólo 18 días (en caer) aunque tenía atrás a la seguidad, la inteligencia y un amplio sector de egipcios. Morsi nos tiene a todos nosotros contra él, incluso al ejército y la policía", afirmó Amr Tawfiq, empleado de una empresa petrolera que marchó hacia Ittihadiya con un amigo cristiano.

"No tardará mucho (en caer). Lo queremos fuera y estamos dispuestos a pagar el precio", apuntó.

Morsi, a quien restan tres años en el cargo, ha dicho que no dimitirá y asegura que las protestas callejeras no pueden ser aprovechadas para anular los resultados de unos comicios libres.

"No hay espacio para ninguna conversación que vaya en contra de la legitimidad constitucional", dijo el gobernante al periódico británico The Guardian en una entrevista publicada el domingo y en la que deja entrever su rechazo a elecciones anticipadas.

Si se obliga a dimitir a un presidente elegido "habrá personas u oponentes contra el nuevo presidente también, y una semana o un mes después le pedirán la renuncia", afirmó.

A medida que las movilizaciones aumentaban de dimensión, el portavoz de Morsi reiteró la propuesta de diálogo que presentó el mandatario desde hace tiempo a la oposición para resolver la crisis política y la describió como "el único marco mediante el cual podemos alcanzar un entendimiento".

Por lo menos siete personas, entre ellas un estadounidense, murieron en los enfrentamientos de la semana pasada, sobre todo en las ciudades del delta del Nilo y en Alejandría.

Las manifestaciones del domingo, el aniversario de la inauguración de Morsi como el primer presidente de Egipto elegido libremente, son la culminación de una creciente polarización en el país desde que asumió el cargo.

Por un lado están el presidente y sus aliados islámicos, entre ellos la Hermandad Musulmana y grupos de línea más dura. Ellos se han comprometido a defender a Morsi y dicen que no se puede permitir que un líder elegido libremente sea depuesto por manifestaciones.

En el otro bando están egipcios laicos y liberales, así como musulmanes moderados y cristianos, y lo que la oposición dice que es un amplio sector de la opinión pública que se ha vuelto contra los islamistas. Dicen que éstos han excedido su mandato electoral, y los acusan de tratar de monopolizar el poder y manejar mal el país.
 
 
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