Trump inicia presidencia de 'bolígrafo y teléfono' ante parálisis del Congreso
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Trump inicia presidencia de 'bolígrafo y teléfono' ante parálisis del Congreso

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Trump inicia presidencia de 'bolígrafo y teléfono' ante parálisis del Congreso

El presidente estadounidense empieza a ejercer la presidencia ejecutiva, en un intento por hacer realidad varias de sus promesas de campaña.

Bloomberg Por Toluse Olorunnipa
03/04/2018
Actualización 03/04/2018 - 11:20
Donald Trump se ve frustrado ante un Congreso que no ha actuado en relación con sus promesas de su campaña.

El presidente estadounidense Donald Trump ingresó en lo que su predecesor llamó la etapa de “bolígrafo y teléfono” de su mandato, a poco más de un año de iniciada su gestión.

El mandatario comienza así a utilizar su propia autoridad ejecutiva para que las cosas se hagan, frustrado ante un Congreso que no ha actuado en relación con las grandes promesas de su campaña a pesar de estar controlado por su partido.

Dicha práctica es algo que él y otros republicanos criticaron a Barack Obama, quien enfrentó el mismo problema luego de que el Partido Republicano obtuviera el control de la Cámara de Representantes dos años después de iniciado su primer Gobierno.

Por otro lado, Trump exigió el lunes, a través de un mensaje en Twitter, que el Senado prohibiera el filibusterismo –la 'opción nuclear'- a los efectos de aprobar legislación sobre inmigración, lo que constituyó una admisión de que es posible que el poder legislativo no logre gran cosa a menos de que haya un cambio de reglas histórico y en extremo improbable.

Trump criticó también a los legisladores el 30 de marzo, luego de firmar con renuencia un gasto de 1.3 billones de dólares, algo que calificó de “ridículo” y que aseguró no volvería a hacer.

Sin embargo, podría ser la última gran legislación que firme antes de las elecciones de noviembre.

Desde sus primeros días en la Oficina Oval, Trump empleó el poder de la lapicera presidencial para limitar la inmigración, debilitar el Obamacare, revertir regulaciones y retirarse de acuerdos internacionales, entre ellos el Acuerdo de París sobre el clima y el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés), hecho que refuerza su papel protagonista en Washington, priva a sus oponentes de momentos de gloria en los debates legislativos y contribuye a mantener el impulso político ante la parálisis legislativa.

Hacer uso de su poder afecta, sin embargo, su legado a largo plazo, pues a los futuros presidentes les resulta fácil revertir los logros de sus predecesores con su propia lapicera y su propio teléfono, como lo comprobó Obama.

La situación que enfrenta Donald Trump es sorprendente tratándose de un presidente en su primera gestión, cuyo partido controla ambas cámaras del Congreso y que hizo campaña sobre la base de su habilidad como negociador, dijo Andrew Rudalevige, profesor del Bowdoin College y autor de 'The New Imperial Presidency: Renewing Presidential Power After Watergate' (La nueva presidencia imperial: La renovación del poder presidencial después del Watergate).

“Trump tiene una mayoría republicana y, en teoría, podría trabajar con esa mayoría para impulsar su agenda”, explicó. “Pero ha sido a través de actos ejecutivos individuales que ha marcado una fuerte diferencia en cuanto a políticas”.

En lugar de una gran ley de infraestructura, lo más destacado de su segundo año se perfila como actos ejecutivos: aranceles, renegociación de acuerdos comerciales, una posible reunión con el norcoreano Kim Jong-un, la probable reversión del acuerdo nuclear con Irán, nada de lo cual exigirá la aprobación del Congreso.

Durante su campaña, Trump sostuvo que no se basaría en la autoridad ejecutiva y afirmó que ésta caracterizaba el liderazgo frustrado.