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Papa Francisco su sello personal a gira sudamericana

En la gira sudamericana, por primera vez el Papa Francisco se podrá comunicar libremente en su idioma durante una visita internacional, aunque el español lo ha usado en diversas ocasiones, incluso en el Vaticano.
Notimex
05 julio 2015 10:23 Última actualización 05 julio 2015 10:28
El Papa Francisco inicia su gira por Sudamérica. (Reuters)

El Papa Francisco inicia su gira por Sudamérica. (Reuters)

CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa Francisco impuso su sello personal a su gira por Sudamérica que inicia hoy en Ecuador, al pedir que no se cuente con camareros en algunas de sus comidas y que los papamóviles sean construidos en los países que visita.

En cada uno de los tres destinos elegidos -Ecuador, Bolivia y Paraguay-, el Papa tendrá gestos particulares. Aterrizará la tarde de este domingo y, tras una ceremonia de bienvenida, descansará por la tarde sin actividades públicas previstas.

Entre otras cosas, por ejemplo, en Paraguay pidió que en sus comidas no lo asista ningún camarero, aunque eso sorprendió tanto al presidente Horacio Cartes como a los organizadores, que debieron coordinar almuerzos con “autoservicio”.


Además, para poder estar cerca de la gente y evitar una excesiva presencia de guardaespaldas cerca del líder católico en sus recorridos por las calles de las diversas ciudades, el Vaticano ha firmado cartas en las cuales exoneran de toda responsabilidad por algún incidente a los responsables locales de la seguridad.

Al mismo tiempo, el líder católico cortó con la histórica tradición de enviar desde Roma el papamóvil con la cúpula de vidrio blindado y optó porque cada país construya su propio vehículo blanco, adaptado para la ocasión.

Esta era una tradición propia de los inicios del pontificado de Juan Pablo II, pero que cambió tras el atentado que sufrió en 1981 el Papa polaco.

En la gira sudamericana, por primera vez el Papa Francisco se podrá comunicar libremente en su idioma durante una visita internacional, aunque el español lo ha usado en diversas ocasiones, incluso en el Vaticano.

Pero en los tres países visitados podrá improvisar en su propio idioma, además de utilizar lenguas indígenas como el Quechua, el Aimara o el Guaraní, según sea el caso.

En los meses pasados, el propio pontífice ha debido afrontar no pocas disyuntivas con respecto a este viaje. En Ecuador debió cambiar sobre la marcha el lugar de la misa en la ciudad de Guayaquil, mientras en Paraguay optó por no visitar Concepción, pese a diversas presiones.

De hecho, según relató a Notimex el embajador ecuatoriano ante la Santa Sede, Luis Latorre Tapia, fue el propio presidente Rafael Correa el que pidió que cambiara el lugar de la misa multitudinaria en Guayaquil.

“Estaba previsto que sólo fuese a Quito, mientras Guayaquil se iba a quedar sin la visita, aunque es la zona más poblada y la que necesita más evangelización. Entonces se le dijo al santo padre que esta región costera necesita su presencia y su palabra”, contó el diplomático.

“El Papa inmediatamente aceptó la solicitud que le hizo el presidente. Ese fue un primer milagro, que haya decidido ir ahí contra todos los pronósticos que marcaban que sólo iba a ir a Quito”, agregó.

También señaló que el Papa había decidido hacer su misa en el Santuario de la Divina Misericordia de Guayaquil, pero cuando fue el mandatario a ver el sitio vio que no era apropiado y “puso el grito en el cielo”.

Sostuvo que el presidente consideró imposible que el santuario pudiese recibir a 1.5 millones de personas, por problemas de infraestructura. Entonces decidió intervenir, “pese a toda la oposición de la jerarquía y de los devotos de la Divina Misericordia”.

Correa nombró una comisión técnica que analizó la conveniencia de realizar allí la misa y esta dictaminó que no era posible. Eso se le planteó al Vaticano y el Papa optó por cambiar la celebración al Parque de los Samanes.

De anécdotas como esa está lleno el viaje que acaba de comenzar. Ocho días de intensa actividad, con una seguidilla de encuentros, reuniones y celebraciones que pondrán a prueba la salud del Papa de 78 años y la maquinaria organizativa del Vaticano.