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Más de 300 veteranos de guerra mexicanos son deportados por EU

En diez años, el gobierno estadounidense ha deportado a centenas de exmilitares originarios de varios países, por cometer delitos menores, establecidos por la reforma de 2006.
Roxana González García
22 julio 2014 21:4 Última actualización 23 julio 2014 5:0
Veteranos y familiares esperan ser atendidos en una oficina del gobierno federal estadounidense. (Bloomberg/Archivo)

Veteranos y familiares esperan ser atendidos en una oficina del gobierno federal estadounidense. (Bloomberg/Archivo)

CIUDAD DE MÉXICO. Ni el servicio militar más honorable y condecorado impidió que cientos de veteranos de guerra ––más de 300 de ellos mexicanos–– fueran deportados de Estados Unidos a sus países de origen en los últimos diez años, tras cometer alguno de los delitos incluidos en una ley autorizada por el Capitolio en 1996, la mayoría considerados faltas administrativas menores.

De acuerdo con Veteranos Excluidos, organismo creado por los propios excombatientes y abogados especializados, la Oficina de Inmigración y Aduanas ha deportado a más de 500 hombres que sirvieron en las fuerzas armadas norteamericanas con la esperanza de lograr la ciudadanía. Además de los mexicanos, proceden de Centro, Sudamérica y Asia; todos tienen en común una hoja de servicios que se extiende hasta veinte años en el Pentágono.

Jorge Bustamante, exrelator de Naciones Unidas para inmigrantes, aseguró en entrevista con El Financiero que la práctica de deportar a veteranos se endureció en los últimos años, en una de las contradicciones más absurdas del fenómeno migratorio. Se trata, explicó, de una contradicción entre el juramento de lealtad que deben prestar los militares, que incluye la oferta de su vida, y el trato que reciben cuando dejan de estar activos. Destacó que contrario a lo que muchos creen, el enlistarse en el Ejército, la Fuerza Aérea, la Armada o el Cuerpo de Marines no garantiza u otorga la ciudadanía a extranjeros, ni evita que sean expulsados por más rangos y reconocimientos que hayan recibido.

La confusión, según Javier Urbano, coordinador del Programa de Asuntos Migratorios de la Universidad Iberoamericana, proviene de la senda expedita que en 2002 el presidente George W. Bush, inmerso en la ocupación de Afganistán y a meses de invadir Irak, abrió para que miles de inmigrantes con residencia permanente (tarjeta verde) se naturalizaran tras seis meses de servicio. Desde entonces, más de 25 mil, señalan cifras del gobierno federal estadounidense, se convirtieron en ciudadanos durante su servicio en las fuerzas armadas, pero 40 mil más permanecen, entre ellos cinco mil mexicanos, sólo con el estatuto de residentes permanentes.

En 1996 se modificaron las leyes en el Congreso para ampliar los delitos que son causa de deportación. Además, apunta Griselda San Martin, académica de la Universidad de Colorado que desde hace dos años encabeza una investigación independiente sobre veteranos, la legislación limitó la capacidad de los magistrados migratorios, que podían considerar los lazos familiares en EU para evitar el proceso de expulsión, y los convirtió en “simples jueces administrativos”.

Desde que un individuo entra a las filas del Pentágono, explicó San Martín, es sometido a un entrenamiento físico y psicológico muy riguroso; tras el servicio militar, la readaptación a la vida civil es complicada, más aún si estuvo en una zona de conflicto, y sufre las secuelas ––reflejadas a menudo en el Síndrome de Estrés Postraumático (PTSD)––, lo que explica la tendencia al consumo de drogas y alcohol. Muchas veces percibe una “amenaza constante” y reacciona de forma violenta, provocando peleas callejeras o incidentes de abuso familiar.