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La transición se acelera en Cuba con los cambios de Raúl Castro

Académicos de la UNAM comentan que las proyecciones se han cumplido en los últimos seis años y el reemplazo de Fidel por su hermano Raúl en el poder llevó a La Habana a un proceso de evolución lento, que le ha permitido adaptarse al mercado.
Roxana González García
17 febrero 2014 23:22 Última actualización 18 febrero 2014 7:19
 [Bloomberg] Se consideró que el apoyo material de Cuba a causas insurgentes dentro y fuera de la región es prácticamente inexistente. 

La tenencia extranjera de empresas en la isla será permitida completamente. (Bloomberg)

Con un rotundo “no pretenderé ni aceptaré el cargo de presidente de Estado y comandante en jefe”, el 19 de febrero de 2008 Fidel Castro Ruz, el hombre que había guiado el destino de Cuba por casi 50 años, renunció oficialmente al poder abriendo una nueva era en la historia de la isla, que se embarcó en una transformación económica, política y social que le ha devuelto protagonismo e inauguró canales de comunicación con el mundo capitalista.

“Las proyecciones se han cumplido en los últimos seis años y el reemplazo de Fidel por su hermano Raúl Castro llevó a La Habana a un proceso de evolución lento, pero que le ha permitido adaptarse al mercado y las propias condiciones de su desarrollo”, afirmó a El Financiero Adalberto Santana, director del Centro de Investigación sobre América Latina y el Caribe de la UNAM.

El cambio del modelo soviético de economía centralizada, que inició en los años noventa, avanzó en 2011 con la aprobación en el VI Congreso del Partido Comunista, el primero en doce años, de más de 300 reformas graduales –incluyendo la desregulación de empresas y el permiso para que los cubanos viajen al exterior, adquieran teléfonos celulares, compren autos y casas, así como para que monten negocios y vendan el excedente agrícola–, que fomentaron un crecimiento anual de alrededor de tres por ciento, pese a las tensiones de la economía mundial y del bloqueo de Washington.

La Habana dio además –señala Eduardo Bueno, internacionalista de la Universidad de las Américas–, su primer paso hacia la recepción de capital foráneo a gran escala, con la construcción de una terminal con capacidad para un millón de contenedores anuales operada por PSA de Singapur y de una Zona de Desarrollo Especial en Mariel, 45 kilómetros al oeste de la capital, mediante una inversión brasileña de 800 millones de dólares. “Se trata del mayor proyecto de infraestructura en la historia de Cuba, pero también de la ruta hacia el modelo de mercado bajo control del partido, similar al adoptado hace 30 años por China”, dijo Santana.

La tenencia extranjera de empresas será permitida al cien por ciento y los contratos se ampliarán de 25 a 50 años; también habrá rebajas fiscales por el “uso de la fuerza laboral” y las ventas locales. Al respecto, Al Jazeera recordó que desde el éxito chino 3 mil 500 zonas francas se han abierto en el mundo empleando a 60 millones de personas, con buenos resultados en Corea del Sur o Dubai y moderados o negativos en Jamaica, Haití, República Dominicana y Kenia, donde las empresas sólo aprovechan la mano de obra barata y leyes ambientales laxas.

DESHIELO

En lo político, las reformas propiciaron un “deshielo” con el mundo capitalista, reflejado en la propuesta de la Unión Europea este mes para reanudar las pláticas del acuerdo de cooperación y diálogo político. Por primera vez desde que fue expulsada de la OEA en 1962, un secretario general del foro hemisférico, José Miguel Insulza, visitó Cuba durante la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, a la que también asistió en enero Ban Ki-moon, luego de seis años sin la presencia de un titular de Naciones Unidas en el país. Pese a las diferencias ideológicas, asimismo, el gobierno colombiano empezó a conversar en 2012 con las FARC en La Habana.

La transformación clave, manifestó Santana, será el fin en 2018 del periodo de Raúl (de 82 años, por 87 de Fidel) y su posible reemplazo por el vicepresidente Miguel Díaz-Canel, al frente de una generación que, como la mayoría de los once millones de cubanos, nació tras la revolución de 1959 y sólo conoce al gobierno de los Castro. “Raúl prometió dejar el poder en 2018, como parte de los cambios para limitar los cargos políticos a un máximo de diez años, lo que de cumplirse será la culminación de un proceso histórico y el inicio de una era más moderna para los cubanos”, concluyeron los expertos.