La inmigrante mexicana que enamoró a una comunidad estadounidense
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

La inmigrante mexicana que enamoró a una comunidad estadounidense

COMPARTIR

···

La inmigrante mexicana que enamoró a una comunidad estadounidense

Rosa Sabido encontró refugio para no ser deportada en una iglesia metodista de Colorado en EU, pero más que un 'escondite', el lugar se convirtió en una 'catarsis' para ella y para la comunidad estadounidense.

Redacción
03/04/2018
Actualización 04/04/2018 - 19:50

Rosa Sabido es una mujer mexicana de 53 años y uno de los 40 casos -hasta ahora conocidos- de inmigrantes indocumentados que viven en iglesias de Estados Unidos para evitar la deportación.

Según relata The Washington Post, Rosa ha estado nueve meses refugiada en una iglesia Metodista Unida de Mancos en Colorado, Estados Unidos, que recientemente se convirtió en un santuario para refugiados que huyen de la deportación .

Sabido no es una dreamer -no llegó como ilegal a EU de niña como otros 800 mil inmigrantes-, tampoco uno de los criminales violentos, es una más de la lista de millones de inmigrantes sin actas legalizadas apropiadas viviendo una vida ordinaria en EU.

La primera vez que Rosa Sabido llegó a Estados Unidos fue en 1987 para ver a su madre y a su padrastro -ambos ciudadanos naturalizados que vivieron en Cortez, Colorado- con una visa de visitante. Se la vivió entre México y Colorado por diez años hasta que oficiales de inmigración la cuestionaron sobre su visa y le pidieron que abandonara el país, por lo que ella cruzó -ilegalmente- de regreso a EU y se asentó en Colorado.

Vivió cerca de sus padres, consiguió un trabajo como secretaria de la parroquia local católica. Se mantenía vendiendo tamales caseros en su coche; iba a bancos, balnearios, y oficinas alrededor del poblado. Todo iba 'bien' hasta que en 2008 fue detenida y liberada con la condición de estarse reportando en la oficina federal de inmigración en Durango. Sin embargo, en mayo pasado, fue avisada de que su última petición había sido negada.

Su abogado le dijo que probablemente sería detenida y deportada, así que pidió ayuda del sacerdote, quien le informó sobre una iglesia de Mancos que recién se había convertido en santuario. La iglesia se enteró que la 'señora de los tamales' necesitaba refugio y la aceptaron.

En Mancos, la gente acondicionó y limpio un cuarto para darle asilo a Rosa por algunas semanas (o al menos eso pensaban).

En la iglesia, el pastor y varios voluntarios la esperaban. Rosa llegó a la iglesia con ropa, papeles y cuadros (no pudo llevarse a sus perros); su recámara tenía una cama, un estante, una mesa y una ventana con vista a un árbol y una valla.

La noticia se corrió en la localidad y algunas personas comenzaron a donar comida, toallas y artículos de limpieza, otras consideraban que había que quemar la iglesia, o pensaban que estaba actuando ilegalmente.

El pastor les dijo a todos los que criticaban las acciones de la iglesia que América tenía una historia larga de leyes injustas y que esto era el deber de los cristianos, "estar de pie con los desterrados", e invitó a la gente a conocer a esta persona que el gobierno consideraba "fugitivo inmigrante", una designación que se aplica a más de medio millón de inmigrantes indocumentados que fallan en cumplir con órdenes de deportación finales. "Venga a conocer al fugitivo", era la invitación del padre.

Para el verano, Rosa ya había contado su historia todos los que pasaban por ahí, además de haber hecho un folder para los compañeros "en caso de emergencia" que decía: Si 'la migra' se aparece, no abra la puerta, a menos que tengan una orden de aprehensión".

Para el otoño, un grupo de gente le celebró a Rosa con velas sus 100 primeros días en el santuario, muchos de ellos llevaban camisetas con un dibujo de su cara y el lema " Rosa Pertenece Aquí".

En invierno ella comprendió que su mejor solución era un documento para legalizar su estado que tenía que pasar por el Congreso, lo que era sumamente remoto. Decidió aprender mantras, escuchar música y distraerse. Sin embargo, el 2017 se convirtió en 2018 y Rosa notó que estaba envejeciendo y conforme eso pasaba ella se volvía más y más importante para la gente de Mancos.

Los letreros "Rosa pertenece aquí" estaban por los pasillos, la gente iba a realizar actividades de yoga, meditación y cocina con ella. Un hombre necesitado iba a recoger comida que ella le preparaba cada semana. Rosa dio clases de cocina mexicana, especializándose en los tamales.

Rosa se convirtió en la mexicana que quería ser estadounidense y que amaba la música mexicana, se sentía en casa.

Rosa esperaba una noticia. El padre y la gente que la había acogido le dio un mensaje: "todos te quieren aunque no te conozcan". Entonces Rosa vio a su país, y no por tener papeles.

Actualmente hay una página donde piden apoyo para recabar firmas en Chaneg.Org para evitar que Rosa sea deportada.