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Kirchnerismo: Diez años de claroscuros

12 febrero 2014 4:37 Última actualización 25 mayo 2013 13:13

[Archivo] Los gobiernos de Néstor Kirchner y su esposa Cristina Fernández, cumplen 10 años en el poder. 


AP

Buenos Aires.- ¿Años perdidos o de avances históricos? ¿Oportunidades de crecimiento desaprovechadas o transformaciones profundas?

El kirchnerismo —los gobiernos sucesivos de Néstor Kirchner y su esposa Cristina Fernández— cumple el sábado diez años en el poder, y los argentinos están fuertemente divididos en cuanto al balance de este período de notables claroscuros.

Por un lado, Argentina creció económicamente y avanzó en el terreno de los derechos humanos y civiles; por otro, sufrió el deterioro de sus instituciones y no terminó de concretar un desarrollo estable e integral, dijeron analistas consultados por The Associated Press.

El 25 de mayo de 2003, Kirchner asumió en una Argentina que sufría terribles secuelas de la crisis de 2001, la peor de su historia, cuando cinco presidentes se sucedieron en el poder y el país cayó en default de su deuda externa, después de lo cual nunca logró recuperar la confianza de los mercados.

El mandatario inició una época de medidas sociales inclusivas, desendeudamiento externo e intervencionismo estatal, todo lo contrario a la década neoliberal que lo precedió. También reconstruyó la figura presidencial tan vapuleada por la crisis.

Diez años después, Fernández se aferra a un modelo económico que ha reintegrado en el sistema a muchos desfavorecidos pero que, según los críticos, hace aguas, y sufre un desgaste por las denuncias de corrupción que salpican a sus allegados.

Este décimo aniversario coincide con un marcado descontento social y el deterioro de la imagen de Fernández a causa en gran parte de las fuertes restricciones a la compra de dólares, la moneda en la que los argentinos ahorran, y los continuos escándalos de corrupción que salpican a funcionarios y empresarios ligados al poder.

Como expresión de este descontento, miles de argentinos salieron a las calles a golpear cacerolas en los últimos ocho meses en contra de la inseguridad, la creciente inflación, la corrupción y el avasallamiento de las instituciones a partir de una polémica reforma del sistema judicial.

Una mirada retrospectiva de esta década no escapa a la marcada división de los argentinos sobre los Kirchner.

"Hoy está claro que Argentina, bajo el liderazgo del matrimonio Kirchner, no ha sabido aprovechar la oportunidad que para América Latina ha significado la primera década del siglo XXI, la de mayor crecimiento en sus dos siglos de historia. En lugar de tomar el camino de Brasil, México, Colombia, Perú, Chile y Uruguay, está tomando el de Venezuela", dijo el politólogo Rosendo Fraga en un análisis enviado a la AP.

Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, consideró que Kirchner, quien gobernó hasta 2007 y falleció tres años después, "recuperó el crecimiento en función de un contexto internacional favorable" y reconstruyó el liderazgo político que se había debilitado por la crisis.

En contraposición, el filósofo Ricardo Forster, afín al kirchnerismo, afirmó que "ésta es una década extraordinariamente significativa para la historia argentina, me parece que las transformaciones han atravesado de una manera muy rica la vida social, cultural, política, y económica".

"La resignificación (revalorizar) de los derechos humanos, la recuperación de los más débiles a través de planes de inclusión social, la justicia y todo esto es para mí lo que define a esta década, aún con sus claroscuros y cosas que no se han definido", agregó.

Según Fraga, el rumbo del kirchnerismo comenzó a desviarse cuando Fernández empezó a alejarse de Brasil, el motor económico de la región, un imán para inversores y miembro del club de las potencias emergentes junto con Rusia, India y China, para identificarse con la Venezuela de Hugo Chávez, a partir de "estatizaciones, control de cambios, congelamiento de precios y una política exterior que incluye el acercamiento con Irán".

Otros analistas, en cambio, elogian que Estados Unidos dejara de ser una referencia para Argentina, la cual priorizó la integración con los países sudamericanos. Un punto de quiebre con las políticas neoliberales estadounidenses fue en 2005 con el fracaso del proyecto del ALCA en la cumbre de las Américas en suelo argentino.

Durante estos diez años, el kirchnerismo concedió subsidios a los segmentos más desfavorecidos de la población, que vieron mejoradas sus condiciones de vida y contribuyeron a reactivar el mercado interno en un contexto de crecimiento promedio del 7% anual.

Son ejes de esta política social la asignación universal por hijo que perciben las familias sin empleo y trabajadores en negro, así como los aumentos progresivos de las jubilaciones y de los salarios mínimos. Además con este modelo 2,5 millones de ancianos se incorporaron al sistema de seguridad social.

La economía se complicó en el segundo mandato de Fernández. El crecimiento se frenó en 2012 y la inflación siguió aumentando. Según economistas privados, el aumento del costo de vida cerró el año pasado en más del 24% —cuando para el gobierno estaba en torno al 10%— y en 2013 rozaría 30%.

Según el sociólogo y abogado Roberto Gargarella, "esta década representa una tremenda oportunidad perdida, que puede verificarse mirando a lo que han hecho otros países de la región, con posibilidades y limitaciones similares".

El analista señaló la recuperación económica y del empleo "como hitos" del kirchnerismo, así como "la renegociación de la deuda externa" con dos canjes de títulos públicos y la cancelación de la deuda con el FMI por cerca de los 10.000 millones de dólares.

"Se pasó de un desempleo de 25% en 2001 a uno de 7% diez años después... Por ello, 25% de la población que había estado excluida logró insertarse de nuevo en una economía que crecía a tasas chinas", dijo por su parte Ramiro Castiñeira, de la consultora Econométrica.

Sin embargo Gargarella cuestionó que el desarrollo integral y distributivo, la bandera que el kirchnerismo hizo suya, esté truncado. "Hoy hay niveles de desigualdad similares a los de las peores épocas —la del menemismo (Carlos Menem, 1989-1999) en particular— hay mucho empleo en negro, el país sigue endeudado y la economía está más extranjerizada que nunca", sostuvo.

Economistas señalan que la pobreza afectaba en 2001 a 50% de la población y que doce años después bajó a un 30%. Los críticos sostienen que el porcentaje de pobres debería ser menor debido al fuerte crecimiento experimentado hasta 2011.

Gargarella también criticó que "todos los datos de desempleo, pobreza, inflación, desigualdad estén falseados". Por su parte, Castiñeira consideró un error que el kirchnerismo manipule las cifras de inflación a partir de la intervención en 2007 del Instituto Nacional de Estadística y Censos. "Tergiversar los números fue un golpe fuerte a la confianza de los mercados; eso elevó la prima de riesgo, anulando la posibilidad de que Argentina coloque deuda en el exterior. Por eso el gobierno se apoyó en la emisión monetaria", afirmó.

Castiñeira, quien en términos generales hizo un balance positivo de la década, señaló que una vez que el país se recuperó de la crisis de 2001 y se puso en pie, en vez de desarrollo "se produjo un constante deterioro del modelo porque dejó de haber superávit fiscal, superávit externo y tipo de cambio competitivo".

"El superávit fiscal de 7.000 millones de dólares del 2008 pasó a ser un déficit primario (antes del pago de la deuda) de 7.000 millones de dólares a fines de 2012". La brecha entre las dos cifras explica el gasto en subsidios para la energía e importación de insumos energéticos, explicó Castiñeira.

El kirchnerismo no mejoró el sistema de transporte público utilizado por millones de personas al día, la gran mayoría de condición humilde. Producto de esa desidia 51 personas murieron en febrero de 2011 cuando un tren chocó en la estación de Once de Buenos Aires, desvelando el deterioro del sistema ferroviario en Argentina.

Hasta los más críticos destacan como hitos de la gestión de los Kirchner el impulso de los juicios contra los represores de la última dictadura militar (1976-1983), quienes habían sido beneficiados con las leyes de amnistía e indultos de los años 80 y 90. En los últimos años Argentina también se convirtió en pionera en materia de reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales.

En 2010, éste fue el primer país de América Latina en permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Gargarella lamentó que la política de derechos humanos también se haya utilizado en ocasiones "como encubrimiento de políticas de corrupción, a la vez que ha servido para tapar violaciones masivas de derechos de la actualidad, dadas por las desigualdades, la tortura en las cárceles, las constantes agresiones y muertes a grupos aborígenes".

A lo largo de la década, el kirchnerismo ha mantenido una relación tirante con los medios de comunicación, en particular con el Grupo Clarín, el mayor conglomerado de medios del país.

En 2009, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) rompió el contrato por los derechos de televisión de los partidos de la liga que explotaba Clarín para cedérselos al Estado, que convirtió a las transmisiones en una formidable herramienta de propaganda política.

Ese mismo año, el gobierno impulsó una ley de regulación de medios audiovisuales, la cual según los críticos es una herramienta que, con el alegado argumento oficialista de democratizar la comunicación, apunta en realidad a desintegrar a Clarín.

El estudio Trust Barometer 2013 de la consultora Edelman refleja que durante el último año la confianza se recuperó en el mundo mientras que en este país se deterioró. "La Argentina es el único país que cayó en las cuatro instituciones que analizamos entre empresas, gobiernos, medios y ONGs", destacó Allan McCrea Steele, presidente y CEO de Edelman Argentina.

Según este informe, la confianza en el gobierno cayó del 36% en 2012 al 19% en 2013. En promedio, los mercados emergentes muestran una evolución en este aspecto: subieron de 44% al 56%". El estudio contó con la participación de 31.000 encuestados de 26 países incluyendo Argentina.

Entre las razones que esgrimieron los encuestados para desconfiar de las instituciones, más de la mitad señaló que se debía a decisiones políticas equivocadas, a la corrupción o al fraude.
 
 
 
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