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Gobierno de Colombia y las FARC firman acuerdo de paz

Durante la ceremonia, Santos y "Timochenko" se estrecharon por primera vez la mano en Colombia, tras 52 años de confrontación que provocó 220 mil muertes, millones de desplazados y limitó el potencial de la cuarta economía de América Latina.
Reuters
26 septiembre 2016 17:51 Última actualización 26 septiembre 2016 20:58
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos,y el máximo comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño, conocido por el alias Timochenko, se dan la mano tras la firma del acuerdo de paz. (AP)

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos,y el máximo comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño, conocido por el alias Timochenko, se dan la mano tras la firma del acuerdo de paz. (AP)

CARTAGENA.- Con un bolígrafo hecho de una bala, el presidente colombiano y el líder de la guerrilla izquierdista de las FARC firmaron el lunes un acuerdo que puso fin a un conflicto armado de medio siglo con cientos de miles de víctimas, a quienes el grupo rebelde pidió perdón por primera vez.

En un gran paso en el largo camino para reconciliar al país, el mandatario Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, alias "Timochenko", líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), sellaron la paz en Cartagena después de cuatro años de negociaciones.

Con la rúbrica, iniciaron la cuenta regresiva para que siete mil guerrilleros dejen las armas en un plazo de seis meses y formen un partido para seguir luchando por los pobres, pero ahora desde la política.


"Que nadie dude que vamos hacia la política sin armas, preparémonos todos para desarmar las mentes y los corazones", dijo Londoño ante la mirada de Santos. "En nombre de las FARC-EP ofrezco sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto por todo el dolor que hayamos podido causar en esta guerra".

Durante la ceremonia los dos viejos enemigos se estrecharon por primera vez la mano en Colombia, un símbolo del nuevo camino que empieza a transitar el país tras 52 años de confrontación que provocó 220 mil muertos, millones de desplazados y limitó el potencial de la cuarta economía de América Latina.

"Lo que firmamos hoy es una declaración del pueblo colombiano ante el mundo de que nos cansamos de la guerra, de que no aceptamos la violencia como medio para defender las ideas", declaró Santos.

"Cambiar las balas por los votos; las armas por las ideas, es la decisión más valiente y más inteligente que puede tomar cualquier grupo subversivo, y en buena hora ustedes entendieron el llamado de la historia", sostuvo luego de regalarle a Londoño un prendedor de una paloma bendecido por el Papa Francisco.

Miles de colombianos en la plaza de Bolívar de Bogotá y en otras ciudades del país aplaudieron, festejaron y ondearon banderas mientras veían la firma del acuerdo en pantallas gigantes de televisión. Las autoridades organizaron shows musicales para celebrar la ocasión, que guerrilleros festejaron con conciertos en sus campamentos de la selva.

Aviones de guerra surcaron los aires de Cartagena para saludar el histórico momento.

El secretario de las Naciones Unidas, organización que supervisará el postconflicto, reconoció el esfuerzo de las dos partes y dijo que el acuerdo contribuirá a mejorar el país.

"Gracias a un diálogo laborioso y visionario, pueden mirar al futuro con optimismo. ¡Viva la Paz!, ¡Viva Colombia!, ¡Viva Colombia en Paz!", dijo Ban Ki-moon en la ceremonia, que fue clausurada por una orquesta acompañada por un coro infantil que interpretó el "Himno a la Alegría".

DIVISIÓN POR EL ACUERDO

Entre los dos mil 500 invitados que asistieron a la ceremonia vestidos de blanco, hubo 15 mandatarios, como el cubano Raúl Castro. También estuvieron el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, y víctimas del conflicto.

Ahora el pacto deberá ser avalado por los colombianos en un referéndum. Todas las encuestas pronostican un triunfo del "Sí" en el plebiscito del 2 de octubre.

Pero si los vaticinios no se cumplieran, el presidente no podría implementar los acuerdos y el proceso de paz con el grupo rebelde más antiguo de Latinoamérica quedaría en el limbo.

El acuerdo de paz ha dividido a los colombianos. Muchos, como el ex presidente Álvaro Uribe, se oponen a que los líderes de las FARC, acusados de haber cometido asesinatos, secuestros y abusos sexuales, entre otros delitos, tengan la posibilidad de ocupar cargos políticos.

"Es un día histórico que genera una ruta posible para Colombia de búsqueda de una paz firme", dijo Humberto de la Calle, el jefe negociador del gobierno con la guerrilla, en una entrevista con Reuters. "Si gana el 'No' sencillamente se acabó el proceso".

LA LETRA CHICA

A pesar de los escrúpulos de muchos colombianos, el pacto establece que los jefes guerrilleros deberán confesar todos sus crímenes ante un tribunal especial a cambio de una pena privativa de la libertad de entre cinco y ocho años, antes de poder integrarse a la sociedad y aspirar a un cargo político.

El acuerdo, plasmado en un texto de 297 páginas, incluye complejos temas como el acceso a la tierra para los campesinos pobres, la lucha contra el narcotráfico, la implementación de la justicia, la compensación a las víctimas, el desminado de zonas del país y la implementación de los pactos.

El gobierno estima que el pacto le ayudará a la desacelerada economía del país productor de petróleo, carbón y café, a lograr un crecimiento adicional anual de hasta dos puntos porcentuales en el PIB, que el año pasado fue del 3.1 por ciento.

De todos modos, la implementación de los acuerdos tardará por lo menos una década y tendrá un alto costo económico que aún el Gobierno no ha precisado.

La firma del acuerdo generó buenas noticias para las FARC. Mientras la Unión Europea la excluyó de la lista de organizaciones terroristas, una decisión que le permitirá a ese bloque apoyar el postconflicto, Estados Unidos dijo que aunque no está listo aún para hacer lo mismo, revisará la situación en la medida en que se implementen los acuerdos de paz.

A pesar de la firma del acuerdo con las FARC es un paso primordial para lograr la paz, no garantiza el fin total de la violencia en Colombia: aún opera en las selvas un grupo rebelde más pequeño, el Ejército de Liberación Nacional, y las conversaciones entre el Gobierno y los insurgentes están estancadas.