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"Fue como un mal sueño": relata cómo sobrevivió al sismo en Nepal

Una superviviente relata su experiencia en Katmandú, azotada por el devastador terremoto del 25 de abril, en el que cientos de familias se quedaron sin hogar y miles de personas murieron.
Cecilia García Ladrón de Guevara
05 mayo 2015 0:21 Última actualización 05 mayo 2015 15:34
ME. El sismo en primera persona: “Fue como un mal sueño”.

ME. El sismo en primera persona: “Fue como un mal sueño”.

KATMANDÚ.- Como todos los sábados por la mañana, mi hija y yo fuimos al ritual que se hace en el monasterio. Nuestro pequeño departamento está junto al monasterio. Es un lugar hermoso. Todas las casas son de adobe, a excepción de la nuestra y del monasterio. El ritual terminó a las 10:00. Después fuimos a visitar a Sendrak Rinpoche, quien vive en el templo.

A las 11:30 nos preparamos a regresar a casa. Pero antes de salir, una monja nos llamó. De pronto escuchamos un gran ruido y todo empezó a moverse muy fuerte, yo veía sólo tierra. Estábamos en un espacio abierto, casi junto a la puerta de salida. Varias monjas, mi hija y yo nos abrazamos y nos sentamos en el piso. Casi un minuto después, nos levantamos. Una persona entró, se tiró al piso y dijo que las casas desaparecieron. Se cayeron junto a mí. De pronto, una réplica. Todo empezó a moverse otra vez con un ruido enorme proveniente de la tierra. Otra vez nos sentamos en el piso, abrazados. Así continuaron movimientos mas pequeños. Siempre venían con una ráfaga de aire.

Los muros del monasterio se cayeron, el pequeño pueblo que está a diez minutos a pie desapareció. Sólo quedaron algunas casas. Es impresionante cómo en un segundo todo puede destruirse. Como dijo Buda: no hay nada permanente, todo es pasajero, todo lo que se une se separa, todo lo que se construye se deshace. Por eso nada es tan sólido y fijo como nos parece. Por eso todo es como un sueño.
En este caso fue como un mal sueño. En este momento te das cuenta de cómo estás realmente en tu interior y de quién es quién. Especialmente porque sufríamos réplicas constantes, unas más fuertes que otras. Pude constatar el poder de la fuerza espiritual, de la meditación y de la gran disciplina que tienen las monjas.

Rápidamente una persona tomó el mando. Organizó a las monjas para que buscaran sus tiendas de campaña y sacamos comida, gas y estufas de la cocina del monasterio. Otros fueron a reservar agua. Varias monjas hicieron chop sticks (palillos para comer) con bambú. Al recorrer el monasterio, traté de contener las lágrimas al ver el edificio destruido. Tantos años tomó construir ese paraíso, donde sentimos una gran paz. Ahora requerirá mucho tiempo reconstruirlo. Pero finalmente somos muy afortunados, pues sólo son pérdidas materiales.

Después fui a mi casa, para recoger mi teléfono y una bolsa donde guardo pasaportes y dinero. También quería ver a mis vecinos. Se encontraban bien, sólo con un gran shock. Vivimos en el segundo piso de una casa de campesinos. El primero estaba cuarteado, al subir vi ladrillos sueltos. Entré al departamento y cuál fue mi sorpresa: todo estaba en el piso, apenas si podía pasar. Y la casa se movia… todavía había réplicas. En el día teníamos un ambiente tranquilo, todos conservaron la calma e incluso había risas. En las noches venían ladrones.

Las monjas que practican kung fu se turnaron para vigilar

Me daba miedo escuchar el movimiento, pero al mismo tiempo pensé que la gente llegaba a robar porque necesitaba ayuda. AsÍ que al día siguiente, tras las oraciones, fui a ver a quiénes se quedaron sin casa, para ver qué necesitaban. Sólo pidieron comida. Me acompañaron a casa y les di todo lo que tenía de alimentos. Rechazaron la ropa y cobertores que les ofrecí.

Nos dijeron que era importante que permanecieramos todos juntos en el monasterio. Sólo tomé el riesgo porque estaba muy inquieta pensando en los que estaban afuera. Creo que hice bien porque les dije que en el monasterio tampoco había mucha comida por ahora pero que en cuanto pudiéramos recibirían ayuda. Había algunos que demostraban su dolor a través de un gran enojo, otros lloraban y me agradecieron. En fin, yo creo que algo ayudó porque las noches fueron más tranquilas.

Poco a poco todo se calmó. Menos replicas. El gobierno dijo que la gente podía regresar a sus casas, si estas no estaban cuarteadas. Fue cuando las monjas se organizaron para dar auxilio a todos alrededor del monasterio.

Mi hija me pedía regresar a Francia. Le impresionó mucho escuchar lo que podía ocurrir. No había Internet, había pocas horas de luz y el teléfono no funcionaba bien. Era imposible hablar con mi esposo en Francia. Mi hija me preguntaba dónde iba a vivir. Ante tanta incertidumbre, decidí ir al aeropuerto para regresar a Francia por un tiempo. Sentía mi corazón roto, en realidad no quería salir de Nepal. 

Pienso en las monjas y en todo lo que hay que hacer para ayudar a las personas que se han quedado sin nada

Ahora estamos los tres reunidos. Mi hija está feliz, tranquila, tiene que regresar a la escuela. Además ahora es el momento de estar en Nepal y ayudar. Por eso la idea de regresar pronto sigue en mi mente.

Creo que debemos aprovechar la vida, vivir de tal manera que nuestra vida sea significativa, siendo de beneficio para los demás. Cuando estamos en paz, podemos actuar en paz y podemos morir en paz.

Ser de beneficio a los demás, sin pensar primero en nosotros, viviendo en armonía con los que nos rodean y con la naturaleza es lo más importante. Lo material es efímero pero, lo que tenemos en nuestro corazón prevalece.

Si somos positivos, si tenemos amor entonces tenemos paz y tenemos felicidad, pese a todas las condiciones externas. Si pensamos sólo en nosotros mismos, en nuestro beneficio o si nos sentimos víctimas, nos llenamos de enojo y generamos sufrimiento para nosotros y para los que nos rodean.