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Evo Morales, un cóctel de identidades para gobernar Bolivia

Evo Morales es un reflejo del mestizaje boliviano; su propia imagen y discurso son un cóctel de conceptos e identidades en el que reside el secreto de su carisma. Masca coca ancestral y juega al fútbol europeo, viste ropas occidentales con toques tribales.
Reuters
09 octubre 2014 16:57 Última actualización 10 octubre 2014 5:0
EVO MORALES

Su propia imagen y discurso son un cóctel de conceptos e identidades en el que reside el secreto del carisma de Evo Morales. (Reuters)

LA PAZ. "Jefazo" del mundo indígena, adalid de los campesinos, líder del sindicalismo urbano y referente de la izquierda intelectual. Con su habilidad para tejer alianzas, Evo Morales se convirtió en el presidente más popular de Bolivia y del hemisferio.

Su propia imagen y discurso son un cóctel de conceptos e identidades en el que reside el secreto de su carisma. Masca coca ancestral y juega al fútbol europeo, viste ropas occidentales con toques tribales, lo mismo cita al rebelde indígena Túpac Katari que al líder cubano Fidel Castro.

"Evo Morales es quintaesencia del mestizaje boliviano", lo definió hace poco el ex presidente boliviano Carlos Mesa.

Sus defensores lo ensalzan como un presidente humilde y trabajador, que viaja incansable por todos los rincones de la nación sudamericana para inaugurar obras, reunirse con movimientos sociales y escuchar a su pueblo.

Pero sus enemigos ven a un caudillo despótico y sectario que amenaza la democracia, y se avergüenzan de sus salidas de tono, como cuando aseguró que las hormonas femeninas de los pollos podían "desviar" a los hombres.

Ahora Morales, un ex sindicalista cocalero de 54 años, buscará  convertirse en el primer boliviano que gobierna tres mandatos consecutivos, impulsado por un "socialismo originario" que generó crecimiento económico, abatió la pobreza y sosegó la inflación.

"Antes decían que los indígenas solo servíamos para votar, pero no para gobernar. Casi nueve años y les hemos enseñado cómo se gobierna", dijo el mandatario en su multitudinario cierre de campaña el miércoles en El Alto.

DEL CAMPO DE FÚTBOL AL CAMPO DE COCA

Hijo de campesinos de la empobrecida comunidad aimara de Isallavi, en Orinoca, el joven Evo pasó su infancia pastoreando llamas y fantaseando con debutar en la primera división del fútbol boliviano.

"No tuve entrenador y, especialmente, (mi problema fue) la alimentación", se excusó Morales en un reportaje televisivo, comilón confeso y adicto a la sopa.

Puede que el fútbol no le diera la fama en los campos del altiplano, pero le abrió las puertas del sindicalismo en los campos de coca del trópico, donde se mudó en la década de 1980 con su familia, arruinados por las heladas.

En esa época presenció impotente cómo unos militares borrachos quemaron a un campesino y decidió involucrarse en la vida sindical, pasando en pocos años de secretario deportivo a liderar las poderosas federaciones cocaleras de El Chapare.

GANAR NO ES GOBERNAR

Al grito de "kausachun cocha, huanuchun yanqui" (viva la coca, muera el yanqui), Morales se convirtió en símbolo de resistencia contra las políticas de "Coca Cero" impuestas por La Paz con el beneplácito de Washington y forjó sus credenciales "antiimperialistas" con cientos de marchas campesinas, bloqueos de carreteras y enfrentamientos con la policía.

Morales cambió las piedras por los votos y finalmente conquistó la presidencia en 2005 al frente del Movimiento Al Socialismo (MAS), una poderosa alianza de políticos de izquierda, movimientos sociales e indígenas, empresarios y sindicalistas de la que es entrenador, capitán y árbitro.

En sus casi 10 años de "revolución democrática", el presidente ha ganado muchas batallas políticas, como la nacionalización de empresas estratégicas, la aprobación de una nueva Constitución e incluso un conato de separatismo en el oriente del país.

También ha perdido otras, como su polémico proyecto de carretera a través de la selva boliviana, la reducción de los subsidios a la gasolina y sus promesas de modernizar la burocracia, la salud y la justicia.

Pero hasta ahora, Evo Morales ha sabido regatear el costo político de las derrotas y avanza con paso firme hacia su segunda reelección sabiendo que es más fácil convencer en las urnas que gobernar en palacio.

"Eso me molesta", se quejó en una entrevista sobre las dificultades para mejorar la caótica administración pública. "Porque para mí ganar elecciones es muy sencillo", sentenció.