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En la Sudáfrica que dejó Mandela aún hay desigualdad

01 febrero 2014 8:1 Última actualización 14 diciembre 2013 5:1

 [Tras la muerte de Mandela, queda la duda si los sudafricanos seguirán su ejemplo de reconciliación entre razas. / Reuters]  


New York Times News Service
 
BLOEMFONTEIN, Sudáfrica.- Cuando Freddy Kenny empezó su negocio de venta de vegetales en una camioneta destartalada, en la década de 1970, solía sonar una sirena en esta ciudad, donde nació, cada noche a las 9, lo que le indicaba, y a todos los demás negros, que debían abandonar los límites de la ciudad inmediatamente o enfrentarse a una aprehensión.
 
Hoy, lo único que se levanta enorme es una estatua de 6.1 metros de Nelson Mandela, el hombre que sacó a Sudáfrica del régimen racista del “apartheid” para llevarla a una era de democracia, con el puño levantado en el saludo del poder negro.
 
Kenny, ahora magnate de los supermercados, donó el retrato en bronce de Mandela, el primer presidente negro de Sudáfrica, y la hizo levantar en el punto más elevado de la ciudad, la Colina Naval.
 
“Madiba siempre vio por nosotros cuando vivía”, dijo días después de la muerte de Mandela, refiriéndose a él con su nombre de clan. “Ahora verá por nosotros por la eternidad”.
 
La nueva vida de Kenny, con las ventajas de los privilegios de sus contrapartes blancas, es testimonio del compromiso que hizo Mandela, quien murió el 5 de diciembre, de hacer de la reconciliación racial una pieza central de su presidencia.
 
Dirigió a un partido que había peleado con una insurgencia armada contra el gobierno del “apartheid”, pero cuando salió de la prisión, predicó el perdón y la armonía. Despojado de amargura, Mandela negoció un final pacífico al régimen blanco, dando origen a la Nación Arcoíris.
 
Sin embargo, la igualdad racial en las urnas electorales ha resultado ser más fácil de lograr que la social y económica.
 
Aunque Kenny, parroquiano del bar del club de golf Schoeman Park, antes un lugar exclusivo para blancos de la élite de la ciudad, alcanzó a muchos sudafricanos blancos y los superó, es la excepción a la regla de las oportunidades y los avances disparejos, que sigue siendo uno de los retos de proporciones más grandes a las que se enfrenta la nación hoy día.
 
Desde el fin del “apartheid”, el gobierno ha construido más de 2 millones de casas, llevado electricidad a millones de hogares e incrementado vastamente la cantidad de pobres que tienen acceso al agua potable.
 
El promedio anual del ingreso de los hogares negros casi se triplicó de 2001 a 2011, según los datos del censo dados a conocer el año pasado, y un creciente porcentaje de la población de adultos negros asistió a planteles de segunda enseñanza, y una porción cada vez mayor va a la universidad.
 
Sin embargo, los sudafricanos negros siguen muy atrás de los blancos, y, según algunas mediciones, se están rezagando más. En 2001, era típico que el ingreso en los hogares blancos fuera de cerca de 17 mil  dólares más que los de sus contrapartes negras, según el tipo de cambio actual.
 
Para 2011, esa disparidad había aumentado a casi 30 mil dólares. Y, si bien el país ha hecho progresos en reducir la cantidad de negros sin educación o sólo con unos cuantos años de primaria, muy pocos blancos tienen que superar esa barrera; por el contrario, han avanzado a la universidad y más allá, en proporciones más altas desde el fin del “apartheid”.
 
El país también sigue profundamente dividido en las esferas sociales. Según el estudio sobre actitudes raciales y sociales, SA Reconciliation Barometer, menos de 40 por ciento de los sudafricanos socializa con personas de otra raza. Sólo 22 por ciento de los sudafricanos blancos y un quinto de los negros viven en barrios racialmente integrados.
 
También las escuelas siguen tremendamente segregadas: sólo 11 por ciento de los niños blancos asiste a escuelas integradas, y sólo 15 por ciento de los negros lo hace.
 
Durante su presidencia, Mandela ayudó a evitar que se desbordaran décadas de opresión y desequilibrios. Alentó a los negros a ser pacientes en cuanto a adquirir los bienes materiales y los servicios que hasta los blancos de la clase más baja daban por sentados. Pidió a los blancos que tuvieran fe en una democracia multirracial y no huyeran del país.
 
Sin embargo, al paso de los largos años en los que declinó su salud, muchos preguntaban qué sería del relativo respeto racial en Sudáfrica una vez que ya no estuviera.
 
Tanto con sus palabras como con sus acciones, Mandela dio a los sudafricanos “expectativas por las cuales vivir”, dijo Chanter Jacobs, una estudiante de modas, blanca, con 19 años, de Johannesburgo, antes de la muerte de Mandela. “Es como un ejemplo, y quieres que se sienta orgulloso porque hizo mucho por nuestro país”.
 
Sin el ejemplo vivo de Mandela, a Jacobs le preocupaba que los sudafricanos no trataran con tanto empeño de estar a la altura de sus ideales. Ella temía que las relaciones entre las razas empeoraran, llevando, también, a un empeoramiento de la economía.
 
“Creo que algo podría cambiar”, señaló. “Sólo que no sé cómo ni qué”.
 
Hombres como Kenny, con su riqueza y estatus social, viven fácilmente en un mundo multirracial. Sin embargo, para la mayoría de los sudafricanos negros, la raza sigue siendo un importante obstáculo.
 
Como muchos negros jóvenes y pobres, Mamello Tlakeli, de 27 años, dijo que no tiene ningún contacto significativo con blancos.
 
En su último empleo, como mesera en una cadena de restaurantes de mariscos, comentó que el prejuicio racial de los blancos era una molestia constante. Los clientes que hablan afrikáans exigían, en ocasiones, que ella lo hablara, cuando era evidente que hablaban inglés, contó.
 
La mayoría de los sudafricanos negros no hablan el afrikáans, aunque a muchos de sus padres los obligaron a aprenderlo en la escuela, una política que se convirtió en demanda en los mítines del movimiento contra el “apartheid”.
 
Durante la comida del personal, los empleados negros y los blancos se sentaban separados, no porque se los obligara, sino por costumbre.
 
“Siempre era muy incómodo con los colegas blancos”, comentó.
 
Desempleada desde hace poco -trabaja como voluntaria en una beneficencia con la esperanza de adquirir experiencia profesional-, Tlakeli dijo que los blancos en Sudáfrica siguen prosperando como lo hicieron antes del “apartheid”, pero los negros siguen hasta atrás.
 
“Hay una brecha enorme entre negros y blancos”, señaló. “La Nación Arcoíris es un sueño, no una realidad”.
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