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En China, el sueño de urbanización puede acabar en pesadilla

01 febrero 2014 8:42 Última actualización 23 noviembre 2013 5:58

 [Nuevos desarrollos de vivienda urbana se erigen en China a costa de campo y la vida rural. / Reuters]    


New York Times News Service
 
HUAMING, China.- Hace tres años, la Expo Mundial de Shanghai presentó a esta localidad recién construida como modelo de cómo China pasaría de ser un país de granjas a un país de ciudades.
 
En un deslumbrante pabellón visitado por más de un millón de personas, los visitantes se enteraron de cómo a los granjeros se les estaba ofreciendo una nueva vida a través de un acuerdo justo que no les costaría nada.
 
Hoy, Huaming quizá sea ejemplo de otra transformación: la conversión en guetos de las nuevas ciudades de China.
 
Abundan los signos de disfunción social. Los jóvenes, quienes pasan sus días en los cafés Internet o las salas de billar, dicen que sólo una fracción de ellos tiene empleos. Los ancianos se ven obligados a aceptar trabajos serviles para ganar lo suficiente para satisfacer sus necesidades. Las estructuras vecinales y familiares han resultado dañadas.
 
Lo más preocupante son los suicidios, los cuales, según residentes locales, se han convertido en un signo demasiado común de desesperación.
 
A medida que China sigue adelante con la urbanización dirigida por el gobierno, a muchos les preocupa que las veintenas de nuevos desarrollos de vivienda aquí pudieran enfrentar la misma situación que los proyectos de vivienda de posguerra en los países occidentales. Destinados a resolver un problema, pudieran estar creando un nuevo conjunto de problemas que pudieran plagar a las ciudades chinas durante generaciones.
 
“Estamos hablando de cientos de millones de personas que se están mudando a estos lugares, pero el nivel de vida para estos reubicados realmente ha descendido”, dijo Lynette Ong, científica política de la Universidad de Toronto que ha estudiado a las área de reubicación. “Encima de eso está la calidad de los edificios; hubo mucha corrupción, y escatimaron en los materiales”.
 
Sin problemas aparentes
 
Huaming no tiene pandillas, drogadicción o violencia callejera. Casi la mitad de la ciudad está destinada a áreas verdes. Los árboles flanquean las calles que conducen a escuelas primarias, secundarias y bachilleratos.
 
Pero las nuevas casas tienen paredes agrietadas, ventanas con filtraciones y elevadores con pisos oxidados. Para los agricultores a los que se pidió que entregaran sus tierras ancestrales a cambio de un departamento, el deterioro se suma a la sensación de haber sido engañados.
 
“Esa era su tierra”, dijo Wei Ying, una mujer desempleada de 35 años de edad cuyos padres viven en una unidad mal construida. “Debe comprender cómo se sienten en el fondo”.
 
La sensación de desesperación y alienación surge en los suicidios: saltar a altas horas de la noche desde un balcón, beber pesticidas o tenderse en las vías del tren.
 
“Tengo ataques de ansiedad porque no tenemos ingresos, ni empleo, nada”, dijo Feng Aiju, una ex granjera de 40 años de edad que se mudó a Huaming en 2008 contra su voluntad. Dijo que había gastado una pequeña fortuna para los estándares locales, mil 500 dólares, en antidepresivos. “Nunca tuvimos oportunidad de hablar; nunca se nos preguntó nada. Quiero irme a casa”.
 
Modelo a seguir
 
En 2005, el Distrito de Huaming fue elegido para ser una demostración de la urbanización exitosa y planificada. Huaming – en las afueras de una de las ciudades más grandes de China, Tianjin -tenía 41 mil personas que vivían en 12 pequeñas aldeas dispersas en 155.4 kilómetros cuadrados, la mayoría de los cuales eran tierras agrícolas.
La idea era consolidar las aldeas en una nueva ciudad llamada Huaming que ocuparía menos de 2.6 kilómetros cuadrados, contra los 7.8 kilómetros cuadrados que ocupaban la docena de aldeas. Una parte de los restantes 152.8 kilómetros cuadrados podía venderse a desarrolladores para pagar los costos de construcción, lo que significaba que los nuevos edificios no costarían nada a los agricultores ni al gobierno.
El resto de las tierras seguirían siendo agrícolas, pero trabajadas por unos cuantos granjeros restantes que utilizarían métodos modernos. Esto lograría otro objetivo: no reducir la cantidad de tierras arables; un objetivo crucial para un país con una población enorme y preocupaciones históricas sobre ser capaz de alimentarse solo.
La mayoría de las familias recibieron 29.9 metros cuadrados por integrante. Eso es dos metros cuadrados más que el espacio de vivienda promedio per cápita en Tianjin, pero la mayoría de las unidades nuevas tenían sólo 74.3 metros cuadrados, de manera que una familia típica de tres integrantes no recibiría su asignación completa.
 
En teoría, podían usar la asignación restante y gastar su propio dinero en la compra de otra unidad, pero la mayoría terminó con menos espacio del que tenían en la granja.
En entrevistas, quienes se declararon más contentos con el nuevo plan no tenían empleos agrícolas y vieron esto como una forma de obtener un departamento moderno.
“Es la supervivencia del más apto”, dijo Yang Huashuai, un electricista y taxista itinerante de 25 años de edad que dijo que su familia recibió tres departamentos. “Si uno no trabaja duro, no merece tener éxito”.
Pero muchos otros no querían dejar sus tierras. El gobierno local usó intensa presión para forzar a los agricultores a dejar sus aldeas. Destruyó carreteras y suspendió los servicios de electricidad y agua. Aun así, muchos se quedaron. Como medida final, las escuelas – una en cada aldea – fueron demolidas. Sin servicios públicos ni manera de educar a sus hijos, la mayoría de los agricultores capituló y se mudó a la ciudad.
 
Sin trabajo
Además de la insatisfacción por la cantidad de espacio que recibirían, a los agricultores les preocupaban más los empleos.
Huaming está al lado del enorme centro de logística aeroportuaria de Tianjin, que está ampliándose y sumando miles de empleos. Sin embargo, muchos agricultores dijeron que no estaban calificados para estos trabajos.
“Sabemos arar, pero no trabajar en una oficina”, dijo Wei Dushen, un ex residente de la Aldea de Guanzhuang que ahora vive en la ciudad. “Esos son para personas educadas”.
Los residentes de Huaming dicen que los únicos empleos abiertos para ellos son en puestos serviles, como barrenderos de calles o guardias de seguridad de bajo nivel. Estos empleos pagan el equivalente de 150 dólares al mes.
Aun así, la competencia por ellos es feroz.
Se supone que una nueva capacitación habría permitido a los aldeanos la oportunidad de obtener habilidades para competir. Según la información oficial, se asignaron mil 500 dólares para cada residente. Sin embargo, fue imposible encontrar a alguno que hubiera recibido nueva capacitación o hubiera escuchado de alguien que lo hubiera hecho.
Muchos jóvenes parecen haber renunciado a tratar de encontrar trabajo. Los cafés Internet están llenos de ellos jugando en computadoras. Aunque se supone que las cafeterías estarían limitadas a las calles comerciales, se les encuentra en departamentos convertidos en muchos bloques de viviendas.
En uno, Zhang Wei, de 28 años de edad, dijo que había invertido 4 mil 300 dólares en renovar un departamento e instalar computadoras. La ex sala de estar de la unidad estaba llena de jóvenes agachados sobre pantallas, muchos de ellos jugando juegos como “World of Warcraft” por dinero.
“Todos son residentes locales desempleados, pero sin calificaciones, ¿qué pueden hacer?”, dijo Zhang.
 
En busca de una salida
 
Para muchos, la desilusión conduce a suicidios. Recientemente, dijeron residentes, un joven de 19 años de edad enfermo de cáncer se lanzó del balcón del tercer piso de la familia a las 5:30 de la mañana y se estrelló en el estacionamiento al lado de dos camionetas que servían desayunos.
 
Como su padre murió y su madre vive de la beneficencia, la familia era demasiado pobre para permitirse el tratamiento contra el cáncer. La historia no pudo ser verificada con las autoridades pero fue repetida independientemente por los residentes.
Más comunes son las historias de ancianos que no pueden acostumbrarse a su nueva vida y rápidamente mueren de enfermedades. Un término que los residentes usan repetidamente es “biesi”, “muertos por sofocación” en las nuevas torres.
Algunos residentes se preguntan por qué pasaron por estos apuros cuando es visible tan poco desarrollo. Afuera de la ciudad, uno encuentra kilómetros de lotes vacíos; alguna vez tierras agrícolas, ahora permanecen sin explotar, en ocasiones bloqueadas a la vista por interminables cercas de hojas de metal pintadas con propaganda sobre la prosperidad y el desarrollo.
“Mire los campos vacíos”, dijo Wei Naiju, anteriormente de la Aldea Guanzhuang. “Esa es buena tierra; se pudiera plantar realmente algo en ella”.
En la ciudad, la vida que alguna vez existió ahora ha sido preservada en un museo. Rara vez está abierto al público, pero su puerta del frente estaba entornada un día del verano pasado.
 
Lleno con dioramas a tamaño natural de las casas de las aldeas y figuras humanas, era una recreación de la antigua vida aldeana, con una precisión tal que incluía maíz deshidratado que colgaba de los aleros. Una placa introductoria explicaba: “El tiempo pasa, y las cosas cambian”.
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