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Aunque Clinton perdió, las mujeres ganaron

Ganar la nominación y triunfar en tres debates arraigó la idea de que una presidente es inevitable, en un camino de muchas décadas que han forjado diversas mujeres en la política estadounidense.
Margaret Carlson*
14 noviembre 2016 16:18 Última actualización 14 noviembre 2016 16:18
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Algunas mujeres estadounidenses tienen la esperanza de que Hillary Clinton haga historia si se convierte en la primera mujer presidente de Estados Unidos.

Algunas mujeres estadounidenses tienen la esperanza de que Hillary Clinton haga historia si se convierte en la primera mujer presidente de Estados Unidos. (Foto: Bloomberg)

Habrá la tentación de ver la derrota de Hillary Clinton como prueba de que una mujer no puede alcanzar la cima. Si no tenemos cuidado, el género dominante susurrará en el fondo: no volvamos a nominar a una.

No obstante sucederá, y gracias a Clinton. Tan solo verla ganar la nominación de su partido y triunfar en tres debates ha arraigado la idea de que una presidenta es inevitable.

Muchas candidatas se apoyarán en los hombros de Clinton igual que ella hizo en los hombros de otras.

En sus memorias 'Hard Choices' escribió que la venerable senadora de Maine Margaret Chase Smith desafió a Barry Goldwater para la nominación de su partido en 1964, lo cual la inspiró a postularse para presidenta de su clase. Ambas perdieron y las dos siguieron adelante.

Ocho años después, la primera congresista negra, Shirley Chisholm, se postuló, pero perdió ante el senador George McGovern, quien fue derrotado en todos los estados excepto Massachusetts.

Hubert Humphrey dio a Chisholm sus delegados, lo que le valió un lugar para hablar en la convención.

Más tarde, dijo que de la misma manera que la carrera del Al Smith, católico, allanó el camino para la victoria de John F. Kennedy, ella esperaba que la suya hiciera que otros se sintieran "capaces de postularse a altos cargos políticos como cualquier hombre blanco rico y apuesto".

Y así fue. Hubo otras que lo intentaron - desde la congresista Patsy Mink, que nos dio el título IX, a la senadora Elizabeth Dole, y cada una dejó una marca en el muro de la prerrogativa masculina.

Las mujeres rompieron la barrera de la vicepresidencia cuando Walter Mondale eligió a la representante Geraldine Ferraro como su compañera de fórmula en 1984.

A pesar de que le hicieron preguntas degradantes en el debate con el vicepresidente George H.W. Bush, como si los soviéticos no estarían tentados a aprovecharse de ella porque ella era una mujer, forjó una imagen viva en la convención de que una mujer podría acercarse mucho a conseguir la presidencia.

En 2008, Ferraro dijo que miró el nombre de Hillary en la boleta electoral y "parecía que Susan B. Anthony estaba de pie a mi lado diciendo, ’Tira de esa palanca’." Murió antes de ver a Clinton conseguir la nominación.

Sin Ferraro, quizá no habría habido una Sarah Palin, a menudo culpada por la derrota en 2008 del senador John McCain.

Pero independientemente de lo que uno piense sobre ella, Palin sentó las bases para que las mujeres alcancen puestos de poder pese a sufrir derrotas. En este se rumora como candidata para secretaria del Interior.

En los largos años en que era difícil figurar en cualquier boleta - la 19a enmienda fue ratificada hasta 1920 - mujeres desde Lucretia Mott hasta Jane Addams y Dorothy Day encontraron otras maneras de ejercer el poder.

Franklin Roosevelt es celebrado por su 'New Deal', que no hubiera existido sin la socióloga no electa Frances Perkins, una destacada defensora de los derechos de los trabajadores como asistente de Roosevelt cuando él era gobernador de Nueva York.

El presidente electo la convenció para ser la primera mujer miembro de su gabinete aceptando su agenda: una semana laboral de 40 horas, un salario mínimo, la compensación por desempleo y la abolición del trabajo infantil. ¿Seguridad Social que cambió la vida de los ancianos? Eso también se lo debemos a Perkins.

Mientras esperamos la inevitable reacción de que Clinton era la mujer equivocada, ella hizo lo que las mujeres hacen: pasar horas consolando al personal, a los donantes, a los amigos, a la familia, y tal vez también a sí misma mientras trataba de bloquear las críticas de que decepcionó al equipo hablando sobre educación y atención médica mientras su oponente tomaba el “camino bajo”, lo cual llevó a que la gente pidiera “encerrarla".

Aunque uno podría sentirse tentado a pensar que llegó a casa y comió un montón de helado, Clinton puede tener un tipo de consuelo diferente en mente. La noticia de que los Clinton compraron una casa para Chelsea cerca de ellos en Chappaqua alimentó el rumor de que su hija se postulará para el Congreso cuando la representante demócrata Nita Lowey se retire en 2018.

Efectivamente, Chelsea tendría una ventaja y bien podría ganar. Pero no contemos con ello como un premio de consuelo para absolver la derrota de su madre. Las dinastías parecen haber perdido su atractivo. Antes de que comenzara la campaña de 2016, Barbara Bush preguntó si el país no podía encontrar a alguien más que un Clinton o un Bush para ser presidente. El país lo hizo.

Uno no pensaría que Clinton tiene que defender su legado, especialmente no frente a las mujeres que votaron por ella.

La próxima mujer que intente el ascenso a la cima descubrirá que no tendrá que empezar desde abajo, porque Clinton estableció un campamento base más cerca de la cima que ninguna otra mujer antes de ella.

El 54 por ciento de las mujeres que votaron por ella, e incluso quienes no lo hicieron, deberían dar las gracias.

Esta columna no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o Bloomberg LP y sus propietarios, ni de El Financiero

*La autora es columnista de Bloomberg View. Fue corresponsal en la Casa Blanca para Time, y panelista semanal en CNN.