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Arranca el proceso de sucesión en Argentina

El domingo estarán en juego en las urnas 2 modelos de crecimiento económico, el desarrollista y el neoliberal; marcarán avance en la reconstrucción del sistema bipolar que liquidó la crisis de 2011.
Alejando Pairone / Especial
07 agosto 2015 0:31 Última actualización 07 agosto 2015 5:0
Cristin Fernández

Comienza el proceso para elegir al sucesor de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. (Reuters)

BUENOS AIRES.- Con comicios primarios para dirimir candidaturas nacionales, Argentina pondrá en marcha el domingo un proceso clave para elegir al sucesor de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en el que básicamente se confrontarán dos modelos antagónicos expresados por un bloque desarrollista o neokeynesiano, en el gobierno, y por otro neoliberal o promercado, en la oposición.

Aun cuando se presentarán 13 precandidatos a la presidencia, los favoritos indiscutibles en las encuestas son el peronista Daniel Scioli, por el oficialista Frente para la Victoria, y el conservador Mauricio Macri, por la Alianza Cambiemos, que suman en promedio de 40 a 30 por ciento de la intención de voto, respectivamente.

Se trata de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), en las que partidos y alianzas eligen abanderados en una instancia que también funciona como una suerte de sondeo, al mostrar qué agrupación congregó más votantes en su interna.

El segundo capitulo será el 25 de octubre con la elección general, en la que competirán los candidatos triunfantes en las PASO, pero siempre y cuando hayan superado el mínimo de 1.5 por ciento de los votos. Ese piso actúa como un filtro que en esta ocasión dejará sólo a seis de los 13 precandidatos actuales, según coinciden las encuestas de intención de voto.

Las PASO tienen la relevancia singular de ser las primeras presidenciales desde 2003 en las que el kirchnerismo enfrenta una oposición articulada, con vocación de poder, de alcance nacional y con posibilidades de llegar a la Casa Rosada. También marcan un avance en la reconstrucción de un sistema político estable basado en dos polos ideológicamente antagónicos (y complementarios), de centro izquierda y centro derecha, luego de que en la crisis de 2001 estallara en mil pedazos el sistema de representación y mediación que rigió en buena parte del siglo XX.

“Estas elecciones definen la matriz política no por un período de gobierno, sino por mucho más tiempo. Hay una confrontación entre dos modelos de desarrollo que se replica en toda América Latina y gran parte del planeta”, describió el decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Glenn Postolski.

“Estamos ante un proceso lento y complejo de reformulación del poder, de disputa por un nuevo orden global multipolar y en este proceso se da una parte del capítulo argentino de la disputa”, añadió.

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El favorito es el candidato único del oficialismo y gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. Su candidatura busca garantizar la continuidad del desarrollismo con fuerte intervención del Estado, proteccionismo comercial, alianza con los sectores industriales ligados al mercado interno y al salario, y entendimiento con los exportadores de valor agregado.

En lo internacional mantiene el marco de alianzas vigente desde 2003 alineado en el Mercosur y la Unión de Naciones Suramericanas, crítico pero no rupturista con Washington, y cercano a los BRICS.
Desde que fue ungido candidato, Scioli se mostró con Luiz Inácio Lula da Silva, Raúl Castro y Michelle Bachelet, aunque su foto más difundida fue en Roma, con el papa Francisco.

Líder y fundador de Propuesta Republicana (PRO), con el que gobierna la Ciudad de Buenos Aires desde 2007, Macri enfrentará a dos precandidatos en su Alianza Cambiemos, de escasa intención de voto.

Principalmente, su candidatura representa la primera experiencia exitosa de la derecha en consolidar un partido democrático, estable y con capacidad de disputar el poder en elecciones transparentes.

Macri es partidario del libre mercado, la desregulación y la apertura, prefiere al Estado concentrado en funciones básicas delegando en la iniciativa privada, promete liberar de impuestos y aranceles a las exportaciones, sobre todo agroalimentarias, y exige un arreglo financiero inmediato con los “fondos buitres”, para colocar deuda en los mercados y para paliar la escasez de divisas. Al exterior, asume al Mercosur pero relativiza a Unasur y promete acercarse a la Alianza del Pacífico, a cuyos gobiernos habitualmente pone de ejemplo.

Apoya un tratado de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea y, aunque acepta la fuerte relación con China, rechaza alinearse con los BRICS.

En sus referencias suele mencionar al chileno Sebastián Piñera, el colombiano Alvaro Uribe, los españoles José María Aznar y Mariano Rajoy, así como el mexicano Felipe Calderón, con quien menciona una amistad personal.