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Ambición causa guerras, destruye y corrompe, advierte el Papa

Durante el sermón de su misa matutina, que celebró en la capilla de la Casa Santa Marta del Vaticano, el pontífice  constató que la “lucha de cada día” está en cómo administrar correctamente las riquezas de la tierra para que se conviertan en “tesoros en el cielo”.
Notimex
19 junio 2015 7:53 Última actualización 19 junio 2015 7:53
 [El Papa Francisco formó 2 comisiones para asesorarlo sobre cómo limpiar las finanzas del Vaticano / Reuters]  

[El Papa Francisco formó 2 comisiones para asesorarlo sobre cómo limpiar las finanzas del Vaticano / Reuters]

CIUDAD DEL VATICANO. El Papa Francisco advirtió que la ambición causa guerras y familias divididas, porque “destruye y corrompe” mientras la acumulación de las riquezas es incapaz de garantizar la seguridad al ser humano.

Durante el sermón de su misa matutina, que celebró en la capilla de la Casa Santa Marta del Vaticano, Francisco constató que la “lucha de cada día” está en cómo administrar correctamente las riquezas de la tierra para que se conviertan en “tesoros en el cielo”.

“No acumulen para ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde los ladrones penetran y roban; acumulen en cambio para ustedes tesoros en el cielo”, indicó, hablando en italiano.

Reconoció que la raíz de la acumulación está en el deseo de seguridad, pero sostuvo que las riquezas pueden “llevar abajo” la dignidad de las personas.

De acuerdo al líder católico, actualmente en el mundo se combaten muchas guerras por ambición de poder y de riquezas, aunque consideró que la guerra más importante se juega en el corazón de las personas.

“Porque la avidez va adelante (...) Es un paso, abre la puerta: después viene la vanidad – creerse importantes, creerse poderosos – y, en fin, el orgullo. Y de ahí todos los vicios, todos. Son peldaños, pero el primero es éste: la avidez, el deseo de acumular riquezas”, insistió.

Afirmó que cuando una persona es bendecida por Dios con las riquezas es para que las administre no en propia conveniencia, sino para el bien de todos.

Constató que no es fácil convertirse en un administrador honrado, porque existe siempre la tentación de la avidez, de ser importante y el mundo enseña eso, lleva a todos por este camino.

“¡Es difícil; es como jugar con el fuego! Tantos tranquilizan su propia conciencia con la limosna y dan lo que les sobra a ellos. Ese no es administrar: el administrador toma para sí de lo que sobre y, como servicio, da todo a los demás”, dijo.

“Administrar la riqueza es un despojarse continuamente del propio interés y no pensar que estas riquezas nos darán la salvación. Acumular sí, está bien; tesoros sí, está bien, pero aquellos que tienen precio - digámoslo así - en la ‘bolsa del Cielo’. ¡Allí, acumular allí!”, ponderó.