Mundo

"A mi pueblo no regreso"

Regresar no es una opción para los miles de mexicanos y centroamericanos que han convertido los albergues de Ciudad Juárez en su hogar, mientras esperan la respuesta del gobierno estadounidense a su solicitud de asilo político.
Roxana González García
06 mayo 2014 22:19 Última actualización 07 mayo 2014 5:0
Albergues migrantes CUARTOSCURO

Los albergues para inmigrantes ubicados en la frontera con EU, se han convertido en “salas de espera permanentes”. (Cuartoscuro)

CIUDAD DE MÉXICO. Los albergues para inmigrantes a lo largo de la frontera con Estados Unidos se han convertido en “salas de espera permanentes” para miles de mexicanos y centroamericanos, que esperan la respuesta oficial a su solicitud de asilo político.

Uno de los casos es el de Florencio Rodríguez, quien luego de ser deportado hace casi tres años regresó a Chilacachapa en Guerrero, de donde ahora huye ante fuertes amenazas del crimen organizado.
"Tengo temor de que puedan hacerme algo, por eso estoy aquí, pidiendo asilo político. He recibido amenazas de que van a hacerle daño a mi familia, me han pedido mi nombre, mi dirección... primero me dicen que son de la policía y luego me dicen que son de los Zetas. Ya no sabe uno si confiar en la policía, porque no se sabe si están vinculados", expuso en entrevista con El Financiero desde las oficinas del movimiento Bring Them Home en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde aguarda desde hace casi tres meses una respuesta a su petición.

Rodríguez regresó a Chilacachapa tras ser deportado por falta de documentación; después de unos dos años comenzó a recibir amenazas por teléfono e incluso cartas exigiéndole dinero a cambio de su vida. “Pues sigo esperando, he tenido dos audiencias en El Paso y no me queda más que esperar pero si es muy complicado porque me piden pruebas, testigos y no es fácil de conseguir, a veces me desespero, pero no me queda otra que esperar, a mi pueblo no regreso porque de verdad que me da miedo”, añadió.

Alex Aldana, vocero de la Alianza Nacional de Jóvenes Inmigrantes, aseguró que la historia de Rodríguez se repite cada vez más en la frontera, donde los albergues son “salas de espera permanentes”. La falta de una reforma migratoria obliga a los indocumentados a emplear este método para reunirse con sus familias, explicó.