Monterrey

Ya no entendí

OPINIÓN. México puede convertirse en un líder no solo en la región sino en el mundo. Si otros países se están cerrando y su gente escucha el canto de las sirenas localistas, no tenemos por qué seguirlos.
WIKI-LÍTICO

MIGUEL
MORENO
TRIPP
01 agosto 2016 10:6 Última actualización 01 agosto 2016 10:7
Miguel Moreno Tripp

Miguel Moreno Tripp

Desde los tiempos de Enrique VII, Inglaterra era casi por naturaleza, un país volcado al mundo. Entre otras cosas, algo que la impulsaba era el comercio con las especias ya que eran apreciadas no solo por darle sabor a los alimentos, sino también por los efectos conservadores que tenían sobre la comida a falta de refrigeración. Las especies valían más que su peso en oro.

El año 1897, el del Jubileo de la Reina Victoria, probablemente represento la cúspide de la potencia mundial que fue Inglaterra: “El imperio en el que el sol no se ponía”.

Los Cabot se estarán revolcando en sus tumbas al ver como ahora soplan los vientos aislacionistas. El Brexit sigue –y seguirá- dando de qué hablar, pero aparentemente los efectos pareciera que se contendrán entre la propia Inglaterra y Europa. Sin embargo, Inglaterra corre el gran riesgo de volverse irrelevante en el concierto mundial.

Haber seguido los eventos en la Convención Demócrata, además de escuchar los emotivos discursos ha sido muy interesante el contrastar las diferencias que tienen los Demócratas con los Republicanos. Quizá lo que más nos interese debiera ser lo que tienen en común.

Y eso que tienen en común, es el interés por renegociar los tratados de libre comercio. Destacando por un lado el TLC y por otro el TPP. Qué bueno que se modernicen pero todo apunta a que se limitará el comercio presentándose únicamente diferencias de grado dependiendo de qué candidato gane.

Lo que no entiendo es que se supone que se debe buscar la eficiencia.
Si alguien puede hacer lo mismo pero más barato, acaso ¿no es lo que se busca? Si la mano de obra mexicana puede hacer lo mismo a una fracción del costo de la mano de obra americana, a nivel macro ¿no es lo mejor tanto para el consumidor americano como para la mano de obra mexicana?.

Están quienes se han quedado sin trabajo pero en este sentido también se han recuperado o creado millones –literalmente- de empleos en Estados Unidos. Así que el tema es más político que económico a mi parecer.

Sin embargo, hay que poner las barbas a remojar.

En los ochentas, las exportaciones de México eran en un 80% ligadas al petróleo. Treinta años después no dependemos del petróleo como fuente primaria de exportación (los ingresos del Gobierno sí) pero estamos centrados en un solo cliente: Estados Unidos. Sí nos cierra la puerta o al menos nos limita, piense en las consecuencias.

Las exportaciones son fuente de divisas, siendo principalmente este rubro el origen del crecimiento en las reservas internacionales; Pero yo diría que lo más preocupante sería el desempleo que pudiera generarse si las plantas empiezan a llevar a cabo despidos. En el largo plazo, la competitividad se mermaría.

¿Qué hacer? ¿Correr en círculos? ¿Qué tal que vamos mirando hacia el mercado interno? O lo que es lo mismo, el famosísimo concepto de hacer negocios con la base de la pirámide.

Hay millones de consumidores que, financiándolos un poco, y al ser –desafortunadamente- una masa crítica importante, sin lugar a dudas se lograría mantener el crecimiento en la economía. Considere que el consumo representa 2/3 partes del PIB.

Aún hay más. Si nos van a limitar para el norte pues volteemos para el sur. Y el sur es, bueno, el sur del país pero también centro y Sudamérica. No es descubrir el hilo negro, varias compañías mexicanas ya lo hacen. Quizá el caso más emblemático pudiera ser Wal-Mart por el que la operación de México absorbió las operaciones de centro américa.

México puede convertirse en un líder no solo en la región sino en el mundo. Si otros países se están cerrando y su gente escucha el canto de las sirenas localistas, no tenemos por qué seguirlos. Vayamos al mundo, ya que se ve que otros no tienen la capacidad o voluntad de hacerlo.

* El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcionar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.