¿Y a México le debe de importar quién quedó en la Corte de EU? Usted decida amigo lector
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¿Y a México le debe de importar quién quedó en la Corte de EU? Usted decida amigo lector

La Suprema Corte era una institución que infundía profundo respeto y lealtad, estuvieran los estadounidenses de acuerdo con sus decisiones o no.

Opinión MTY Desde Texas Javier Amieva
08/10/2018
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Javier AmievaFuente: Cortesía

Hace dos días, un partido político en Estados Unidos hizo de su Suprema Corte de Justicia –SCJ- una cuestión política en defensa de intereses políticos y hasta lograr anticipadamente protección e impunidad entendida.

La independencia de la SCJ, se acabó, “Primero fue Richard Nixon, luego Ronald Reagan, que lanzaron ataques contra ésta como parte del dogma del Partido Republicano en 1991, cuando un presidente republicano, por razones políticas, designó a un juez que estaba manifiestamente descalificado para el cargo y que enfrentaba numerosas y creíbles afirmaciones de mal comportamiento sexual y otros cargos. Fue difícil ver a la nominada testificar en octubre de 1991 y ahora en el 2018”, publicó The Atlantic, en una editorial que sin concluir, que Anita Hill había dicho la verdad y que Thomas había mentido, como hoy fue el caso de una “profunda investigación” del FBI de cinco días. Éste fue el primer paso importante sobre un camino torcido.

Cuando, en el 2016, falleció el juez Antonin Scalia, el Presidente Barack Obama, frente a un Senado Republicano, nombró cuidadosamente a un moderado a quien incluso el senador Orrin Hatch –Republicano-, había designado previamente como aceptable para ambas partes. Pero entonces las reglas cambiaron. El escaño de Scalia, dijo Mitch McConnell, líder de la mayoría en el Senado, no se llenará, pase lo que pase. Los republicanos tenían una mayoría en el Senado y podían usarla para cualquier propósito que desearan, incluyendo hacer de la Corte Suprema un puesto de patrocinio partidista para ser ocupado por la próxima elección presidencial. Pero, entonces, el candidato republicano Donald Trump aseguró a sus votantes republicanos que nombraría jueces que anularían “automáticamente” a Roe Vs. Wade, la regla de la Corte que ofrece el camino libre para las mujeres y médicos para la práctica del aborto antes del primer trimestre y nunca se permitió votar siquiera para el candidato de Obama. Se bloqueó la democracia y la independencia del poder Judicial

Hoy, haciendo caso omiso del fondo del asunto del aborto, la victoria que logró Trump es politizar la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos e imponer un miembro, el de más alto rango, en la rama judicial de este país al servicio de un partido y al servicio del poder ejecutivo quien ratificará sus “órdenes ejecutivas” sin más nada.

Para dejar más claro, fue promesa de Trump, -con las que se encuentra comprometido para ganar un segundo término presidencial-, echar abajo la regla Roe Vs. Wade, construir un muro con México, terminar con NAFTA –o cambiarle nombre y ajustar reglas ventajosas que serán mejor que nada pero cercanas a la usura-, acabar con la disparidad de la balanza de comercio exterior con China y desacreditar y poner leyes mordaza a los medios para terminar con las “fake-news”, entre sus más acérrimas promesas.

Creíamos, ilusos, que aun ganando la Presidencia Trump, legisladores y senadores Republicanos tratarían de cumplir los principios de los fundadores de esta nación, que son la democracia, la división y autonomía de los poderes para conjurar el autoritarismo, paso previo a las dictaduras.

Hoy Trump tiene poder absoluto sobre el poder Ejecutivo convertido en feudo familiar y empresarial, sobre el poder legislativo al mantener el control de ambas cámaras y sobre el poder Judicial porque no importa lo que hagan los Jueces de cualquier nivel, las consideraciones de la vida nacional y el control contra actos de abusos de gobierno siempre llegaran a la Suprema Corte, donde a partir de hoy y tan temprano como el próximo martes 9 de octubre, Kavanagh empezara a decidir sobre los intereses presidenciales.

La Suprema Corte era una institución que infundía profundo respeto y lealtad, estuvieran los estadounidenses de acuerdo con sus decisiones o no. Entre protestas y desacuerdos, desde siempre y como estudiante de Derecho vi a una sociedad a regañadientes pero inevitablemente convocada para avanzar no sólo por el lenguaje de la Constitución, sino por la aceptación de la Corte como un árbitro independiente del imperio de la ley. ¿Dónde está el tribunal que afirmó que al menos se esforzaría por trascender imparcialmente la política partidista en favor de la justicia? Culpable o no Kavanagh, como Thomas y Anita Hill, eso no importa, el caso es que la imposición de un presidente por una promesa de campaña es execrable y la Suprema Corte se ha convertido en eso, “Esta Corte se ha ido para siempre”, será el epitafio sobre el magnífico edificio levantado frente al congreso estadounidense.

El autor es analista político en Texas, y experto en temas de la frontera México-Estados Unidos.

Opine usted: javier.amieva@hispanicinternational.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.