Monterrey

Valor vs Precio… cómo evitar tomar malas decisiones de inversión

OPINIÓN. Rara vez nos detenemos en conocer a la empresa donde estamos invirtiendo y mucho menos en saber cuál es su valor. Es por ello la importancia de saber diferenciar entre precio y valor.
OPINIÓN ACADÉMICA TECNOLOGICO DE MONTERREY
Julio Puon
25 septiembre 2017 0:46 Última actualización 25 septiembre 2017 0:46
Julio Puon

Julio Puon

No pongamos en riesgo nuestro patrimonio. Antes de tomar decisiones de inversión en el mercado accionario es de suma importancia conocer en qué empresa estamos invirtiendo y saber cuánto vale, no sólo limitarnos a saber su precio.

Considero que uno de los errores con consecuencias más funestas para los participantes en los mercados accionarios es el de invertir en una empresa por el simple hecho de que el precio de sus acciones ha estado subiendo de manera sostenida.

Rara vez nos detenemos en conocer a la empresa donde estamos invirtiendo y mucho menos en saber cuál es su valor. Es por ello la importancia de saber diferenciar entre precio y valor.

Precio es lo que se paga por un bien, Valor es lo que se obtiene (una satisfacción, utilidad o flujos de efectivo que genera ese bien). El precio pagado no necesariamente es igual al valor. Es más, con regularidad existe una brecha enorme entre ambos.

Los precios reflejan expectativas que tenemos los inversionistas acerca de una empresa. Expectativas que se ven impulsadas por resultados positivos del trimestre en turno y que alimentan la inercia alcista del precio de las acciones creando un “círculo virtuoso” de mayores expectativas y mayores alzas en el precio atrayendo a una nueva horda de inversionistas que esperan que dicha tendencia se perpetúe.

Pero no hay que ser víctimas de nuestras pasiones bursátiles. Todas esas expectativas degeneran en euforia, sueños de riqueza y en buenos deseos lo cual eleva exponencialmente el riesgo de basar nuestras decisiones de inversión en el comportamiento del precio haciendo ese proceso equiparable a empaparnos de gasolina y jugar con cerillos.

Es así que la realidad hace su presencia y el mercado siempre se encarga de despertarnos de la manera más cruel de esos sueños de opio y ese “círculo virtuoso” se rompe por el simple hecho de que nos damos cuenta de que dichas expectativas no se pueden cumplir o porqué ya no hay otro inversionista con expectativas más altas que las de nosotros dispuesto a pagar un precio más alto.

Como todo proceso en la vida cuando las expectativas se encuentran muy por arriba de la realidad, lo que se ajusta no es la realidad, sino las expectativas y los precios.

Al ser los mercados un lugar de emociones extremas los inversionistas caen en pánico generando un desplome en el precio de las acciones y en sus expectativas, quedando ambos muy por debajo de la realidad.

Considero que estos choques emocionales y de estrés financiero representan grandes oportunidades para los inversionistas que piensan como Warren Buffett y Carlos Slim. Al final del día ellos saben en que están invirtiendo y que están pagando un precio muy por debajo de su valor real.

Isaac Newton después de perder su fortuna al invertir en plena euforia en las acciones de los Mares del Sur dijo: “puedo calcular el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente”.

¿Cómo podemos evitar el fatídico destino financiero de Newton? Actuando de manera racional en nuestros procesos de inversión. Esto implica hacer el ejercicio de conocer en qué empresas estamos invirtiendo y de determinar cuál es su valor.

Una empresa vale por su capacidad de generar utilidades, su fortaleza financiera, su posición competitiva, sus marcas y productos, por su capacidad de innovación y la calidad de su capital humano y tecnológico.

Al actuar de manera racional podemos aprovechar para invertir en esos momentos de pánico financiero en los cuales los precios se encuentran muy por debajo de su valor. Haga uso de su paciencia y en el momento oportuno saque ventaja de la emociones del resto de los participantes del mercado para comprarles barato o venderles caro.

Evitemos la tentación de estar siguiendo maniáticamente los precios de las acciones. Dediquemos ese valioso tiempo a educarnos financieramente y así poder analizar y valuar correctamente las acciones y tomar decisiones de inversión fundamentadas.

Sepa qué está comprando y cuánto vale. Compre bueno, bonito y barato. Esta es la diferencia entre dormir tranquilo o tener pesadillas financieras.

El autor es Profesor de Cátedra del Departamento Académico de Contabilidad y Finanzas. ITESM Campus Monterrey. Su correo es juliopuon@itesm.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.