Monterrey

¿Vale la pena invertir en Bitcoins?

OPINIÓN. Además, al estar sujeto a la oferta y demanda sin tener determinantes reales, su volatilidad es altísima y no existe un precio de “equilibrio”, lo que provoca que tienda a ser altamente manipulable y más expuesto a las burbujas especulativas que otros activos de inversión.
ENTORNO MACRO-ECONÓMICO
Gabriela Siller
gsiller@bancobase.com
02 noviembre 2017 10:41 Última actualización 02 noviembre 2017 10:41
Gabriela Siller, economista.

Gabriela Siller, economista.

El Bitcoin inició el año cotizando en 952.00 dólares por unidad y alcanzó ayer un precio máximo de 6 mil 252.0430 dólares por Bitcoin con una volatilidad anualizada en el año de 72.20 por ciento, la cual subió desde 36.38 por ciento del 2016, debido al rápido incremento en su valor en este año. Durante el 2017, el Bitcoin se ha incrementado en 540.76 por ciento. Ante la rápida subida en el precio surge la pregunta si vale la pena invertir en él.

El Bitcoin es una criptomoneda o moneda digital que utiliza tecnología peer-to-peer o entre partes y opera sin una autoridad central y sin la intermediación de bancos. Esta es la primera regla de las criptomonedas, pero también el principal riesgo de ellas, ya que no existe quien la respalde y por lo tanto su determinante es completamente la especulación, ya que no existe una economía detrás de ella.

El Bitcoin no es la única critpomoneda, ya que existen otras como el Litecoin, Ethereum, Ripple, Dogecoin, las cuales se manejan de manera muy similar. Entre éstas llama la atención el software del Litecoin, que aunque también es un código abierto, es publicado bajo la licencia del MIT.

El precio del Bitcoin y de todas las criptomonedas está sujeto a la demanda y a la oferta, las cuales en un inicio eran usadas solamente para transacciones ilegales, con el fin de no dejar una huella en el sistema financiero. Sin embargo, hay establecimientos en algunos países que ya aceptan el Bitcoin como medio de pago. Ante esto, muchos Bancos Centrales han advertido que el uso de las criptomonedas es responsabilidad de los usuarios, ya que no tienen protección de depósitos.

A la hora de invertir cualquier persona debe fijarse en el riesgo y rendimiento esperado por el activo, que en este caso no puede ser denominado dinero ya que no cumple con las tres características necesarias: guardar valor, unidad de cuenta y servir como medio de pago.

El rendimiento, aunque parece ser altísimo para el Bitcoin, no necesariamente puede ser realizado, porque para eso tendría que poderse cambiar por dinero o al menos por otros activos, que puedan ser intercambiados por dinero. Respecto al riesgo, vale la pena mencionar que el bitcoin tiene un protocolo y software abierto y puede replicarse, además que comparte una contabilidad que contiene cada transacción procesada, llamada “block chain”.

Los Bitcoins se crean por un proceso competitivo llamado “minería”, en donde los “mineros” resuelven tareas para poder crear a los nuevos Bitcoins, los cuales se supone se crean a un ritmo fijo a una velocidad predecible y decreciente. Así, el número de Bitcoins creados se reduce a la mitad a lo largo del tiempo y se supone se detendrá cuando llegue a los 21 millones de Bitcoins (actualmente hay como 16 millones). Lo anterior dista de parecerse a cualquier activo de inversión, real o financiero. Además, al estar sujeto a la oferta y demanda sin tener determinantes reales, su volatilidad es altísima y no existe un precio de “equilibrio”, lo que provoca que tienda a ser altamente manipulable y más expuesto a las burbujas especulativas que otros activos de inversión.

Debido a lo anterior es probable que en algún punto los participantes de este mercado decidan emigrar hacia otro activo y se genere la ruptura de la burbuja. Ante esto el precio bajaría. Por supuesto, la ruptura de la burbuja será menos dolorosa para quienes tengan forma de convertirlos a otros activos o la posibilidad de pagar en establecimientos con Bitcoin. De otra forma tener Bitcoins es como tener billetes de Monopoly.

La autora es Economista en Jefe de Grupo Financiero BASE y profesora de economía en el Tec de Monterrey.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.