Monterrey

Una final regia

OPINIÓN. Si esto fuera electoral, cada persona con la camiseta tatuada sería el voto duro de partidos políticos fuertes y cautivadores de militancia.
LA PROPIA POLÍTICA
Sara Lozano
loalsara@yahoo.com
06 diciembre 2017 10:21 Última actualización 06 diciembre 2017 10:21
Sara Lozano

Sara Lozano

Nuevo León está en pleno furor político: debate, cuestiona, hace proyecciones, estudia la historia, invierte tiempo y dinero; se prepara para una final en la que las mejores capacidades determinarán a un ganador.

Somos una sociedad que conoce las reglas, el árbitro se exhibe y se sanciona si no las aplica, le va peor si no lo hace con imparcialidad. Esto limita la trampa, así como los millones de espectadores que, conocedores del proceso, tienen oportunidad de rechiflar o tomar acciones para que tanto árbitros como instituciones garanticen el mejor desempeño.

Los espacios públicos ya están dispuestos para la contienda, para que cada persona esté protegida y pueda disfrutar de su partido. Las condiciones están dadas para canalizar la euforia del triunfo y también la frustración del perdedor, sin que esto se vuelva una trifulca.

Los planes en casa están en función de los eventos previos y posteriores al encuentro; aunque a alguien no le guste o no le interese, tiene que estar enterado porque es el destino de algo vital, propio, que genera identidad y sentido de pertenencia a una sociedad.

Los debates, públicos y privados, están cargados de intenciones y de hechos, de argumentos sólidos en beneficio de uno u otro contendiente.

Los indecisos estudian, escuchan, eligen y quizá apuestan, pues la información es clara, se decantan las preferencias y prevalecen lo que es cierto y comprobable.

Es obvio que cada equipo habla, actúa y propone desde lo mejor de sí mismo. Por supuesto, también estudia las fortalezas del otro para debilitarlo, desacreditando aquello que no le conviene. Es una competencia y lo que se quiere es ganar.

Es el fútbol y no sólo en Nuevo León, una buena parte de la población mexicana ha sido bien formada en valores y preferencias que tienen un color. Cada persona puede elegir libremente en cada final de liguilla aunque no coincida con los amigos. Pocos desconocen los criterios de avances y retrocesos en las tablas, el valor de un gol de visitante y los criterios de desempate en los diferentes momentos del proceso.

Si esto fuera electoral, cada persona con la camiseta tatuada sería el voto duro de partidos políticos fuertes y cautivadores de militancia. El desempeño de la institución partidista estaría sometido al escrutinio permanente de su afición, así como la calidad de los jugadores que contrata y los que mete a la cancha.

Los árbitros, los organismos públicos electorales de cada estado – la CEE en NL – son los que estudian y aplican las reglas que escriben los legisladores, y las llevan a la cancha de manera pareja con cada equipo.

La afición es la Observación Electoral, figura en la ley que autoriza a una persona (ya certificada en OE) ver y dar fe de lo legal o no de cada parte del proceso.

La Federación Mexicana de Fútbol es algo parecido a los tribunales electorales en los estados; y la CONCACAF, algo así como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

La pasión la tenemos, la inteligencia para entender el proceso también, sólo falta algo: instituciones electorales fuertes y cautivadoras, enfocadas en ganar partidos con el único objetivo de satisfacer a su afición. Sólo nos falta participar para ayudarlas y obligarlas a ser tan regiamente representativas como esta final de fútbol.

La autora es Consejera Electoral en el estado de NuevoLeón y promotora del cambio cultura a través de la Educación Cívica y la Participación Ciudadana.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.