Monterrey

Trump no merece ser presidente de los Estados Unidos

OPINIÓN. Fue precisamente durante el último año de la presidencia de Mr. George Bush, - en una de sus últimas giras por Europa y ante una de las múltiples manifestaciones de repudio a su visita- que comentó: “no sabía que nos odiaran tanto en otros países”.
Javier Amieva | Desde Texas...
08 agosto 2016 10:47 Última actualización 08 agosto 2016 10:48
Donald Trump

(Archivo/AP)

Trump no merece ser presidente de los Estados Unidos
En 2010, durante la administración Bush en una reunión de relaciones públicas, en mi calidad de periodista me reuní con oficiales del consulado de Monterrey y en plática abierta, “off the records”, expuse mi opinión de que el pueblo norteamericano era un “guerrero por excelencia”; el resultado fue que dicha oficial jamás volvió a contestar mis correos; no solo se ofendió sino que cerró los canales de comunicación. Una publirrelacionista que no entendió ni las acepciones del idioma, ni las diferencias culturales para saber que más que reclamo era un simple hecho.

Fue precisamente durante el último año de la presidencia de Mr. George Bush, - en una de sus últimas giras por Europa y ante una de las múltiples manifestaciones de repudio a su visita- que comentó: “no sabía que nos odiaran tanto en otros países”.

Su mente no alcanzaba a entender que el control hegemonista impuesto por un lado y la venta y distribución de armas por el otro, era sembrar odio por las miles de muertes y desgracias que esto acarrea. Sin embargo, el discurso de Mr. Bush nunca fue de odio a terceros llamándoles despectivamente: “los bárbaros musulmanes” o “los Hispanos delincuentes”; y a pesar de eso generó violencia y odio en contra de esta gran nación, que no se lo merece; después de vivir largas temporadas, por casi 30 años en este país, entiendo que su grandeza no reside en los políticos, sino en el ciudadano común.

Cuando Trump se desempeñaba como presidente de la compañía de bienes raíces de su familia, la Corporación Trump, en 1973, el Departamento de Justicia demandó a la empresa por discriminación racial contra los negros que buscaban alquilar apartamentos en Brooklyn, Queens y Staten Island.

La demanda acusó a la compañía de no rentar a familias negras aplicando diferentes términos y condiciones de alquiler que a los blancos. Trump llamó a esas acusaciones “absolutamente ridículas” y demandó al Departamento de Justicia por 100 millones de dólares en daños y perjuicios por difamación. Las demandas fueron retiradas después de que, sin admitir irregularidades, la Corporación Trump resolvió la demanda original y se comprometió a no discriminar a los negros, puertorriqueños o de otras minorías.

Tan sólo tres años después, el Departamento de Justicia demandó nuevamente a la Corporación Trump por discriminación. De hecho, la discriminación contra las personas de raza negra ha sido un patrón en la carrera de Donald Trump.

“Cuando Donald e Ivana llegaban al casino, a los gerentes les ordenaban que todas las personas de raza negra abandonaran el piso”, le dijo Kip Brown, un ex empleado de Trump, al New Yorker en un artículo de septiembre 2015. “Fueron los años ochenta, yo era un adolescente, pero lo recuerdo: “Nos pusieron en la parte de atrás hasta que Trump se fue”.

Los trabajadores de los casinos de Trump en Atlantic City, Nueva Jersey, lo han acusado de racismo en los últimos años. La Comisión de Control de Casinos de Nueva Jersey ha multado al Trump Plaza varias ocasiones; “pero no podemos trabajar en contra de los dueños de los casinos en este tipo de cuestiones, este negocio es lo que deja el dinero para que la ciudad opere”, declaró un oficial de la ciudad, que por obvias razones pidió el anonimato.

La incitación al racismo de Trump ya ha inspirado crímenes de odio. Dos hermanos detenidos en Boston el mes pasado por golpear a un hombre latino indigente por pedir ayuda; al ser detenidos declararon
“Donald Trump estaba en lo cierto - todos estos ilegales deben ser deportados”; “no hay razón para que nos detengan”; a lo que Trump, ni siquiera se molestó en distanciarse de ello; en cambio, sugirió que los hombres eran bien intencionados y simplemente se habían dejado llevar por algo que les molesto; “son apasionados. Me gustaría decir que la gente que me está siguiendo es muy apasionada”, dijo Trump.

“Les encanta este país y lo que quieren es que este país sea grande otra vez”.

El pueblo de Norteamérica merece mejores políticos y gentes calificadas, Trump no lo está.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.