Monterrey

Trump, el bullying y la violencia

Opinión. Trump ha “buleado” a los mexicanos sin consecuencia alguna hasta el momento. Esto no quiere decir que no ha habido expresiones de rechazo ni nada por el estilo pero en el campo del día a día, el “buleador” no ha parado.
MIRADA DEL NORESTE

TATIANA CLOUTHIER
​tamaramtz@gmail.com
31 enero 2017 9:29 Última actualización 31 enero 2017 9:29
Tatiana Clouthier

Tatiana Clouthier

Ente tanto acontecimiento en el país y en el estado, resulta difícil dar prioridad a un tema más considero que TRUMP ha logrado decir cuáles atender.

En los últimos años hemos visto desde diferentes ángulos la violencia y acoso entre jóvenes, es decir, el conocido “bullying”. Muchas cosas
indeseadas han sucedido como consecuencia del mismo, que van desde niños dejando de atender la escuela, hasta suicidos.

Así las cosas, la sociedad cada vez que sucede algo trágico voltea a condenar o pedir que se haga algo al respecto.

Sin embargo el “bullying” no solo sucede de uno a uno, sino de grupo a
grupo o de nación a nación. Este último, parece ser el caso que el presidente Donald Trump de los Estados Unidos ha venido haciendo hacia México.

Así es, Trump ha “buleado” a los mexicanos sin consecuencia alguna
hasta el momento. Esto no quiere decir que no ha habido expresiones de rechazo ni nada por el estilo pero en el campo del día a día, el “buleador” no ha parado.

Se supone que cuando estos actos suceden, una autoridad “superior”
hace lo necesario para poner orden y detener los actos de acoso. En el caso de EU-México parecería debe ser la ONU por su papel conciliador y neutral que ostenta a nivel mundial.

Ahora, dejaremos lo global para pasar a lo local: lo sucedido en Monterrey en el Colegio Americano, donde un joven de 15 años disparó sin motivo aparente a su maestra y compañeros, y luego se quitó la vida.

Evidentemente, que un caso así es un asunto que requiere matices multidisciplinarias y solo así puede atenderse. Las áreas involucradas van desde la competencia de la sociedad, de casa, de la escuela, de salud pública y del propio individuo.

Si, la sociedad y el gobierno crearon un entorno en donde la generación
del chico creció, viendo violencia, muertos, cabezas rodantes, cuerpos colgados. Así mismo no podemos olvidar el temor de los padres con el que se vivía. Tampoco se debe dejar de ver que la autoridad pública no ha sabido atender el problema de la salud mental y aun se ve y se comunica como algo a esconder y de lo que no se puede hablar y mucho menos, por cuestiones de falta de recursos, atender desde el plano público. Como consecuencia, el tema se esconde en las escuelas y en las familias y nadie lo quiere ver de frente para atenderlo y buscarle soluciones.

Hablo de esto pues se ha dicho que el joven que provocó el incidente en
el Colegio Americano pasaba por una depresión, misma que sus padres ya atendían.

Ante los hechos, la sociedad apunta con el dedo, sin darse cuenta que
cuando hace eso, tres dedos más apunta hacia uno mismo. Esto es, el
momento donde cada uno de nosotros debe preguntarse: ¿Qué he hecho o dejado de hacer para que estas cosas sucedan?, ¿Qué puedo hacer para minimizar este tipo de casos?, ¿En mi entorno familiar y de trabajo, atendemos este tema cuando el estrés ataca a nuestros trabajadores, cuando la salud explota y la mala alimentación se hacen presentes, o sigo presionando para que el empleado, el joven o los resultados esperados se den?.

Las anteriores son preguntas que cotidianamente debemos hacernos y ver en nuestro alrededor que pasa, ser conscientes de ello y actuar en
consecuencia. Y a pesar de todo lo anterior, estos casos pueden suceder pues hay factores incontrolables del actuar individual donde llegar hasta el detalle es casi imposible.

Comparto lo anterior pues soy directora de una preparatoria y tenemos
un equipo de trabajo y supervisión cotidiano que segura estoy nunca es suficiente para quien intenta desde la desesperación hacer o llamar la atención de una sociedad.

Nosotros contamos con un guardia a la entrada que deben buscar la
seguridad cuidando la integridad y el respeto a los derechos humanos de cada alumno. Tenemos un centro de Orientación Estudiantil, en donde los jóvenes son atendidos si tienen un problema emocional menor y de ser éste mayor se canalizan a un psicólogo, psiquiatra o institución de atención a enfermedades mentales o de farmacodependencia. También tenemos tutores por grupo y claro están
los maestros que día a día observan lo que sucede en el salón. Más todo esto no solo no controla lo que nuestros jóvenes en y viven en casa, en el camión, en su celular y todas las cosas con las que son bombardeados, en donde la violencia es la invitada principal y el desamor y placer son los actores secundarios.

Aprovecho este espacio para invitar a nuestros lectores a buscar apoyo
o saber donde pueden conseguir información y atención psicológica, y de otro tipo según sea el caso. Demos el paso hoy antes de que sea
demasiado tarde: www.estima.org, grupos de Alcoholicos Anónimos 24 horas en Monterrey 818371 86- 77, Clínica de Atención a la Violencia
Familiar de la UANL 8303 8856, Dirección de psicología de la UMM
8130 7950 ext. 1515. Claro hay muchas mas!!!

* La autora es maestra en Administración Pública. Tiene experiencia en administración pública local y estatal y en el área de docencia. Exdiputada federal. Se define como ciudadana de tiempo completo.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.