Monterrey

Thank you Mr. Trump

Opinión. Es momento de establecer una política industrial de tal manera que nos lleve a un crecimiento económico sostenido, orientado a las exportaciones.
OPINIÓN ACADÉMICA
TECNOLÓGICO DE MONTERREY

EDUARDO CARBAJAL
​edcarbaj@itesm.mx
05 diciembre 2016 10:31 Última actualización 05 diciembre 2016 10:37
Eduardo Carbajal

Eduardo Carbajal

Parece extraño que comencemos agradeciéndole al presidente electo de Estados Unidos (EU), pero espero poder convencer a los lectores de que tenemos una gran oportunidad frente a nosotros.

Después de desgarrarnos las vestiduras por la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de EU, es tiempo de reflexionar sobre los efectos económicos a nuestro país, que traerá esta decisión de la población estadounidense.

Más allá de las cuestiones de índole política y social que puedan existir por la próxima presidencia del señor Trump, debemos tener una visión diferente en cuanto a los efectos económicos, que si bien en primera
instancia parecen adversos, creo que existen elementos positivos que vale la pena comentar. Una de las primeras efectos es que si Trump incentiva a las empresas estadounidenses para no traer inversión
extranjera directa a México (tal como lo hizo con Ford y con Carrier),
la proporción de inversión extranjera que representa Estados Unidos para nuestro país debería de ser buscada en otras latitudes. El bajo nivel de flujos de inversión que tenemos con Canadá, Japón y Australia,
podrían representar una buena oportunidad para modificar la estructura de la inversión extranjera en nuestro país. En la parte comercial, es evidente que EU tratará de reformular el Tratado de Libre Comercio de
América del Norte y fortalecer su mercado interno, limitando sus importaciones, incluyendo las que provienen de México. Como para nadie es un secreto el nivel de dependencia comercial que tenemos con EU, esto debe representar una oportunidad de buscar mercados
diferentes para nuestras exportaciones. Y ahí, la lista de países a donde enfocarnos abunda: Corea del Sur, Alemania, Reino Unido, América del Sur en su conjunto y China. La economía mexicana en su conjunto podría beneficiarse de las políticas proteccionistas de Trump si también
se fortaleciera el mercado interno en nuestro país. Como resultado de tener un mercado cerrado, se crearían los incentivos naturales para fortalecer el consumo de bienes nacionales, en detrimento de los bienes
importados. En gran escala, la compra de bienes y servicios hechos
en México, favorecería los términos de intercambio y podría ayudar a reducir las presiones sobre el tipo de cambio, al no demandar dólares para comprar bienes extranjeros.

Si Trump cumpliera la promesa de gravar las remesas que nuestros compatriotas nos mandan desde EU, significaría reducir la primera fuente de ingresos financieros internacionales del país. Y sí, eso sí sería
muy grave en el corto plazo. Pero estudios elaborados por economistas del Tecnológico de Monterrey y de la Universidad Autónoma de Nuevo León han demostrado que el consumo que hacen los mexicanos que provienen de las remesas internacionales, se destina principalmente a bienes de consumo y no a bienes duraderos, por lo que se podría desestimar el efecto de la reducción de remesas en el largo plazo.
Por cierto, las remesas tendrían un declive natural en su monto también debido al plan de deportaciones masivas que el señor Trump propuso. Eso significaría el regreso, en cuatro años, de casi dos millones de
mexicanos que están acostumbrados a trabajar mucho, a gastar mucho y a pagar impuestos. Esta “legión extranjera” se sumaría a nuestra fuerza laboral, haciendo que tanto las ofertas de empleo, como los salarios, puedan ser más competitivos en el futuro.

El Trump haya sido elegido el presidente de EU para los siguientes cuatro años debe ser visto como la oportunidad histórica de México de crecer económicamente de forma menos dependiente y soberana. No creo que haya muchas oportunidades para replantear nuestro modelo económico y hacer los cambios necesarios para hacerle frente a nuestras circunstancias. Es momento de establecer una política industrial de tal manera que nos lleve a un crecimiento económico
sostenido, orientado a las exportaciones. Es momento de fortalecer el mercado interno desde lo más básico, que es comprar bienes de procedencia nacional, hasta lo más complicado, que es invertir en
investigación y desarrollo. Y concluyo: muchas gracias señor Trump por venir a sacarnos de la zona de confort y obligarnos a buscar un mejor futuro para nuestros hijos.

* El autor es es economista y profesor de Finanzas y Economía de la
Escuela de Negocios del Campus Monterrey.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.