Monterrey

Te tengo un negociazo

OPINIÓN. "Mientras más riesgosa sea una inversión, la tasa de rendimiento que va a otorgar debe ser mayor a la que otorgue otra inversión de menor riesgo".
OPINIÓN ACADÉMICA TECNOLÓGICO DE MONTERREY
Roberto Alvarado
roberto.alvaradoc@itesm.mx
20 febrero 2017 9:52 Última actualización 20 febrero 2017 14:43
Roberto Alvarado, profesor del Departamento Académico de Contabilidad y Finanzas del Campus Monterrey.

Roberto Alvarado, profesor del Departamento Académico de Contabilidad y Finanzas del Campus Monterrey.

El amigo de un amigo tuvo la buena fortuna de que le ofrecieran una inversión muy especial y exclusiva. Cierta compañía que se dedicaba a instaurar franquicias, entre ellas una rosticería de pollos y una proveedora de facturas electrónicas, le prometía lo siguiente: Al invertir 1 millón de pesos le aseguraba un rendimiento del 10 por ciento mensual, y al terminar el plazo forzoso de 24 meses le devolvería su inversión inicial.

Me comentaba mi amigo que la inversión era “libre de riesgo” porque se firmaría un contrato avalado ante Notario Público. Además, quería saber si era un buen rendimiento para que él invirtiera también en esa propuesta. Le dije que le podía asegurar que ese contrato no diría que el negocio era libre de riesgo. Al ver su cara de decepción le dije que pidiera el contrato, les comentara su inquietud sobre el riesgo y ya cuando lo tuviera lo podíamos revisar juntos.

¿Cómo estaba tan seguro que no era inversión “libre de riesgo”? Muy simple, porque esos rendimientos estaban muy por encima de la tasa libre de riesgo, lo que rompía una de las reglas básicas de las finanzas.

En las finanzas existe un axioma que establece que a mayor riesgo mayor rendimiento. Lo cual quiere decir que mientras más riesgosa sea una inversión, la tasa de rendimiento que va a otorgar debe ser mayor a la que otorgue otra inversión de menor riesgo. Ya que al tener dos inversiones con la misma tasa, los inversionistas racionales escogerían aquella que tuviera un menor riesgo.

El instrumento por excelencia que se considera libre de riesgo son los Certificados de Tesorería (Cetes) del Banco de México. Esto debido a que es prácticamente imposible que el Gobierno Mexicano deje de pagarlo, porque eso significaría que no tiene la capacidad económica para saldar esas deudas. O poniendo en otras palabras, sería el equivalente a que el país estuviera en quiebra. Y como México tiene la capacidad de imprimir los billetes que hay en circulación, la posibilidad de que no cumpla con el pago de Cetes es casi nula.

Analizando la propuesta que nos presentaron, podemos ver que el rendimiento de 10 por ciento mensual es un equivalente de 120 por ciento anual (considerándolo cómo tasa nominal sin poder reinvertir los rendimientos). Esto está muy por encima de la tasa de Cetes a 28 días cuyo promedio en el 2016 fue de 4.20 por ciento. Por lo tanto, no tiene sentido financiero que una inversión sin riesgo proporcione un rendimiento que sobrepase de tal manera a los Cetes.

Por otro lado, el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) en la Bolsa Mexicana de Valores tuvo un rendimiento de 8.50 por ciento en el 2016.

Si lo comparamos con el 4.20 por ciento promedio de los Cetes, se observa que aquí sí se cumple el axioma mencionado porque es más riesgoso invertir en el IPC que en los Cetes. Esto debido a que los Certificados de Tesorería tienen un rendimiento asegurado, mientras que el del IPC es variable dependiendo de los desempeños de las empresas que lo forman.

Así que simplificando, la oportunidad de negocio en cuestión tendría que ser aproximadamente 14 veces más riesgosa que invertir en Bolsa para que diera el rendimiento del 10% mensual. Esto es una simplificación porque la relación ganancia/riesgo no es estrictamente lineal y hay otros factores que hay que considerar. Ojo, esto no quiere decir que no existan oportunidades de negocio que den rendimientos altos y mayores que los de la Bolsa. Lo que hay que tener muy en claro es que uno no puede esperar obtener ganancias altas sin adquirir riesgos igualmente grandes.

Hay que considerar que todas las oportunidades de negocio tienen riesgos, los cuales pueden ser inherentes al mercado en su totalidad (crisis financieras, desastres naturales, guerras, etc.) y los específicos para un negocio en particular (demanda del producto, estacionalidad, disponibilidad de materia prima, etc.).

Obviamente la empresa nunca nos envió el contrato y jamás le contestaron a mi amigo. Esto era de esperarse porque era imposible que una empresa pudiera cumplir con esos rendimientos tan altos sin incurrir en riesgos abismales.

Así que recuerden que como dice mi abuelo: Si algo es demasiado buena para ser verdad, probablemente no lo sea.

El autor es profesor del Departamento Académico de Contabilidad y Finanzas del Campus Monterrey. 

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.