Monterrey

Stephen Bannon y el escape de la Trampa de Tucídides

OPINIÓN. Si Bannon ha escuchado a empresarios estadounidenses, a los miembros del Congreso o a la presidenta de la Reserva Federal, debe haber descubierto lo contraproducente de sus ideas nacionalistas.
OPINIÓN ACADÉMICA 
Norma A. Hernández Perales
03 abril 2017 8:30 Última actualización 03 abril 2017 9:30
Norma A. Hernández Perales, Directora Asociada de la Escuela de Negocios del Campus Monterrey.

Norma A. Hernández Perales, Directora Asociada de la Escuela de Negocios del Campus Monterrey.

Entender lo que sucede en un país es conocer quién está moviendo sus hilos, en Estados Unidos es claro que Stephen Bannon, estratega jefe de Trump, es la fuerza intelectual detrás de su agenda nacionalista.

Bannon es director ejecutivo de la campaña presidencial de Trump, de familia católica irlandesa proKennedy, graduado de Virginia Tech, con maestría en estudios de Seguridad Nacional en Georgetown, MBA con honores en Harvard. Trabajó en Goldman Sachs, posteriormente, creó su firma de inversiones “Boutique” en el área de comunicación.

Sin lugar a dudas, Bannon no es un hombre que carezca de talento y educación; sin embargo, está claro que desafía el statu quo. Michael Wolff escribe en su artículo “Ringside With Steve Bannon at Trump Tower as the President-Elect’s Strategist Plots ‘An Entirely New Political Movement’” (en The Hollywood Reporter, 2016) que Bannon ha expresado que el nuevo gobierno se encuentra en una batalla contra los medios de comunicación y otras fuerzas “globalistas” que han llevado a Estados Unidos a la situación precaria -en la que según ellos- se encuentra y, que para volver a la grandeza del país, hay que hacer una “deconstrucción” del sistema de gobernabilidad que ha llevado a Estados Unidos a ser una potencia.

La agenda de Bannon llega a ser tan importante que se coloca por encima de la de Trump. La de Bannon mantiene “el proceso de deconstrucción del estado administrativo” (según el artículo “Estratega jefe de la Casa Blanca: ‘El gobierno está en proceso de deconstrucción del Estado administrativo’” en El Mostrador, 2017), es decir, finaliza el sistema de impuestos, regulaciones, pactos comerciales, inmigración y el Obamacare. Lo anterior debido a que Trump y sus consejeros creen que dichos sistemas bloquean el crecimiento económico e infringen su soberanía.

Trump y Bannon, con su amenaza de destruir el orden internacional se acercan a la Trampa de Tucídides. Esta sucede cuando un poder creciente desafía a otro, en este caso China a Estados Unidos. Esta trampa se basa en la guerra del Peloponeso que devastó a Grecia, el historiador Tucídides explicó: “Fue el ascenso de Atenas y el temor que esto inculcó en Esparta lo que hizo inevitable la guerra”. En los últimos 500 años, estas condiciones han ocurrido dieciséis veces. La guerra estalló en doce de ellas. Hoy, cuando una China imparable se acerca a una América inamovible y tanto Xi Jinping como Trump prometen hacer que sus países “vuelvan a ser grandes”, el caso decimoséptimo parece acercarse. A menos que China esté dispuesta a disminuir sus ambiciones o Washington pueda aceptar convertirse en el número dos en el Pacífico, un conflicto comercial, un ataque cibernético o un accidente podrían empezar una guerra. En el libro “Destined for War” Graham Allison, profesor de Harvard, explica por qué la trampa de Tucídides sirve para entender las relaciones entre Estados Unidos y China actualmente, y los riesgos y cambios que se verán.

Bannon debe saber que no todo en lo que se basa su estrategia es verdad, migajas lanzadas a los votantes de baja información desesperados por encontrar culpables de sus problemas económicos. Si Bannon ha escuchado a empresarios estadounidenses, a los miembros del Congreso o a la presidenta de la Reserva Federal, debe haber descubierto lo contraproducente de sus ideas nacionalistas. Sin embargo, su afán por “deconstruir” las democracias liberales y un sistema internacional que ha mantenido una relativa paz y prosperidad, se muestra inquebrantable.

Bannon y Trump están viviendo una fantasía al implantar un modelo autoritario que empobrecerá más a los más necesitados de Estados Unidos. Además, desatará una persecución por nacionalidad y racismo, habrá control sobre los medios de comunicación, “fake news” e implantación de la idea de que el cambio climático es un engaño, es decir, ideas preconcebidas para manejar a sus simpatizantes.

Cuando Trump no pueda lograr sus objetivos -por ejemplo, reemplazar el Obamacare - los miembros de su base notaran que su estilo de vida no está mejorando. En estas últimas semanas está prosperando una importante coalición de políticos racionales de derecha e izquierda, quienes entienden que la globalización es deseable y que las normas democráticas merecen ser preservadas, ha decidido que lo que Trump quiere destruir, merece ser preservado. Están en una gran pelea y las apuestas no podrían ser más altas.

La autora es Directora Asociada de la Escuela de Negocios del Campus Monterrey. Su mail es normahernandez@itesm.mx

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.