Monterrey

¡Soy de mecha corta!

OPINIÓN. Si usted pierde los estribos fácilmente, tenga cuidado, porque lo único que esto denota, más allá de su herencia, aprendizaje o instinto, es que no tiene la fuerza de voluntad suficiente como para elegir y moldear sus actitudes y comportamientos. En pocas palabras, que no tiene la capacidad para auto-controlarse.
EMPRESAS FAMILIARES
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
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19 abril 2017 9:29 Última actualización 19 abril 2017 9:30
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Generalmente justificamos nuestro mal carácter y nuestras malas formas, atribuyéndolas al temperamento heredado, al carácter—aquellos hábitos, comportamientos y conductas que aprendimos y practicamos continuamente (ligados a nuestros valores morales)—, o incluso, al instinto de supervivencia: “Fue por instinto que reaccioné así”.

Sin embargo, y aún y cuando el instinto, el temperamento y el carácter son tres componentes significativos de la personalidad, éstos no rigen determinantemente nuestra forma de ser y actuar. Existe un elemento adicional: la voluntad—o inteligencia. Y es que, la voluntad es en sí, la facultad de elegir cómo usar de forma positiva y prudente nuestra fuerza interior; es la capacidad de tomar decisiones y ordenar la propia conducta.

Así que, si usted pierde los estribos fácilmente, tenga cuidado, porque lo único que esto denota, más allá de su herencia, aprendizaje o instinto, es que no tiene la fuerza de voluntad suficiente como para elegir y moldear sus actitudes y comportamientos. En pocas palabras, que no tiene la capacidad para auto-controlarse.

Por eso, cuando converso con miembros de la siguiente generación y oigo frases como “¡Soy de mecha corta!” o “Tengo carácter fuerte, ¡qué quieres que haga!”, mi respuesta tiende a ser, consistentemente: ¡Qué pena! Porque siendo de mecha corta o no sabiendo controlar tu carácter, difícilmente llegarás a ser director… Y mucho menos, en la empresa de tu familia.

Y es que, a la hora de dirigir un negocio, hay dos habilidades que todo director debe tener: voluntad e inteligencia emocional—la capacidad de comprender a otros y de expresar de manera justa y prudente las emociones.

En la empresa familiar, estas habilidades se vuelven esenciales, especialmente cuando uno no es el fundador. Efectivamente, un fundador puede ser impositivo, intimidante y de mecha corta, puede explotar con sus colaboradores y en el peor de los casos quedarse sin empleados (o invalidarlos y llevarlos a su nivel de incompetencia), pero nadie, absolutamente nadie, podrá negar que es el dueño único y absoluto del negocio. Son sus canicas; tiene el poder.

Para bien o para mal, cuando hablamos de siguientes generaciones, la película suele ser bastante diferente. Para empezar, la propiedad está distribuida; hay varios dueños. Para continuar, éstos pueden tener diferentes intereses y visiones. Así que, si un miembro de siguiente generación quiere ser director del negocio de la familia, no bastará con que sea un excelente profesional; deberá también ejercer como un muy prudente comunicador, negociador y oyente—informar adecuadamente a la familia, entender sus necesidades, controlar sus impulsos y no dañar innecesariamente a los otros. Al final, siempre seremos familia ¿O no?

Así que, aprendamos a decir las cosas mesuradamente, a auto-controlarnos y a ser justos y sensatos. Es una decisión consciente; no una atribución divina. Y es que, todos tenemos un límite—a nadie le gusta que lo hagan sentir menos; que no le informen; que “jueguen con sus canicas” y mucho menos, que lo critiquen o anulen continuamente (genera tensión a nivel de negocio y conflicto en la familia). Y cuando los accionistas se cansan, se arman revoluciones, se derrocan dictadores o en el mejor de los casos, no se eligen directores familiares.

Por ello, si la intención es dirigir la empresa de la familia, ¿no sería prudente entonces, tener la voluntad suficiente como para alargar la mecha?

La autora es Socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.