Monterrey

Sobre el código del mercado cambiario

OPINIÓN. Para el caso del peso se estima que diariamente se hacen transacciones por un aproximado de 112 mil millones de dólares, de los cuales sólo el 5 por ciento representan transacciones para importaciones y exportaciones
ENTORNO MACRO-ECONÓMICO
Gabriela Siller
gsiller@bancobase.com
01 junio 2017 9:36 Última actualización 01 junio 2017 9:36
Gabriela Siller, economista.

Gabriela Siller, economista.

La semana pasada Banco de México anunció que prepara un código para el buen funcionamiento del mercado cambiario, junto con otros 15 bancos centrales del mundo. El mercado cambiario es el menos regulado en el mercado financiero, además está abierto las 24 horas, los 365 días del año. Lo anterior lo hace altamente susceptible a la especulación y sobre todo a la manipulación. Hace un par de años cuando se descubrió que en el mercado de Londres se estaba manipulando a la LIBOR se pensó que seguramente las divisas también estaban siendo manipuladas, pues a veces mostraban movimientos erráticos, cambios de dirección y movimientos extraordinarios en horas no hábiles y sin ningún motivo aparente.

Cabe destacar que el precio de las divisas que tienen un régimen cambiario de libre flotación depende de la oferta y demanda del mercado interbancario, el cual se encuentra a lo largo de todo el mundo. Para operar divisas existen diferentes medios: teléfono, viva voz, plataformas especializadas de brokers y bancos. Entre todas ellas las plataformas especializas son las que tienen la mayor participación de mercado, con precios de las divisas prácticamente iguales, ya que al diferenciarse se abren oportunidades de arbitraje que se toman inmediatamente.

Una particularidad del mercado de divisas es que quien opera sólo debe reportar las ganancias que obtuvo, no el monto de compra y venta de éstas, lo cual dificulta el cálculo de las transacciones del mercado cambiario. Asimismo, están también las coberturas Over The Counter (OTC) de las cuales se debe reportar sólo el riesgo abierto. Así, los bancos centrales del mundo no conocen el monto diario de las operaciones, sino sólo una aproximación y el cálculo diario se pblica con bastante rezago por el Banco Internacional de Pagos y en algunas ocasiones es divulgado por las empresas dueñas de las plataformas especializadas donde se llevan a cabo las transacciones. En un mercado así de opaco es de imaginarse que todo pueda pasar, sobre todo cuando a nivel internacional existen instituciones con grandes capitales capaces de mover hacia un lado u otro las cotizaciones.

Para el caso del peso se estima que diariamente se hacen transacciones por un aproximado de 112 mil millones de dólares, de los cuales sólo el 5 por ciento representan transacciones para importaciones y exportaciones.

El resto es por compra o venta de instrumentos financieros mexicanos y por especulación con el peso como medio de inversión. También por eso desde hace algunos años la cuenta de errores y omisiones, que se supone es sólo de cuadre, empezó a mostrar un comportamiento errático.

Las divisas al ser usadas como medio de inversión y no como medio para comprar un instrumento financiero, causan movimientos en la balanza de pagos, pero no es registrado en la cuenta corriente al no ser parte del comercio internacional, ni en la cuenta financiera por que no se trata de instrumentos financieros, sino de divisas. Así, la cuenta de errores y omisiones parece estar reflejando el desempeño de la divisa. De hecho, al hacer un ejercicio econométrico llama la atención que la mayor correlación de los movimientos del peso es con esta cuenta, en lugar de moverse por las exportaciones netas o la inversión extranjera.

Así, el código es una buena iniciativa y puede ser un parteaguas para el mercado cambiario, pero si se quiere tener impacto significativo debe incluir en principio mayor desglose de la información sobre las transacciones, ya que los mercados con información asimétrica y menos regulados abren la puerta a la manipulación.

La autora es economista en Jefe de Grupo Financiero BASE y profesora de economía en el Tec de Monterrey.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.