Monterrey

Seamos realistas,
pidamos lo posible

Opinión.                  Es sano y necesario que la juventud de ideas generacionales e irrumpa en el escenario local con una nueva forma de hacer las cosas y que demuestre que los “millennials” son una generación comprometida con su entorno pero que, sobre todo, tiene la capacidad de llevar la innovación a la arena política.
ENTRADA LIBRE

SERGIO LÓPEZ RAMOS
​slramos2020@gmail.com
25 octubre 2016 9:24 Última actualización 25 octubre 2016 11:12
Sergio López Ramos

Sergio López Ramos

Desde el año 2012, entramos a una nueva fase política en el Estado y en el país. Durante el primer tercio de la Presidencia de Enrique Peña Nieto, se consensaron y aprobaron las llamadas “reformas
estructurales” y con la elección de la mayoría de los diputados federales en las elecciones del 2015, parecía que los neoloneses y los mexicanos otorgaban un voto de confianza a la administración federal.

Por supuesto, los cimientos del edificio en el que se sustenta la gobernabilidad han enfrentado grandes retos como la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y por supuesto, la aprobación de las figura de las candidaturas independientes que permite a los ciudadanos no partidistas ser elegidos para ocupar un cargo de elección pública en nuestro país.

Las primeras fisuras en el sistema se hicieron presentes en el sistema de partidos con las victorias de Jaime Rodríguez, en Nuevo León; y de Pedro Kumamoto, como Diputado Local en Jalisco.

Y por si fuera poco en las elecciones locales de este año, de las doce
gubernaturas en juego, el Partido Acción Nacional se llevó la victoria
en Aguascalientes, Chihuahua, Puebla, Querétaro y en alianza con
el Partido de la Revolución Democrática obtuvo la victoria en estados donde nunca habían tenido una alternancia a la democracia como Durango, Quintana Roo y Veracruz.

De esta forma, el Partido Revolucionario Institucional solo pudo alzarse la victoria en Hidalgo, Oaxaca, Sinaloa, Tlaxcala y Zacatecas, poniendo en entredicho la aprobación y la capacidad de alcanzar consensos del gobierno federal con las fuerzas de oposición pero sobre todo, la ciudadanía dejó en claro su sentimiento de insatisfacción contra el PRI y el gobierno federal.

Según la última Encuesta Nacional sobre Corrupción y Prácticas Ciudadanas del 2012, 8 de cada 10 ciudadanos perciben a la política como un tema muy complicado o algo complicado.

Además, el 65 por ciento de los ciudadanos entrevistados señalaron tener poco interés en la política pero no solo eso, sino que hace cuatro
años, el 64 por ciento de los encuestados pensaban que México no va
por el rumbo adecuado. Por si fuera poco, ocho de cada diez ciudadanos está de acuerdo o muy de acuerdo en que el ejercicio al voto es el único mecanismo que tenemos los ciudadanos.

En nuestra entidad, el grupo demográfico de los “millennials” tiene
la oportunidad de diseñar alternativas locales que permitan demostrarle
la comunidad que los ciudadanos no solamente tienen nuevas ideas sino que además tienen la capacidad de diseñar y aplicar herramientas para enfrentar los retos que más nos apremian.

Es hora de que la agenda política la construyamos los ciudadanos, no los políticos.

Nuevo León es semillero de líderes emprendedores, sociales, empresariales y comunitarios. Nuestro estado y México son demasiado grandes para dejarlo en manos únicamente de políticos que han demostrado de forma consistente que no quieren jalar por el bienestar de nuestra comunidad, que no pueden enfrentar los grandes retos que tenemos y que no entienden la idiosincrasia de nuestra comunidad. Es sano y necesario que la juventud de ideas y generacionales irrumpa en el escenario local con una nueva forma de hacer las cosas y que demuestre que los “millennials” son una generación comprometida con su entorno pero que, sobre todo, tiene la capacidad de llevar la innovación a la arena política. Todavía tenemos tiempo.

* El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.​

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.