Monterrey

Rivalidad en la Familia Empresaria: ¿Celos o Envidia?

OPINIÓN. Los celos y la envidia representan falta de confianza en relación al afecto y amor del que gozamos, y a las propias cualidades y potencialidades que ostentamos.
EMPRESAS FAMILIARES
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
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09 agosto 2017 9:40 Última actualización 09 agosto 2017 9:40
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

El hecho de que pueda existir rivalidad en la familia empresaria, especialmente entre los hermanos, no es novedad. Hemos visto ya muchos ejemplos. No obstante, lo verdaderamente interesante cuando hablamos de este tema no es el QUIÉNES, sino el CÓMO y el POR QUÉ.

La rivalidad entre hermanos se da cuando alguno de los hijos percibe que alguien más (i.e. otro herman@) le está robando atención, recursos o posición—en la familia o empresa—, siendo un proceso cognitivo, emocional y conductual en el que se visualiza al otro como una “amenaza”. Es precisamente por ello que los celos, y potencialmente, la envidia, afloran.

Los celos y la envidia son sentimientos innatos a la naturaleza humana y existen en todo tipo de interacciones sociales. Y, aunque generalmente van de la mano, existen diferencias sustanciales en sus motivaciones y comportamientos asociados.

Los celos ocurren solamente cuando existe una “triada”, es decir, cuando una persona que tiene una relación muy estrecha y valiosa con otra (papá, mamá, o inclusive con la propia empresa familiar) teme perderla debido a un tercero. Durante este proceso, el individuo experimenta sentimientos de miedo, amenaza, exclusión, abandono o pérdida anticipada, lo cual le provoca ansiedad, tristeza y enojo. Los celos incitan comportamientos defensivos, posesivos y en casos extremos, el deseo de proteger y mantener la relación a toda costa. Al final, el argumento para justificar esta conducta es: Me están quitando la amistad, el amor, el apoyo de mi familia o la posición de poder en la empresa. Debo defenderlo sin límites y compensar el daño.

La envidia, por otro lado, se da en díadas, estando relacionada con el deseo de tener algo que el otro (hermano o padre) posee, ya sea características, pertenencias o relaciones. La envidia es más destructiva a título emocional que los celos, ya que al final, no se trata de defender algo que es nuestro, sino de destruir al otro para apoderarnos de lo que él o ella tienen. La envidia se enfoca en sustituir, no en recuperar, teniendo como cimiento principal las inseguridades del envidioso, y provocando en la persona que la engendra amargura y hostilidad. Concisamente, el argumento para justificarla es: Esto no es justo; yo debería tener…Y lo tendré a pesar de todo.

Los celos y la envidia representan falta de confianza en relación al afecto y amor del que gozamos, y a las propias cualidades y potencialidades que ostentamos. Estos sentimientos florecen comúnmente cuando la familia no ha convivido lo suficiente; cuando los lazos emocionales no se han nutrido y consolidado, y cuando los objetivos compartidos del grupo familiar son escasos.

¿Cómo minimizarlos o tratar de evitarlos? Cuidando los comportamientos aprendidos en casa… Papá y mamá deben proveer a los hijos (desde pequeños) guías claras para regular sus actitudes egoístas, envidiosas, celosas o avanzosas.

¿Qué pasa si no se hace? Si durante la niñez y adolescencia no se trabajó lo suficiente en la formación solidaria, en la prevención de favoritismos y en el establecimiento de límites—hasta dónde puedo llegar cuando se trata de mi madre, padre, hermano o familia—, en la adultez, los retos no se harán esperar,… y las rivalidades familiares-empresariales tampoco.

Los celos y la envidia son disfuncionales, detonan resultados destructivos a nivel familiar-empresarial y conllevan conflictos a futuro…¡No los promuevas!

La autora es Socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.