Monterrey

Retrocesos locales

OPINIÓN. La decisión de Mauricio Fernández de abandonar la plataforma “Alcalde, ¿Como Vamos?” refleja la verdadera esencia de los principales partidos políticos en el poder. Quién diría que Fernández Garza, un político que se enfrentó al sistema en busca de la democratización de la vida política de nuestra entidad, decidiera darle la espalda a una plataforma de ciudadanos.
ENTRADA LIBRE
Sergio López Ramos
slramos2020@ gmail.com Twitter: @serlopram
20 junio 2017 8:43 Última actualización 20 junio 2017 9:25
Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Nos decían que gracias al nuevo enfoque preventivo en materia de seguridad pública implementado por la administración federal, la inseguridad en México se reduciría drásticamente. Nos decían que el PRI demostraría con hechos que, contrario al PAN, ellos si sabían gobernar.

Que las once reformas estructurales impulsadas por el PRI y aprobadas por las fuerzas políticas a través del “Pacto por México” serían el detonador del desarrollo económico.

Nos decían que era imposible que una candidatura ciudadana para la gubernatura del Estado prosperara en Nuevo León, donde únicamente el PRI y el PAN han administrado la entidad. Que la sociedad civil enfrentaba una carrera cuesta arriba para enfrentar a las poderosas maquinarias electorales.

El mundo ha cambiado, y estamos inmersos en una serie de procesos que ocurren a una velocidad mucho más rápida para comprenderlos. Así, las expectativas que se generaron en los escenarios nacional y regional han sido decepcionantes.

Mientras que el PRI a nivel federal nos ha mostrado el rostro más perverso del poder, con una corrupción rampante, miles de ciudadanos asesinados, y debilitando las instituciones para afianzar su poder, en Nuevo León, los alcaldes del PRI y del PAN han decidido darle la espalada a los ciudadanos.

La decisión de Mauricio Fernández de abandonar la plataforma “Alcalde, ¿Como Vamos?” refleja la verdadera esencia de los principales partidos políticos en el poder. Quién diría que Fernández Garza, un político que se enfrentó al sistema en busca de la democratización de la vida política de nuestra entidad, decidiera darle la espalda a una plataforma de ciudadanos.

Para George Monbiot, editorialista del periódico inglés “The Guardian”, los fracasos políticos son fracasos de la imaginación de los políticos. El regreso del PRI al gobierno federal nos ha demostrado que siguen vigentes las mañas de la corrupción, la represión y el autoritarismo. Pero también nos ha demostrado que no tienen la capacidad de innovar y gobernar de forma diferente.

Así, los políticos profesionales en Nuevo León, sin importar color o grupo, han demostrado no solo falta de madurez en sus diagnósticos de los males que nos aquejan como sociedad, sino que han fallado de una forma increíble en la generación de nuevas formas que permitan regenerar la relación entre las autoridades y los ciudadanos.

Este claro retroceso democrático, a nivel nacional y por supuesto, a nivel local, resulta alarmante por la falta de espacios que le permitan a los ciudadanos encauzar sus demandas, procesarlas y por supuesto, generar soluciones. Si los municipios no están de acuerdo con procesos de participación ciudadana, transparencia y rendición de cuentas, que podemos esperar del Gobierno Federal?

Entonces, qué pasa con nuestra democracia? Se termina cada tres años que salimos de la casilla electoral? Ésta es la democracia sin adjetivos de Enrique Krauze? No podemos seguir eligiendo a representantes que no están abiertos al diálogo, a terminar con la corrupción y sobre todo, que no sean capaces de usar su imaginación para generar nuevos espacios de participación ciudadana.

La visón estrecha de nuestros alcaldes nos demuestra, una vez más, que el sistema político local necesita una fuerte sacudida. Por supuesto, depende de nosotros los ciudadanos.

El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.