Monterrey

Reflexiones sobre el pasado, presente y futuro del TLC

OPINIÓN.Los argumentos políticos empleados por el gobierno ejecutivo norteamericano difieren de esta visión bajo la cual todos y cada uno de los países ganan del comercio y la especialización. En particular, la visión politizada del TLC insiste en presentar al comercio internacional como un “juego de suma cero”, una especie de gran “negociación mercantil”.
OPINIÓN ACADÉMICA UANL
Jorge O. Moreno
08 septiembre 2017 9:27 Última actualización 08 septiembre 2017 9:27
Columnista

Jorge O. Moreno, Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL

En el marco del 60 aniversario de la Facultad de Economía de la UANL, la semana pasada se organizó un magno simposio reuniendo a diversos líderes nacionales e internacionales de los sectores académico, público, privado, para compartir sus reflexiones en torno al papel del Tratado de Libre Comercio sobre el crecimiento en México, y plantear sus perspectivas sobre el tema en el actual contexto coyuntural que enfrentamos.

El evento contó con expertos en materia de comercio internacional, e incluyó a figuras como Idelfonso Guajardo (actual Secretario de Economía y representante de México en las negociaciones del TLC ante EUA y Canadá), Agustín Carstens, Alejandro Werner, Everardo Elizondo, Herminio Blanco, Eduardo Solís, y estuvo engalanada con la conferencia magna dictada por Paul Krugman, cuyas contribuciones en el estudio del comercio internacional y la importancia de la geografía le hicieron ganador del Premio Nobel de Economía de 2008.

Consistente con la incertidumbre percibida por diversos sectores del país en las actuales negociaciones del TLC, particularmente con motivo del incremento en la hostilidad por parte del presidente de EUA Donald Trump hacia México, el foro sirvió como plataforma para plantear la visión y respuestas de estos expertos ante la actual coyuntura.

En general, la visión compartida de la coyuntura actual del TLC es que existen dos elementos contrapuestos que deben ser identificados y que no necesariamente tienen injerencia mutua sobre la actual negociación: los factores de comercio y los argumentos políticos. Por una parte, es innegable la evidencia que muestra como el TLC ha incrementado la actividad comercial e interdependencia para todos sus países, al aumentar tanto exportaciones como importaciones para cada uno de sus miembros.

La teoría fundamental del comercio basada en la especialización y las ventajas comparativas de los países nos dice que la reducción en los precios relativos de los bienes de consumo y en los servicios para todos los países, derivado de la reducción de costos y la especialización, ha beneficiado a todos los consumidores de manera directa, al incrementar la gama de alternativas a su disposición reduciendo el precio de mercado de las mismas. Lo que es más importante para nuestro caso, estos patrones de crecimiento y robustecimiento del sector comercial han sido relativamente mayores para México, en parte por las débiles condiciones iniciales de la economía y los consecuentes ajustes observados en los últimos años.

No obstante, los argumentos políticos empleados por el gobierno ejecutivo norteamericano difieren de esta visión bajo la cual todos y cada uno de los países ganan del comercio y la especialización. En particular, la visión politizada del TLC insiste en presentar al comercio internacional como un “juego de suma cero”, una especie de gran “negociación mercantil”, en donde la ganancia para un país representa la pérdida para otro, o en donde los beneficios globales del comercio son descontextualizados para enfocarse en las pérdidas de aquellos sectores internos que sucumbieron a la especialización y desplazamiento de factores productivos nacionales e internacionales.

De esta forma, el descontento de sectores estadounidenses vulnerables como el de los obreros en las regiones de minas de carbón y acero, encontró en el comercio internacional su razón de enojo, y en México, al causante de todos los males que aquejan a estas comunidades, al “apropiarse” de los beneficios que ellos percibían previos a la apertura, sin considerar otros factores económicos como el desplazamiento de demanda por estos bienes productivos, o la creciente tecnificación que de manera natural ha reducido los requerimientos de mano de obra poco calificada.

Ante la imperiosa necesidad del presidente norteamericano de legitimar su posición política interna dados los múltiples reveses que ha enfrentado su administración y ante la falta de resultados, la necesidad de encontrar un “golpe súbito” o una “ganancia contundente y rápida” ha encontrado en el TLC uno de sus campos de batalla para lograr tal objetivo, y en México a su adversario a vencer, combinando argumentos ideológicos, políticos, y económicos a modo.

Sin embargo, la evidencia reciente de las primeras dos rondas de negociación, nos muestra que nuestro país está preparado para defender los intereses nacionales, en un marco de respeto institucional, utilizando los argumentos legales y de bienestar económico asociados al TLC, simultáneamente que se amplían nuestros socios comerciales y nuestras relaciones con nuevos mercados internacionales.

El autor es Doctor en Economía por la Universidad de Chicago. Es Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-CONACYT Nivel 1.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.