Monterrey

¿Qué es peor que morirse?

OPINIÓN. Peor que morirse es llegar a viejo sin recursos. No sé si será lo peor en términos absolutos, pero ciertamente lo es en términos relativos.
WIKI-LÍTICO
Miguel Moreno Tripp
morenotrip@ gmail.com.mx
11 septiembre 2017 10:6 Última actualización 11 septiembre 2017 10:6
Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Miguel Moreno Tripp, Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane.

Esa pregunta casi siempre la hago a mis alumnos con toda la intención de que tomen conciencia de su futuro económico. ¿Ya tiene alguna respuesta? Piénselo de esta manera: si a los 30 años de edad a una persona le dan las gracias en su trabajo y “lo dejan ir” (¿por qué usar eufemismos? ¿por qué no decirle al pan, pan y al vino, vino?), le están haciendo un favor. Conocerá nuevas empresas o puede emprender un negocio ¿por qué no?

Si a los 40 años de edad lo “dejan ir”, perdón, lo corren, no está tan mal, pues tiene experiencia y ya un track-record que seguramente le servirá para conseguir trabajo relativamente fácil. De nuevo, la alternativa de emprender todavía está presente.

Si lo corren a los 50 años de edad, no va a estar tan fácil que lo contrate alguna empresa, pero perfectamente puede echar a andar un negocio.

A los 60 años de edad, difícilmente alguien lo contratará y también estará difícil, aunque no imposible, emprender un negocio.

A los 70, a los 80 o 90 años de edad, ni lo contratan, ni va a emprender nada. Si no ahorró, ¿de qué va a vivir? ¿de lo que buenamente los hijos quieran aportar? Eso asumiendo que tuvo hijos y que quieran o puedan hacerlo.

Peor que morirse es llegar a viejo sin recursos. No sé si será lo peor en términos absolutos, pero ciertamente lo es en términos relativos.

Visualice que esta Ud. en ese escenario. Aterrador, ¿verdad?

Ese horror lo viven a diario muchos connacionales. Más de un millón de hogares (ojo: hogares que a su vez están conformados por varias personas) vive de la mendicidad. La diferencia no es que se hayan gastado o despilfarrado sus ingresos: simplemente no han tenido ingresos.

Piense en los niños que nacen en el seno de esas familias. ¡Qué injusticia de la vida! Así como nos parece una injusticia que se acabe con el programa DACA, mostrando lo inhumano que puede llegar a ser una sociedad o una persona, nosotros no estamos tan lejos de comportamos así.

De nuevo y me incluyo ¿cómo podemos dormir tan tranquilos a sabiendas de que hay mujeres y niños que se fueron a dormir sin probar bocado y a lo mejor ya llevan dos o tres días? ¿no que muy solidarios? A una persona que le entró al narco, le escuche decir que antes de entrarle, “aguantaba uno o dos días sin comer, pero al tercero ya no podía”. No tenemos sensibilidad social.

Para eso hay instancias gubernamentales, ¿qué no? Resulta que de la SEDESOL se triangulan recursos vía universidades públicas por montos millonarios aparentemente de manera fraudulenta. Que no se nos olvide: son recursos destinados a paliar un poco la pobreza. No tienen abuela.

¿Es alguien de afuera el culpable o somos nosotros al no exigir un alto a la corrupción ni crear suficiente empleo? Hay mucho por hacer por todos nosotros que vamos en el mismo barco.


El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Em- presas, en el IPADE. Se desempeñó como Director Gen- eral de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcio- nar asesoría en temas de Finanzas Corporativas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.