Monterrey

PyMes de México, en el
momento de la definición

OPINIÓN. Con la debida consolidación de este enfoque, de esta nueva cultura de hacer y dirigir negocios en México, la factibilidad de que muchas empresas chicas se conviertan en importantes negocios transnacionales en plazos no necesariamente generacionales, será mucho mayor.
OPINIÓN
ACADÉMICA

TECNOLÓGICO
DE MONTERREY

TERESA ELIZONDO M. 

telizondo@itesm.mx
29 agosto 2016 9:53 Última actualización 29 agosto 2016 9:53
Teresa Elizondo M.

Teresa Elizondo M.

Hace algunos meses, en un reportaje de un noticiero muy reconocido a nivel nacional, dentro de su segmento de economía y finanzas se comentaba que, de acuerdo al último censo económico de 2014 del INEGI, “México es un país conformado por pequeños negocios”.
Reflexionando lo anterior, pude percatarme que esta aseveración
aplica no sólo a nuestro país, sino prácticamente a todos los países a escala mundial. En virtud de que en toda economía, las mejor conocidas como “PYMES” son fundamentales para el desarrollo
económico y son el principal generador de empleo, en forma
casi automática se fomentan y se promueven por ser, teóricamente,
entidades estables ante los ciclos económicos. Siendo en muchos casos una de las principales fuentes de innovación que también promueven el
emprendedurismo en los mexicanos.

Buscando, a través de lo anterior, alcanzar su objetivo principal que es reducir la desigualdad económica y social.

Sin embargo, a pesar de lo enunciado en el párrafo anterior, la experiencia propia y la opinión de diversos líderes y empresarios mexicanos, coinciden en que todos los organismos e instituciones podrán tener mucha claridad sobre los procesos o métodos para mejorar el ambiente y entorno económico para las PYMES, pero al
momento de la implementación y, sobre todo, del seguimiento
se yerra rotundamente, más que nada, burocratizando excesivamente
muchos de los procesos que apoyan el financiamiento, la obtención y desarrollo de habilidades emprendedoras y administrativas y acceso a
la innovación tecnológica, por mencionar algunas. Resulta paradójico
el darse cuenta cómo diversos tipos de organismos (educativos, gubernamentales, empresariales, tec.) han estado realizando múltiples esfuerzos que pretenden dar apoyo a las PYMES y a los emprendedores, y a pesar de estos esfuerzos la nación sigue teniendo una tasa muy alta de mortalidad de este tipo de entidades. En el país, el
82.5% de las PYMES que arrancan, desaparecen antes de los 2 años porque no son rentables, impactando de forma negativa a los pequeños empresarios y a la economía en su conjunto.

Cabe resaltar la poca capacidad de crecimiento que tienen nuestras
PYMES para llegar a ser una empresa grande, esto último queda de manifiesto al observar que en nuestro país el 99.7 por ciento son PYMES y sólo el resto son empresas consideradas grandes, mientras que en un país desarrollado como Estados Unidos, este parámetro es del 8.9 por ciento no PYMES y en un país estructuralmente parecido
al nuestro, como Chile, el 1 por ciento son empresas grandes. Por último, hay que mencionar la poca o casi nula capacidad de las PYMES para generar negocios internacionales, contribuyendo únicamente con el 5% de las exportaciones de nuestro país.

Ante la necesidad de contar con una buena plataforma en materia de desarrollo económico que nos ayude a hacer frente a las expectativas de crecimiento y de alta volatilidad de los mercados; es indispensable
que nuestras autoridades y los grandes conglomerados empresariales
asuman la responsabilidad de crear condiciones e infraestructura para que las pequeñas y medianas empresas sean competitivas y tengan
acceso a insumos y servicios lo más económicos posible. Esto les permitirá seguir un proceso natural de desarrollo y madurez que les de herramientas y permita sortear los problemas naturales de permanencia en el mercado doméstico y posteriormente, a través de la ya mencionada adquisición de habilidades y el desarrollo de una oferta de
productos competitivos, poder atender las aceleradas tendencias
de globalización. 

Con la debida consolidación de este enfoque, de esta nueva cultura de hacer y dirigir negocios en México, la factibilidad de que muchas empresas chicas se conviertan en importantes negocios transnacionales en plazos no necesariamente generacionales, será mucho mayor.

De no hacerlo, seguiremos siendo exclusivamente testigos de cómo este modelo de planeación y desarrollo ha permitido el crecimiento exitoso de países tales como Corea del Sur, MalasiaSingapur, por mencionar algunos; quienes hace poco más de 35 años eran consideradas economías con niveles de desarrollo menores al de nuestro querido país.

* La autora es profesora del departamento Académico de Contabilidad
y Finanzas del Campus Monterrey. 

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.
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