Monterrey

Prioridades

OPINIÓN. La ausencia de ciudadanos críticos, que cuestionen y exijan al Estado que determine una ruta crítica basada en metas alcanzables y medibles que nos permitan evaluar los avances y los cambios necesarios para conseguir nuestras metas.
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LIBRE

SERGIO
LÓPEZ 
RAMOS
02 febrero 2016 11:19 Última actualización 02 febrero 2016 11:27
Sergio López Ramos

Sergio López Ramos

En estos últimos meses, la alegría y el optimismo comunitario que representó la elección de un candidato independiente como Gobernador del Estado de Nuevo León se enfrentan a una realidad que nos permite cuestionar si realmente tenemos un gobierno con visión de cambio o simplemente tiene como objetivo administrar los retos de nuestra comunidad.

Los ciudadanos de Nuevo León hemos sido testigos de acciones y omisiones puntuales que nos dejan conocer lo que parece ser la visión de la administración de Jaime Rodríguez Calderón. Tal parece que el Gobernador de Nuevo León no tiene sus prioridades claras, ni busca empoderar a los neoleoneses a través de la participación ciudadana ni trabaja para que las autoridades (comenzando por él mismo) rindan cuentas.

En primer lugar, ya es costumbre que Rodríguez Calderón utilice sus fines de semana para viajar a diferentes estados del país con el objetivo de impartir conferencias sobre los hitos que marcaron su campaña electoral. Este fin de semana estuvo en Tabasco en donde criticó al eterno candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador por crear un partido político y por “vivir” a costas del presupuesto ciudadano.

Por lo menos los neoloneses tenemos la certeza de que López Obrador recibe un sueldo como Presidente Nacional del Movimiento de Regeneración Nacional si, es producto de los impuestos que pagamos como ciudadanos. Pero lo que miles de neoloneses no sabemos hasta la fecha es el origen de los recursos financieros y los nombres de las personas que hicieron posible la campaña electoral de Rodríguez Calderón; ¿dónde está la transparencia y la rendición de cuentas?

Y posiblemente como no hay temas urgentes que atender en Nuevo León, Rodríguez Calderón prefiere impartir conferencias en todo el país, como si estuviera en una virtual campaña electoral rumbo al 2018.

En segundo lugar, quien logró ser Gobernador de Nuevo León gracias a la participación y la movilización de miles de neoloneses, vetó la Ley de Participación Ciudadana, una demanda de la sociedad organizada y que el mismo Rodríguez Calderón aseguró durante su campaña que impulsaría.

Es posible que la propuesta de ley tuviera errores que pudieran perjudicar el equilibrio de poderes en Nuevo León, pero el Gobierno del Estado pudo involucrarse en la elaboración de la propuesta de ley para fortalecerla y hacerla viable. Además, varios líderes de la sociedad civil organizada colaboran hoy en día con su gobierno, lo que en teoría debe ser una fortaleza que la administración estatal puede explotar.

Pero de nueva cuenta y con hechos, sabemos que para el Gobierno del Estado no es prioridad fortalecer y empoderar a los ciudadanos que le dieron la victoria en las urnas.

Por último y no menos importante es la ausencia de ciudadanos críticos, que cuestionen y exijan al Estado que determine una ruta crítica basada en metas alcanzables y medibles que nos permitan evaluar los avances y los cambios necesarios para conseguir nuestras metas. La misma existencia y encumbramiento de Rodríguez Calderón son únicamente entendidos como resultado de un sistema de partidos que no han servido como herramientas para canalizar las demandas ciudadanas.

Cuestionar a la autoridad es un símbolo de madurez que permite tender un puente de comunicación entre el mandante y el mandatario para intercambiar puntos de vista desde diferentes realidades, incentivando un dialogo que permita enriquecer el análisis.

* El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey; consultor político de la firma internacional Global Nexus y cursa sus estudios de posgrado en la Universidad de Wisconsin.


Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.