Monterrey

¿Por qué EU sigue lanzando bombas
en Afganistán?

Barack Obama dejó el cargo en enero diciendo que sólo 8 mil 400 soldados permanecerían en 2017; Donald Trump, aún no ha articulado una política para Afganistán.
Aleksandra
Gjorgievska
Bloomberg
17 abril 2017 10:46 Última actualización 17 abril 2017 16:20
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La guerra más larga en la historia de Estados Unidos ya terminó técnicamente. Terminó cuando Estados Unidos y sus aliados de la OTAN anunciaron la conclusión oficial de su misión de combate en Afganistán en 2014. Pero con el objetivo de estabilizar el país sin alcanzar, los planes para una salida de las tropas estadounidenses se han retrasado.

Los 13 mil 400 efectivos extranjeros restantes en Afganistán -8 mil 400 de los cuales son estadounidenses- apoyan a un gobierno que se enfrenta a ataques cada vez más intensos de los talibanes, los fundamentalistas islámicos que una vez gobernaron el país. Un acuerdo de paz concebiblemente podría pacificar el país. Pero en ausencia de uno, si las tropas extranjeras se retiran, el débil ejército afgano quedaría vulnerable a la derrota a manos de sus tenaces enemigos.

Desde que el ejército afgano se hizo oficialmente responsable de la seguridad en 2014, el conflicto en el país se ha intensificado. El Estado Islámico estableció una presencia en el este del país y se ha atribuido ataques terroristas en la capital, Kabul. Estados Unidos lanzó la mayor bomba no nuclear en su arsenal contra posiciones del Estado Islámico el 13 de abril, según funcionarios, para que el grupo no tenga libertad de movimiento a través de un sistema de túneles y cuevas.

La mayor amenaza es el resurgimiento del Talibán, que ha expandido su alcance territorial, y controla alrededor de 9 por ciento de los distritos de Afganistán, mientras que otro 26 por ciento está en riesgo de caer.

El número de desplazados internos aumentó casi 80 por ciento en 2015, y más de 200 mil afganos huyeron de la turbulencia a Europa, según la Organización de las Naciones Unidas. Tendencias similares continuaron en 2016.

Las dudas de que el ejército afgano, obstaculizado por un poder aéreo insuficiente y las fuertes pérdidas en combate y deserciones, estaría preparado para quedarse solo, impulsó a Estados Unidos, bajo el presidente Barack Obama, a retrasar la salida de Afganistán tres veces.
Obama dejó el cargo en enero diciendo que solo 8 mil 400 soldados permanecerían en 2017.

Su sucesor, Donald Trump, aún no ha articulado una política para Afganistán. El comandante de las fuerzas internacionales en Afganistán lideradas por Estados Unidos, el general John W. Nicholson, dijo al Congreso en febrero que necesitaba unos pocos miles de efectivos adicionales. Los esfuerzos para organizar las conversaciones de paz se han estancado, y los talibanes, que han experimentado divisiones internas, dicen que no negociarán hasta que todas las fuerzas extranjeras hayan abandonado el país.

En 1989, el ejército soviético se retiró de Afganistán, después de una ocupación de una década que convirtió al país en una línea de frente en la Guerra Fría. Estados Unidos, que apoyaba activamente a los opositores de los soviéticos, incluidas facciones islámicas radicales, también se desentendió.

El caos sangriento siguió hasta que los talibanes quitaron el poder de la capital, Kabul, a combatientes que casi acabaron con ella. Los talibanes impusieron un severo gobierno teocrático y dieron al grupo terrorista al-Qaeda una base para entrenar y lanzar operaciones.

Después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2011, el presidente George W. Bush ordenó una invasión estadounidense cuando los talibanes se negaron a extraditar al líder de al-Qaeda, Osama bin Laden.