¿Por qué decidió Donald Trump imponer un arancel de 25% al acero?
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¿Por qué decidió Donald Trump imponer un arancel de 25% al acero?

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¿Por qué decidió Donald Trump imponer un arancel de 25% al acero?

En Estados Unidos, las importaciones de acero iban creciendo y superaban ya el 35% de la producción nacional, por lo que esta medida tiene como objetivo estimular la producción nacional, encareciendo el acero importado.

Opinión MTY COMENTARIO ECONÓMICO Marco A. Pérez Valtier
07/03/2018
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Marco Pérez ValtierFuente: Félix Vásquez

En una nota anterior, explicaba que en materia económica, un mismo evento puede beneficiar a una parte de la población, pero perjudicar a otra, por lo que el mismo evento puede ser calificado de “benéfico” o de “perjudicial”, dependiendo cómo nos afecta en lo personal.

Por ejemplo, una devaluación, beneficia al exportador, pero perjudica al importador, una mayor tasa de interés, beneficia al ahorrador, pero perjudica al que debe dinero.

En el caso del comercio exterior, permitir la libre entrada de mercancías, beneficia finalmente al consumidor, pero perjudica al productor nacional, y esto es precisamente lo que ha estado sucediendo con la industria del acero en los Estados Unidos, como lo explico a continuación.

La industria mundial del acero, entre 1990 y el año 2000, crecía a una tasa inferior al uno por ciento anual, y su producción pasó de 770 millones de toneladas a 850 millones para el periodo en cuestión.

Sin embargo, en lo que va de este milenio, la producción mundial de acero ha tenido un crecimiento exponencial, debido principalmente al impresionante crecimiento de la industria china, por lo que la producción mundial de acero se ha DUPLICADO, mientras que la industria del acero en los Estados Unidos, durante ese periodo, ha DECRECIDO en un 25 por ciento y el empleo en un 35 por ciento, estando actualmente incluso un 20 por ciento por debajo de los niveles de producción previos a la crisis económica de 2008-2009.

El mercado mundial del acero, en los últimos años, ha estado caracterizado por una sobreoferta que ha llevado a muchos países a venderlo a precios por abajo de mercado, e incluso en México, actualmente se tienen aranceles a la importación del acero chino.

En Estados Unidos, las importaciones de acero iban creciendo y superaban ya el 35 por ciento de la producción nacional, por lo que esta medida tiene como objetivo estimular la producción nacional, encareciendo el acero importado.

Si consideramos que la Industria estadounidense del acero está operando por debajo del 60 por ciento de su capacidad instalada, (mientas que el promedio mundial es de 80 porciento, y hay países que operan al 90 por ciento), la lógica económica de esta medida señala que los precios del acero producido en los Estados Unidos podrían incluso bajar al aumentar la utilización de la capacidad instalada, tan solo por las economías a escala que proporcionan los costos fijos.

Sin embargo, los defensores del libre comercio critican duramente al presidente Trump, viendo solo la mitad llena del vaso, pero no la mitad vacía, es decir, argumentando los beneficios del libre comercio, pero no sus costos.

Si el libre comercio y las imperfecciones de los mercados que no pueden evitar el comercio a precios por debajo de su costo, están llevando a la industria del acero a la quiebra, las consecuencias de no hacer nada, serían ciertamente irreparables.

Y para finalizar, quisiera señalar que la industria del acero en México, en el mismo periodo analizado, del año 2000 al 2017, tan sólo ha crecido en un 15 por ciento, mientras que su capacidad instalada ha crecido en casi un 50 por ciento, llegando ya a los 30 millones de toneladas, pero produciendo solo unas 18.8, lo que representa sólo un aprovechamiento de un 63 por ciento de nuestra capacidad instalada, gracias a que tenemos un DÉFICIT comercial en el mercado del acero de más de nueve millones de toneladas al año.

Si bien nuestra industria acerera no está en vías de extinción, como la norteamericana, es indiscutible que la importación de acero a precios dumping impide un mayor crecimiento de nuestra industria nacional y nos impide ser más competitivos al no aprovechar completamente las economías a escala.

Libre comercio sí, pero no a cualquier precio.

El autor es especialista en estudios económicos y de finanzas públicas. Actualmente ocupa el cargo de Socio de Economía en Pérez Góngora y Asociados. mperezv@perezgongora.com

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.