Monterrey

Pobreza en Nuevo León: Algunas Reflexiones

OPINIÓN. La entidad no ha registrado un crecimiento económico extraordinario o significativo, estos avances parecen ser más el resultado más del cambio en la metodología estadística del INEGI que estar vinculados al diseño de políticas efectivas por parte de los distintos ámbitos de gobierno en fechas recientes.
OPINIÓN ACADÉMICA UANL
Jorge Moreno Treviño
01 diciembre 2017 11:57 Última actualización 01 diciembre 2017 11:57
Columnista

Jorge O. Moreno, Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL

Estudiar la pobreza en el estado de Nuevo León siempre será un tema complicado debido a la naturaleza de la misma en comparación a la observada en otros estados con mayor rezago social en el país. Y es que la población del estado, mayoritariamente urbana, posee problemas y carencias propias de este tipo de comunidades que dejan fuera de seguimiento a la vulnerabilidad que existe en los hogares pobres de zonas foráneas al Área Metropolitana de Monterrey.

De acuerdo a los datos más recientes publicados por el CONEVAL, los cuales se fundamentan en la “Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH)” publicada por INEGI, en 2016 Nuevo León fue uno de los estados con menor incidencia de pobreza multidimensional a nivel nacional. En particular, la población en situación de pobreza extrema en el estado fue de 14.6 por ciento (737.8 miles de habitantes), mientras que la incidencia de pobreza extrema es de 0.6 por ciento (31.5 miles de habitantes).

No obstante, existe una advertencia al usar estos datos con objetivos de comparar los avances de estos resultados a los publicados en 2014, ya que, como se discutió en esta misma columna hace algunos meses, INEGI cambió la metodología del diseño de los módulos asociados a la ENIGH imposibilitando la comparación directa en el tiempo entre los resultados.

Algunos medios locales han dado a conocer notas sobre los avances en materia social en Nuevo León, utilizado indistintamente los datos publicados por CONEVAL, y comparando directamente a través del tiempo los distintos indicadores de pobreza, privación social, carencia social, y bienestar, para alzar campanas al aire con motivo de los avances aparentemente significativos en esta materia. Sin embargo, esta es una lectura parcial, si no errónea, de la información.

Y es que, desafortunadamente, es la misma información proporcionada por el CONEVAL la que invita a esta lectura incompleta de los resultados.

En el cuadro “Porcentaje, número de personas, y carencias promedio por indicador de pobreza: Nuevo León, 2010-2016” publicado de manera electrónica por el instituto, la información no especifica que el “Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS-ENIGH)” usado en los levantamientos de 2010 a 2014, no considera que en los datos para 2016 hubo un cambio fundamental utilizando una metodología definida por el “Modelo Estadístico de Continuidad del MCS-ENIGH (MEC-ENIGH)”.

Este último consistió esencialmente en crear factores de corrección en el ingreso reportado de los hogares de la ENIGH 2016, usando como fuente externa la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del mismo instituto.

Así, no obstante la introducción de estos factores de corrección, los resultados muestran un cambio dramático con respecto a las tendencias de los habitantes en situación de pobreza en el estado, al reducirse este indicador entre 2014 y 2016 en casi 6.2 por ciento de la población, esto es, una salida en el nivel de pobreza de casi 285 mil habitantes en un par de años. Siguiendo esta lectura directa de la información, la población en pobreza extrema pareciera haberse reducido a la mitad al pasar de 1.6 a 0.6 por ciento de la población, representando esto una reducción de 35,200 habitantes que abandonaron esta condición de privación en el estado.

En conclusión, considerando que la entidad no ha registrado un crecimiento económico extraordinario o significativo, estos avances parecen ser más el resultado más del cambio en la metodología estadística del INEGI que estar vinculados al diseño de políticas efectivas por parte de los distintos ámbitos de gobierno en fechas recientes.

Otros cambios importantes

Esta semana, y con unas horas de diferencia, se dieron cambios en dos de los principales responsables de la dirección del sistema económico y financiero mexicano. La salida de José Antonio Meade y el arribo de José Antonio González Anaya al frente de la SHCP, y la salida de Agustín Carstens y designación de Alejandro Díaz de León como Gobernador de Banxico. Si bien, ambas notas fueron dominadas por el motivo político asociado a la designación del primero como precandidato presidencial, no deja de llamar la atención la solidez que mostraron los mercados de capitales y el tipo de cambio ante estas designaciones.

Queda demostrada, una vez más, la importancia de contar con instituciones sólidas por encima de figuras o proyectos personales.

Doctorado en Economía en la Universidad de Chicago. Es Profesor-Investigador de la Facultad de Economía de la UANL y miembro del SNI-CONACYT Nivel 1.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.