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OPINIÓN. Desde que Rodríguez Calderón asumió la gubernatura del Estado, se han denunciado una serie de posibles conflictos de interés entre diversos integrantes del gabinete estatal con diversas empresas y hasta el momento, las autoridades correspondientes no han emitido una sola opinión al respecto.
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SERGIO
LÓPEZ 
RAMOS
29 marzo 2016 9:11 Última actualización 29 marzo 2016 9:20
Sergio López Ramos

Sergio López Ramos

A principios del 2011, Sthéphane Hessel, un político francés de 94 años que militó en la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial y quien fuera uno de los principales redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, escribió un pequeño panfleto titulado “Indígnense,” el cual fue éxito de ventas en Francia, su país de origen.

En su texto, Hessel realiza un ejercicio de memoria histórica en el que recuerda las bases ideológicas de la actual República Francesa, así como las aspiraciones de la generación política liderada por el General Charles de Gaulle y la resistencia francesa ante la invasión alemana durante la Segunda Guerra Mundial: un plan de seguridad social para todos los franceses, la posibilidad de que los niños recibieran la mejor educación posible y la recomendación de la nacionalización de los sectores económicos estratégicos como las fuentes de energía y los bancos.

Hessel crítica la narrativa del Estado francés sobre su inviabilidad actual para continuar otorgando los derechos de seguridad social que su generación logró obtener y enfatiza como los bancos que han sido privatizados, solo se ocupan en lograr mayores dividendos, así como pagarles a sus directivos grandes salarios e inevitablemente toca una fibra que se ha vuelto extremadamente sensible en el mundo: la enorme brecha entre los pocos que tienen mucho y la enorme cantidad de personas que tienen poco.

Además, el autor explica que el motivo principal de la Resistencia francesa fue la indignación ante las atrocidades del nazismo y señala que la peor de las actitudes es la indiferencia de lo que acontece a nuestro alrededor. El simple hecho de no interesarse por las diversas problemáticas es ya un problema que nos perjudica como sociedad, pues al parecer, mientras no nos afecten directamente, no hay razones para preocuparnos.

Es inevitable hacer una comparación con nuestra realidad. Con todo y las reformas estructurales, los ingresos de nuestro país han caído de manera estrepitosa y los recortes a diversos rubros del gasto público no se han hecho esperar. En Nuevo León, la revolución ciudadana que permitió el triunfo de Jaime Rodríguez no se ha traducido en políticas públicas que permitan construir un gobierno eficiente y eficaz.

Los ciudadanos de Nuevo León todavía tienen motivos para indignarse por lo que sucede en nuestra entidad. Desde que Rodríguez Calderón asumió la gubernatura del Estado, se han denunciado una serie de posibles conflictos de interés entre diversos integrantes del gabinete estatal con diversas empresas y hasta el momento, las autoridades correspondientes no han emitido una sola opinión al respecto.

Además, la falta de coordinación entre las autoridades del estado ha generado problemas con empresas como KIA, y ha incentivado que otras empresas transnacionales como Ikea decidan suspender sus inversiones en Nuevo León. Con estos escenarios, con menores ingresos procedentes de la Federación, ¿tiene el Gobierno del Estado un plan para hacer más con menos?, ¿existe la visión de generar políticas públicas que incentiven la generación de empleo y la creación de empresas?, ¿puede el gobierno del estado apoyar a los ciudadanos con acciones puntuales para cerrar la brecha social de nuestra entidad?
Mientras, el tiempo sigue su curso y los ciudadanos siguen jalando por Nuevo León.

* El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey; consultor político de la firma internacional Global Nexus y cursa sus estudios de posgrado en la Universidad de Wisconsin.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.