Monterrey

¿Para quién debaten?

OPINIÓN. En el estado estamos viviendo una cascada de denuncias mediáticas sobre las intenciones electorales con matices de desacreditación para uno y otro bando. Aunque parece un debate entre especialistas es a veces incomprensible, la información es imprecisa y las afirmaciones se vierten como si fueran ley.
LA PROPIA POLÍTICA
​Sara Lozano
slozano@ceenl.mx
16 agosto 2017 10:8 Última actualización 16 agosto 2017 10:8
Sara Lozano

Sara Lozano

Son muchas denuncias preelectorales -o pre-denuncias electorales- en los medios de comunicación, ¿para quién están debatiendo los actores políticos en NL?

En el estado estamos viviendo una cascada de denuncias mediáticas sobre las intenciones electorales con matices de desacreditación para uno y otro bando. Aunque parece un debate entre especialistas es a veces incomprensible, la información es imprecisa y las afirmaciones se vierten como si fueran ley. Pero no hay respuestas a argumentos, ni propuestas de solución ni consecuencias de un acto; son sólo afirmaciones aisladas de lo que es correcto para cada quien, de acuerdo al momento y la persona que convenga.

Los partidos políticos tienen intenciones electorales y eso es útil para el sistema democrático, es parte sustancial de su trabajo. También es lógico que algunas personas en la función pública, militando en un partido y/o con vocación política, pretendan ser elegidas en algún momento para entrar a la competencia. Idealmente, personas e instituciones están trabajando muy bien para ser elegidas en el 2018 con un deseo válido e intenciones honestas.

Siendo así, la noticia entre noticias es el descrédito, la suspicacia, la mala voluntad. Los medios de comunicación se llenan de notas entre dimes y diretes, descréditos entre iguales, mientras la ciudadanía confirma esta percepción negativa de todo lo que huele a política. Peor aún, se incrementa el grado de desinformación de un sistema electoral muy complejo. ¿Es la idea denunciar hoy todo lo que se pueda convertir en un capital electoral ajeno, al mismo tiempo que voy construyendo el mío?

¿Desacreditar lo otro y justificar lo propio aporta a la sociedad? ¿Esta debacle beneficia a la mayoría, genera bien común, valor público?

El bien común es a la función pública lo que la rentabilidad es a la iniciativa privada. El término valor público lo propone Mark Moore, de la Universidad de Harvard, para vincular las prácticas exitosas de la IP y asimilarlas en la función pública. A partir de la vocación primaria de cada instancia, el autor desarrolla un modelo para comprender esa orientación que genera valor a la organización, a fin de tener la capacidad de enunciarla; después, traducirla en una filosofía y de esta manera generar una imagen institucional positiva.

Es cierto que en una competencia va a haber “fuera de lugar” pero no se puede denunciar en tanto no empiece el partido. También es cierto que hoy algunos jugadores puedan estar entrenando caídas que parezcan penales, y tampoco se pueden sancionar. Igualmente, podemos decir que el cuerpo de leyes electorales tiene lagunas por las que algunos se van a colar. En cualquier caso, tenemos que esperar a que el árbitro silbe el inicio del partido para arbitrar, juzgar y en su caso, sancionar.

El valor público de los órganos electorales no es para la competencia, es para la afición. Más bien pienso en sumar seguidores, generar y mantener la lealtad a la camiseta, así como la credibilidad del torneo. Los equipos, los árbitros, los tribunales y las fiscalías participan en la contienda para el bienestar de los ciudadanos, para ese bien común que es rentable a la función pública.

La autora es Consejera Electoral en el estado de Nuevo León y promotora del cambio cultura a través de la Educación Cívica y la Participación Ciudadana.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.