Monterrey

Origen y aplicación de recursos

Opinión. La realidad choca: En diciembre, y tan solo en ese mes, de acuerdo a información pública, los Diputados Federales, esos que se rasgan las vestiduras ante el gasolinazo, se llevaron algo así como 600 mil pesos.
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MIGUEL MORENO TRIPP
​morenotrip@gmail.com.mx
09 enero 2017 9:38 Última actualización 09 enero 2017 9:39
Miguel Moreno Tripp

Miguel Moreno Tripp

El estado de origen y aplicación de recursos, era un estado financiero
que reflejaba precisamente lo que su nombre indica. Un incremento en pasivo o capital, o bien una disminución de activos era considerada como origen. Por el contrario, un incremento en los activos o una disminución del pasivo o del capital, serían considerados como aplicación de recursos. Fue sustituido por el estado de flujo de efectivo que muestra los flujos generados por la operación, los flujos utilizados
por actividades de inversión y por último, los flujos derivados de actividades de financiamiento.

Haciendo el paralelismo entre el incremento a las gasolinas y la contabilidad, ya sabemos cuál es el “origen” -el incremento al precio de la gasolina-. Es probable que ya para estas fechas haya sentido en carne propia el efecto del incremento. Sin embargo, lo crucial es saber cuál será la aplicación de esos recursos.

Desglosando las situaciones. No nos llevará a ningún lado el seguir
manteniendo un esquema de subsidios. Se ha mencionado: los que tienen más carros son los que más se benefician de los subsidios.

Además, los subsidios los acabamos pagando los de siempre: los que
pagamos impuestos. Los subsidios se subsanan o con impuestos o con
endeudamiento. Hagámosle como queramos: Al final, lo acabamos pagando. Es una falacia eso de que “lo pague el Gobierno”. El “Gobierno” obtiene sus ingresos de la población. Claro, de la población que paga sus impuestos.

Las gasolinas que consumimos son importadas. No se producen en México y de acuerdo a algunos especialistas, no está del todo mal esta
situación ya que, en pocas palabras, sale más caro el caldo que las albóndigas. Claro, con el dólar por las nubes, las importaciones nos salen como lumbre.

Parafraseando: ¿qué hubiera hecho? ¿Quitar los subsidios poco a
poco o de una buena vez? Yo prefiero de una vez y afrontar las consecuencias. ¿Quién aguantaría a AMLO mes con mes quejándose del partido en el poder? Por cierto, está cumpliendo lo que prometió: la rebelión de su granja. Baste ver todos los desmanes y saqueos que se están dando por todo el país.

¿Cuál es la aplicación de esos recursos? Si se fueran para reducir la
pobreza, si con eso tuviéramos mejor infraestructura, si se lograra más y mejor educación, ok. Pero no, desgraciadamente todo eso es casi utópico.

La realidad choca: En diciembre, y tan solo en ese mes, de acuerdo a
información pública, los Diputados Federales, esos que se rasgan las vestiduras ante el gasolinazo, se llevaron algo así como 600 mil pesos. Quinientos de ellos. Vimos los regalazos que se dieron entre ellos, faltaba más. Otros de por ahí: ¿Un iPhone 7S? Se lo merecen por el arduo trabajo, además de que hay que estar a la vanguardia. Los partidos políticos, claro que no van a renunciar a sus jugosos ingresos.
De lo peorcito: el saqueadero que hicieron los preciosísimos gobernadores. Miles de millones de pesos.

¿De verdad se necesitaba el gasolinazo para mantener los programas
sociales? Los orígenes no suficientes para la aplicación de recursos, simplemente porque no tienen llenadero los tres poderes: el ejecutivo a sus tres niveles, el legislativo y el siempre “yo no tengo nada que ver” judicial. 

* El autor es Doctor en Finanzas por la Universidad de Tulane; cuenta con la Maestría en Alta Dirección de Empresas, en el IPADE. Se desempeñó como Director General de entidades del área Internacional en Santander Serfin. Es Director del programa OneMBA y tiene su
Despacho asociado con Crowe Horwath para proporcionar asesoría en temas de Finanzas Corporativas. 

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.