Monterrey

Alimentos orgánicos: ¿Pasado, presente y futuro?

Cada día se habla más de los productos orgánicos y vemos que existen más variedades y lugares donde conseguirlos. Pero, ¿es realmente lo orgánico algo nuevo? La respuesta es: no. 
Elías Ferrara
16 julio 2015 21:22 Última actualización 17 julio 2015 5:0
Alimento orgánico. (El Financiero)

Un producto orgánico es aquel que, desde su siembra, crecimiento, cosecha, producción, empaque y distribución, no ha sido intervenido con agroquímicos.
(El Financiero)

MONTERREY.- Cada día se habla más de los productos orgánicos y vemos que existen más variedades y lugares donde conseguirlos. Pero, ¿es realmente lo orgánico algo nuevo? La respuesta es: NO.

Un producto orgánico es aquel que, desde su siembra, crecimiento, cosecha, producción, empaque y distribución, no ha sido intervenido con agroquímicos (herbicidas, plaguicidas, fertilizantes sintéticos, fungicidas, hormonas), no ha sido modificado genéticamente, no lleva conservadores químicos que no sean naturales y todo lo anterior está avalado por una AGENCIA CERTIFICADORA.

En México existe una Ley de Orgánicos y su Reglamento de aplicación donde además se ha involucrado SAGARPA para avalar mediante un sello conocido como distintivo nacional.

Podemos decir que lo que hoy llamamos orgánico es muy similar a lo que llamábamos natural, antes de que se abusara del término en muchos productos que hay actualmente en el mercado, que no tienen una regulación estricta y controlada en el uso de ciertos ingredientes. ¿De dónde nace el movimiento orgánico? En la búsqueda por terminar con el hambre en el mundo, inició la llamada Revolución Verde entre 1940 y 1970, con lo que empezaron los monocultivos y la aplicación masiva de agroquímicos. Esto ha resultado en una mayor producción de alimentos pero, lamentablemente, de muy baja calidad que provocan el surgimiento de otros problemas tales como las enfermedades crónico-degenerativas que se relacionan a esa ingesta de excesivas aplicaciones de químicos.

La producción orgánica basa sus principios en la armonía entre el ser humano y el medio ambiente. Esto nos hace partícipes con mayor conciencia de la interconexión de todo: el aire, el agua, la tierra, los animales, las plantas, los microorganismos, los demás seres humanos, etc. La mentalidad orgánica no obliga, pero si va muy de la mano con el comercio equitativo, el consumo de productos locales y por supuesto un trato más ético a los animales y a los ecosistemas completos.

No se trata de regresar al pasado, pero sí de rescatar la sabiduría y tradiciones que hay en los pueblos (antiguos y no tan antiguos), aprovechando la nueva información, tecnología y formas de cultivo que tenemos en la actualidad.