Monterrey

Nuevo León versión “onda grupera 2.0”

Opinión. El gobierno bronco no alcanza a distinguir que hay un abismo entre administrar la popularidad y los likes del Facebook del Gobernador y enfrentar la realidad que contradice a diario la narrativa de este gobierno.
ENTRADA LIBRE

SERGIO LÓPEZ RAMOS
slramos2020@gmail.com​
18 octubre 2016 9:57 Última actualización 18 octubre 2016 10:0
Sergio López Ramos

Sergio López Ramos

Hace poco más de un año, Fernando Elizondo compartió con los ciudadanos su visión de los peligros que representaba la “onda grupera” en la política estatal. Elizondo se refería entre los entonces candidatos y las mafias del poder estatal.

Ximena Peredo, en un editorial titulado “La onda grupera” y que el
mismo Elizondo compartió en redes sociales; profundizó en el análisis del concepto acuñado por el ex gobernador sustituto y señaló que los políticos de la “onda grupera” tienen tres características esenciales como invadir los espacios públicos con supuestos simpatizantes, 
ofrecen un entretenimiento variado y cuentan con el apoyo de 
poderosos grupos de inversionistas que, por supuesto, no transparentan los recursos que aportan.

Jaime Rodríguez Calderón, Gobernador de Nuevo León, piensa que con echarse un discurso con palabras altisonantes, cifras alegres y sin telepromter en su primer “informe de verdades” está rompiendo paradigmas y desacralizando lo que los gobiernos estatales el “día
del Gobernador” para tener un evento donde pudiera conectar con la raza al ritmo de rap, fara fara y góspel.

Pero lo única verdad que salió a relucir es que la clase política que administra la entidad pertenece a la “onda grupera.” No dudo que Jaime Rodríguez tenga buenos amigos, como quedó demostrado por todos aquellos que fondearon su campaña; pero como dice el refrán “no hay lonche gratis” y de eso a que Salomón Marcuschamer le preste un auditorio por pura buena voluntad hay mucha diferencia.

Pero Jaime Rodríguez ha decidido ir más allá y diseñar un gobierno versión “onda grupera 2.0.” Una administración cuyas principales herramientas son la construcción de una narrativa de “cambio” e “independencia,” el uso de las redes sociales para comunicar las “verdades” de este gobierno y relaciones con grupos empresariales que
tienen intereses específicos pero desconocidos para la ciudadanía.

El gobierno bronco no alcanza a distinguir que hay un abismo entre administrar la popularidad y los likes del Facebook del Gobernador y enfrentar la realidad que contradice a diario la narrativa de este
gobierno. Pero, ¿cuáles son los grandes retos que Rodríguez Calderón no ve y no quiere oír?

Primero, el incremento de la inseguridad y la corrupción. Hace unos días, Eduardo Garza T. señaló que estos rubros representan el mayor reto para la administración del Estado. Por supuesto, hay que sumar la inseguridad en los penales; justo el mismo día que el Gobernador nos deleitaba con fara fara, ocurrió una riña en el Penal del Top Chico con saldo de una persona fallecida.

Además, el gobierno sigue sin reconocer y atender las demandas de los familiares de las personas desaparecidas. De acuerdo con datos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en el 2015 se registraron 26 mil 798 personas no localizadas hasta septiembre de
2015, de las cuales 7060 son mujeres y 549 son del estado de Nuevo León.

Por si fuera poco, Rodríguez Calderón no logra diferenciar entre sus
creencias personales y su deber como titular del Poder Ejecutivo. Como ciudadano, tiene la libertad de creer que el matrimonio entre personas del mismo sexo es contra natura pero como Gobernador, tiene la obligación de hacer valer el Estado de Derecho y brindarle a los ciudadanos las garantías y los derechos que el Estado debe proveer por ley.

Neoloneses y mexicanos, bienvenidos a la “realidad” del primer candidato independiente versión “onda grupera 2.0” a la Presidencia de México.

* El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.