Monterrey

Nuevas visiones

OPINIÓN. La elección de “El Bronco” en nuestra entidad ha dejado claro que hay nuevos actores y grupos de poder que, capitalizando el hartazgo ciudadano, han comprendido que pueden obtener ganancias políticas y económicas al participar en los procesos electorales.
ENTRADA LIBRE
Sergio López Ramos
slramos2020@ gmail.com  Twitter: @serlopram
25 abril 2017 8:16 Última actualización 25 abril 2017 8:45
Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Los resultados de la primera vuelta electoral en Francia han materializado la irrupción de “nuevos” actores políticos que se presentan como una alternativa diferente para enfrentar los grandes retos que encara uno de los motores principales de la Unión Europea.

Y aunque Emmanuel Macron lidera el proyecto político que pretende transformar el modus operandi en Francia, la realidad es que el líder de la plataforma ¡En Marcha! se ha formado en los grandes corporativos financieros de su país y ha ocupado posiciones clave en la administración del actual Presidente Francois Hollande.

Su posición de liderazgo se debe, en gran medida, a su capacidad para construir redes que le han permitido movilizar recursos y apoyos económicos y políticos. El problema es que, tanto en Estados Unidos como en Francia, observamos un fenómeno similar donde las élites políticas y económicas buscan, a través de la democracia, acaparar mayores posiciones de poder no sólo político sino también económico.

Así, pareciera que las élites no se crean ni se destruyen, sólo se transforman.

Por supuesto, los mexicanos no estamos lejos de experimentar los efectos de estas dinámicas. La elección de “El Bronco” en nuestra entidad ha dejado claro que hay nuevos actores y grupos de poder que, capitalizando el hartazgo ciudadano, han comprendido que pueden obtener ganancias políticas y económicas al participar en los procesos electorales.

El problema es que los ciudadanos no sabemos quién o quiénes están detrás de las nuevas alianzas de poder que se presentan como las alternativas en un sistema agotado y que no ha tenido la capacidad de generar nuevas propuestas para enfrentar los retos de nuestra comunidad.

Por eso, una de las lecciones más importantes que hemos aprendido en Nuevo León es que los políticos tradicionales y los independientes comparten un grave defecto: la falta de visión a largo plazo. Pareciera que aprendieron a medir los retos en trienios o en sexenios y no en el efecto que sus acciones u omisiones pueden generar en las siguientes generaciones. Por si fuera poco, también hemos aprendido en carne propia que la novedad electoral no es sinónimo de innovación.

Pero hay que ser realistas y enfocarnos en espacios que sean alcanzables con el objetivo de gestar una transformación en la forma de administrar y gobernar nuestro país como los municipios.

Hoy en día, los municipios constituyen el nivel de gobierno más cercano a los ciudadanos, e irónicamente, es el más lejano. Hemos permitido que los partidos políticos se apoderen de las posiciones que deben ser ocupadas por personas que comprendan la complejidad y las necesidades de nuestras comunidades.

Si los grandes poderes facticos de nuestra entidad lograron conquistar hace dos años la gubernatura de Nuevo León, los ciudadanos podemos conquistar los municipios para reorganizar la forma de hacer política en nuestras ciudades.

Por eso, el cambio ya no debe partir de las grandes instituciones de poder político, económico o religioso. El cambio debe partir de las bases, de la organización ciudadana y de las comunidades de vecinos.

Es imprescindible construir capacidades y competencias que permitan empoderar a los ciudadanos y formar nuevos liderazgos que comprendan la compleja realidad que tiene nuestra comunidad. Necesitamos nuevos líderes que visualicen elementos como el respeto irrestricto al Estado de Derecho, la transparencia y la equidad de oportunidades como factores esenciales para lograr la sostenibilidad de nuestra sociedad.

Este es nuestro gran reto.

El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.