Monterrey

Nuestra distopía funcional

Opinión.  Es lamentable que los partidos políticos busquen perpetuar nuestra distopía con las pre-candidaturas de Margarita Zavala, Andrés Manuel y Osorio Chong.
ENTRADA LIBRE

SERGIO LÓPEZ RAMOS
​slramos2020@gmail.com
29 noviembre 2016 12:2 Última actualización 29 noviembre 2016 12:28
Sergio López Ramos

Sergio López Ramos

Reza un proverbio chino “afortunado el que viva tiempos interesantes”.

Y mientras en Estados Unidos (EU), Donald Trump y Barack Obama, dieron inicio al proceso de transición de la administración federal; a poco mas de 144 kilómetros de las costas de Florida falleció en Cuba el ex presidente de la isla, Fidel Castro.

Se puede amar u odiar a Fidel por los claroscuros que poblaron su gobierno como Presidente de Cuba.

Pero si hay algo que admirarle, es la utopía que logro construir en plena
guerra fría entre EU y la extinta Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas (URSS). Al calor de la revolución y del proceso de las transformaciones lideradas por Castro, la revolución cubana luchaba en palabras del “Che” Guevara por la construcción del “hombre nuevo”, alejado de las formaciones mezquinas y egoístas del capitalismo. Fidel era la encarnación misma de la aspiración y la posibilidad de construir un sistema político, económico y social que desafiaba el capitalismo y la individualidad del hombre para centrar su proyecto en la colectividad del país.

El Comandante nos enseñó que un ideal no solo es alcanzable sino posible, claro, a un precio muy alto para su población y la comunidad LGBTQ de la isla.

El problema no es que la utopía socialista se derrumbara en 1989 con
la caída del muro de Berlín y la desaparición de la URSS en 1991, sino
que el capitalismo no ha tenido la capacidad de construir una nueva
utopía que despierta la esperanza y la certeza de que, como humanidad, vamos por el camino del progreso.

A ocho años de la gran recesión del siglo XXI, un sector importante de
la sociedad de EU ha sido seducida por la nostalgia de un pasado que difícilmente regresara. Trump construye una distopía, lo opuesto a una
utopía, donde transforma el miedo y la desesperanza en expresiones de
agresión y violencia contra las minorías en EU, sin generar una verdadera opción de cambio para sus ciudadanos.

En México, los actores políticos de los diferentes partidos han dedicado
todas sus fuerzas y creatividad para construir una distopía sustentada en pilares esenciales con el fin de mantener su posición privilegiada en lo alto. Así, nuestra distopía mexicana se sustenta en la inseguridad, la
corrupción, la crisis económica, la impunidad, las deudas estatales de
los “nuevos” rostros de ex Gobernadores del PRI y del PAN y un preocupante endeudamiento del gobierno federal. En pocas palabras, una democracia bastante disfuncional que mueve a México a un terreno desconocido.

Hace un año, la administración de Jaime Rodríguez gozaba del beneficio de la duda por la aparente oxigenación que traía al sistema político. Pero en Nuevo León, resulta más rentable mantener el status quo que atreverse a desmontar un sistema que le cierra la puerta a los ciudadanos. Es lamentable que los partidos políticos busquen perpetuar nuestra distopía con las pre-candidaturas de Margarita Zavala, Andrés Manuel y Osorio Chong. Su presencia en las encuestas presidenciales de El Financiero, refleja nuestra incapacidad de generar nuevos liderazgos pero, sobre todo, nuevas visiones para enfrentar nuestra realidad. En este contexto, Rodríguez Calderón ha quedado únicamente como un producto de la mercadotecnia electoral, sin propuestas reales y sobre todo, sin la capacidad real de liderar una nueva alternativa de país para Nuevo León y México.

* El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.