Notas para discursos de campaña
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Notas para discursos de campaña

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Notas para discursos de campaña

Ya somos varias generaciones fastidiadas por la demagogia y con hambre de soluciones profundas.

Opinión MTY La Propia Política Sara Lozano
02/05/2018
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Sara LozanoFuente: Cortesía

Cuando el director de una universidad se sube en el tren de politizar a su cuerpo docente para trasminar hasta el último de sus alumnos hay fiesta en el mundo del civismo. Se festeja por cada persona que decide asumir su rol político –que no partidista- y participa para mover a este México querido.

Nadie quiere una revolución, pero todo entra en crisis cuando la clase política mantiene estrategias arcaicas en los discursos de campaña. Cito: “¡Ya me quiero bajar de este tren de las campañas! Puras mentiras, puro chisme de vecindario. Discursos huecos: digo lo que quieres oír aunque en verdad me valga muy poco tu opinión (…) ojalá las campañas duraran mucho menos.”

Los discursos proselitistas no funcionaron en esta universidad ni para este líder amigo quien decidió participar desde su trinchera. Activó a su grupo controlado para ampliar su influencia cívica y lo que escucharon en ese evento no les convenció, peor aún, les ofendió.

Aunque los números de pobreza y educación sean pésimos en México, somos un pueblo de inteligencia creativa, nuestra audacia y agudeza es centenaria. Gracias a estas habilidades hemos sobrevivido a la corrupción inoculada desde el virreinato. Pero ya no somos una sociedad esclavizada, ni un país agrario, ni le tenemos miedo a la represión del sistema, ya somos varias generaciones fastidiadas por la demagogia y con hambre de soluciones profundas.

Invitar a participar a la sociedad es un esfuerzo contra corriente, el desinterés impera, la desesperanza aprendida se confirma con discursos que ponen más énfasis en desacreditar que en proponer.

¿Cómo decidir en una guerra de desacreditaciones? Y los medios de comunicación no abonan mucho, vuelvo a citar: “Los medios están vendidos, de un evento en nuestra universidad (…) salieron noticias nada apegadas a la realidad. Me consta. Cada periódico publicó su nota como quiso ¿La verdad? ¿A quién le importa la verdad?”

Puedo entender que si un medio habla bien de una candidatura inmediatamente se asume una nota pagada. Lo que no puedo conceder es que se pierda la objetividad por un encabezado estridente. Coincido con mi amigo director de universidad con que una cosa es el seguimiento de propuestas para analizar la congruencia y otra es el amarillismo mercantilista que se limita a la explotación del morbo.

Todavía no sé qué se dijo en ese evento ni lo que se publicó en los medios. Lo que me queda claro es que los discursos de campaña no cumplieron con las expectativas de propuestas que tenía la audiencia, ni la cobertura mediática estuvo a la altura de su misión.

Y no se necesita un estudio estadístico para conceder razón a esta opinión personal porque el descrédito que enfrenta la clase política en México y el mundo está más que demostrado en estudios locales e internacionales. Nadie pierde credibilidad cuando dice que está cansado de creer, lo que hoy me preocupa es que nos cansemos de participar.

Aún quedan 60 días de campañas presidenciales y espero que los equipos de campaña tomen seriamente esta reflexión porque la sociedad está cambiando y quiere que se respete su inteligencia, quiere que se le trate con dignidad.

La autora es Consejera Electoral en el estado de NuevoLeón y promotora del cambio cultura a través de la Educación Cívica y la Participación Ciudadana.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.