Monterrey

¿Nos han tomado como rehenes?

OPINIÓN.En la columna pasada analizamos las características que exhiben los chantajistas emocionales. Ahora, nos enfocaremos en aprender cómo lidiar productivamente con estos personajes.
EMPRESAS FAMILIARES
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
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04 abril 2017 23:25 Última actualización 05 abril 2017 8:34
Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez

El chantaje emocional en la familia empresaria es un tipo de manipulación psicológica ejercida por un hombre, mujer o rama familiar completa, cuyo objetivo es ganar poder en la relación para imponer ciertos comportamientos familiares y/o tomar determinadas decisiones de negocio.

En la columna pasada analizamos las 5 características que exhiben los chantajistas emocionales. Ahora, con la intención de evitar desgastes y círculos viciosos, nos enfocaremos en aprender cómo lidiar productivamente con estos personajes.

Número 1: Fijar límites; no ceder ni dejarse llevar por amenazas o victimismos. Tengamos claro que, conforme más se cede ante el chantajista, más inconformidad, resentimiento y diferencias se suscitarán entre los miembros de la familia—el chantajista lo sabe: estrategia divide y vencerás. Así que, en este ámbito, cuando una familia cede, seguro pierde.

Número 2: Romper el ciclo normal de la presión. Aprender a decir NO y a confrontar las inconsistencias, en comportamiento y decisión, del chantajista —“por un lado dices esto y por otro haces aquello”. El chantajista emocional sólo cumplirá lo que le convenga. Hay que hacérselo notar y explicarle cómo esta forma de proceder menoscaba la relación familiar-empresarial, rompiendo la confianza en él/ella/rama familiar.

Número 3: Usar la técnica del disco rayado. Darle siempre la misma respuesta—aquella aceptada por la mayoría de los miembros de la familia—, independientemente de cómo pida las cosas (llorando, gritando, amenazando, exigiendo). Si el chantajista emocional percibe unidad en la familia y carácter al momento de afrontar decisiones, se situará en su posición; si no, tratará de dar golpes de estado.

Número 4: Circunscribir todo a hechos concretos y medibles. hay que ser racionales; no emocionales. Para poder confrontar a un chantajista, habrá que exhibir sus acciones, cuestionar sus incumplimientos y mostrar hechos concretos que lo obliguen a aceptar la situación. Y es que, una forma en que el chantajista trata de manipular a los demás es haciéndoles creer que él está en lo correcto y que no lo comprenden. Por ello, difícilmente aceptará errores—daña su ego y orgullo—, y mucho menos se disculpará sinceramente.

Número 5: Tomar la decisión juntos (como familia), evitando culpas o reproches. Estar conscientes de que el hecho de “no ceder” otorga a la víctima un exceso de responsabilidad; y el chantajista juega con ello. “Allá Ustedes si lo hacen; sólo causarán conflicto y sufrimiento en esta familia”. Por ende, es necesario estar juntos en la decisión y NO caer en actitudes de culpa, o peor todavía, en los reproches. Al final, es el chantajista emocional quién está impulsando la decisión, no la familia empresaria.

Número 6: No aceptar un ultimátum unilateral (una persona; una rama familia). Si aún después de todo esto, el chantajista insiste en su posición e impone como medio de coacción un ultimátum, habrá que tomarlo y asumir sus consecuencias—“si no hacen esto, me separaré de Ustedes”. En este punto, la familia empresaria debe estar preparada para enfrentar un posible conflicto (el cual se suscitará tarde o temprano de todas formas). Recordemos que “…para hacer la paz se necesitan dos, pero para hacer la guerra basta con uno solo”.

Moraleja: Cuando la familia empresaria no marca su postura en torno al chantaje emocional, termina siendo tomada como rehén, hallándose a merced de los intereses del secuestrador o chantajista…¡No lo permitas!

La autora es Socia de Trevinyo-Rodriguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Minero, Petrolero y de Retail.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.