Monterrey

No sin nosotros, la sociedad civil

OPINIÓN. Mientras la ciudadanía regiomontana dio otra vez una lección de solidaridad recolectando, empacando y enviando ayuda a las damnificados por los terremotos en el centro y sur de México, Jaime Rodríguez Calderón no solamente manda al diablo el laicismo sino que demuestra, una vez más, su poca vocación democrática.
ENTRADA LIBRE
Sergio López Ramos
slramos2020@ gmail.com Twitter: @serlopram
26 septiembre 2017 7:30 Última actualización 26 septiembre 2017 7:30
Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Sergio López Ramos, politólogo por el Tecnológico de Monterrey.

Nada más doloroso para un mexicano que ver sufrir lo más preciado que tenemos: nuestra gente y nuestras raíces. Y aunque nuestro corazón y nuestra mente están en Chiapas, Puebla, Oaxaca, Morelos y en la Ciudad de México, somos invadidos por un sentimiento de impotencia al saber que físicamente estamos a miles de kilómetros de distancia.

Recobramos por un momento el aliento y la esperanza al ver en las calles a un ejército de jóvenes y ancianos, sin importar el género ni la preferencia sexual, personas con capacidades diferentes trabajando hombro con hombro con extraordinarios perros persiguiendo un solo objetivo: salvar vidas. Los mexicanos trabajaron juntos porque había abrazos que salvar y sueños que necesitaban una segunda oportunidad sobre la faz de la tierra.

Mi más sincero agradecimiento y reconocimiento a todos los ciudadanos que alimentaron el alma y el corazón de miles de voluntarios que movieron escombros, a quienes desafiaron a la muerte y a quienes demostraron con hechos que la ciudadanía está más viva que nunca.

Por supuesto, los políticos mexicanos sobrepasan nuestra capacidad de asombro. Las escenas de Enrique Peña Nieto organizando una cadena humana para la foto con los medios de comunicación y las de su Secretario de Gobernación expulsado de una fábrica de textiles que se derrumbó en la Ciudad de México, demuestran la completa falta de empatía con los ciudadanos y la grave crisis de hartazgo que un amplio sector de la sociedad siente por las élites políticas.

¿Cómo podemos calificar la falta de solidaridad y cinismo de los partidos políticos y legisladores su negativa de “donar sus recursos” a la reconstrucción de México? Posiblemente no lo saben pero los partidos políticos van a enfrentarse a una sociedad tremendamente lastimada por la cauda de casos de corrupción, injusticias, asesinatos y desapariciones forzadas. La Casa Blanca, Ayotzinapa y Tlatlaya no se olvidan.

¿Cómo van a realizar campaña los partidos políticos en las zonas afectadas por los sismos? Los partidos políticos son corresponsables de la tragedia y la muerte de cientos de personas. Porque esas muertes que pudieron evitarse, son el resultado de la corrupción y todo un círculo vicioso que involucra a empresas constructoras que recibieron la autorización ilegal para construir cientos de edificios.

¿Cómo van a realizar campaña los partidos políticos en las zonas afectadas por los sismos? Los partidos son expertos en el manejo de recursos financieros con el objetivo de ganar las elecciones, “haiga sido como haiga sido”. ¿En verdad las élites políticas creen que van a poder comprar votos y malgastar nuestro dinero cuando esos recursos deber ser utilizado para reconstruir nuestro país?

Y mientras la ciudadanía regiomontana dio otra vez una lección de solidaridad recolectando, empacando y enviando ayuda a las damnificados por los terremotos en el centro y sur de México, Jaime Rodríguez Calderón no solamente manda al diablo el laicismo sino que demuestra, una vez más, su poca vocación democrática.

Desde su cómoda posición, Rodríguez Calderón reta a los partidos políticos a renunciar al financiamiento que reciben de nuestros impuestos.

Tiene razón, pero yo quisiera que el Gobernador de Nuevo León publicará la lista de las personas que financiaron su campaña. Eso se llama transparencia y es un elemento indispensable en una democracia. Los ciudadanos ya estamos cansados de simulaciones. Queremos hechos, no palabras.

El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.