Monterrey

Muros de intolerancia

Opinión. Tristemente, en nuestra comunidad, ha sido más fácil construir muros que tender puentes para generar empatía y solidaridad con aquellos ciudadanos que tienen consciencia de vivir en los márgenes de nuestra sociedad y que en muchas ocasiones, pagan con su vida el alto precio de pertenecer a estos grupos.
ENTRADA LIBRE

SERGIO LÓPEZ RAMOS
​slramos2020@gmail.com
08 noviembre 2016 11:59 Última actualización 08 noviembre 2016 12:2
Sergio López Ramos

Sergio López Ramos

Hace ocho años la campaña presidencial de Barack Hussein Obama
despertó grandes esperanzas entre el electorado de los Estados Unidos. Venció a Hillary Clinton en la lucha por la nominación demócrata a la Presidencia, construyó una gran alianza con
afroamericanos, latinos y por supuesto, con miles de jóvenes que encontraron en la narrativa de Obama el mantra necesario para enfrentar la gran crisis económica y social del 2008 con su frase de campaña “si se puede.”

Hoy, 8 de noviembre del 2016, más de 300 millones de estadounidense
eligen al próximo Presidente de los Estados Unidos en una campaña
electoral marcada por la desesperanza y el resurgimiento del odio contra las mujeres, los diferentes grupos étnicos, religiosos y sexuales que viven en la Unión Americana.

Por supuesto, es imprescindible entender que la narrativa de Trump va dirigida al electorado americano que no se ha recuperado de la “gran recesión”, la cual experimenta un gran impacto en su poder adquisitivo y que observa de manera silenciosa, pero temerosa, la llegada de miles de migrantes a los Estados Unidos y que ha sufrido en carne propia la reubicación de sus centros de trabajo. Para ellos, Trump se ha convertido en su voz que expresa su preocupación, miedo y frustración por el descenso en su calidad de vida, producto de las políticas públicas implementadas por el establishment político de los Estados Unidos.

Con encuestas electorales que le dan una ligera ventaja a Hillary Clinton, pero en un contexto internacional en donde estos ejercicios de medición no fueron capaces de predecir el “Brexit” y la negativa de los ciudadanos de Colombia para firmar un tratado de paz con las FARC, la “mayoría silenciosa” de los Estados Unidos será la gran protagonista de este día.

Independientemente de lo que decida la “mayoría silenciosa”, el discurso de odio ya ha hecho un daño extraordinario y ha enfrentado y politizado a la sociedad estadounidense. Y por supuesto, los ciudadanos estadounidenses se suman a la creciente lista de sociedades decepcionadas de su democracia.

Aquí en Nuevo León y en México, la “mayoría silenciosa” se ha manifestado en contra de los derechos de la comunidad LGBTQ de ser reconocidos como ciudadanos con derechos y obligaciones.
Tristemente no hemos visto la misma pasión de esta “mayoría
silenciosa” para manifestarse en contra de la corrupción, los feminicidios
y los crímenes de odio contra la comunidad LGBTQ.

Nos quejamos del odio de Trump y su intención de construir un muro en
la frontera con México, pero, ¿qué hacemos en Monterrey para actuar contra el discurso del odio que se traduce en acciones contra los migrantes centroamericanos, el colectivo LGBTQ y los feminicidios?.

Tristemente, en nuestra comunidad, ha sido más fácil construir muros que tender puentes para generar empatía y solidaridad con aquellos ciudadanos que tienen consciencia de vivir en los márgenes de nuestra sociedad y que en muchas ocasiones, pagan con su vida el alto precio de pertenecer a estos grupos.

Los ciudadanos de Monterrey y de Nuevo León tenemos la oportunidad de generar una nueva democracia pero sobre todo, una nueva ciudadanía que comprenda lo que realmente significa vivir en una sociedad tan heterogénea como la nuestra. Si somos capaces de derribar los muros de nuestros prejuicios en Monterrey, ayudaremos a construir nuevos paradigmas más allá de nuestras fronteras.

* El autor es politólogo por el Tecnológico de Monterrey y candidato de la Maestría en Ciencia Política y Política Pública de la Universidad de Guelph.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.