Monterrey

Mitos y realidades de las APPs

OPINIÓN. Es importante que conozcamos las ventajas que ha tenido para países desarrollados la utilización de APPs, y detectar las áreas de oportunidad que aún existen en México para mejorar la forma en que establecemos este tipo de vínculos.
CUETIÓN 
PÚBLICA

RODOLFO 
GÓMEZ
ACOSTA
28 abril 2016 10:10 Última actualización 28 abril 2016 10:12
Rodolfo  Gómez Acosta

Rodolfo Gómez Acosta

Por mucho tiempo el tema de las Asociaciones Público Privadas (APPs) ha generado opiniones contradictorias, por un lado están quienes ven en estos esquemas una oportunidad importante para impulsar el desarrollo económico y social de las ciudades, pero el desconocimiento del tema y los mitos que existen detrás de las APPs ha llevado a muchas personas a desconfiar de la eficiencia de desarrollar proyectos a través de estas estructuras.

Uno de los mitos en torno a las APPs es que pensamos que es un tema que exclusivamente concierne al sector público, cuando la realidad es que para la utilización de esta alternativa de financiamiento se requiere de la participación del sector privado. Existen casos en los que el sector privado es quien detecta una oportunidad de negocios que converge con la necesidad del gobierno para satisfacer un requerimiento de la población, y es precisamente el sector privado quien realiza el primer acercamiento para llevar a cabo esta vinculación. En este sentido, existen muchas organizaciones civiles y mercantiles quienes han expresado su interés de que el gobierno utilice las APPs para el desarrollo de proyectos para los cuales no se cuenta con el recurso público suficiente para utilizar otros métodos más convencionales.
Un mito de la APPs es que el privado se beneficia a costa del gasto realizado por el gobierno. La realidad es que en los esquemas de las APPs ambas partes obtienen beneficios. Estas estructuras bien realizadas les permiten a los gobiernos impulsar proyectos que generen beneficios sociales y económicos importantes, en muchos de los casos los proyectos son autosustentables o bien, pueden ser pagados con el crecimiento de los ingresos públicos. Por su parte, el sector privado puede obtener una rentabilidad importante, acorde al riesgo que está asumiendo.

Las APPs les permiten a los gobiernos impulsar proyectos bajo un esquema de menor riesgo, en comparación con los métodos tradicionales. Otra realidad de las APPs es que los riesgos de un proyecto no son contraídos por un mismo ente, la probabilidad de fallos y sobrecostos disminuye considerablemente cuando el privado se responsabiliza por la parte del proyecto en la que tiene experiencia, mientras el gobierno utiliza las atribuciones que la ley le concede para facilitar el desarrollo del proyecto. Con lo anterior no sólo se logra diversificar el riesgo del proyecto, sino disminuirlo.

Uno de los problemas que han tenido las APPs en el pasado es la poca apertura de información, pero esto no es una condición exclusiva de este tipo de esquemas, la falta de transparencia se puede dar tanto en proyectos de vinculación público privada como en cualquier otro tipo de estructuras. Es esencial que los entes públicos tengan más apertura de información para que puedan brindar mayor confianza en los proyectos y hacer saber a la población que las estructuras se desarrollan bajo las mejores condiciones.

Es importante que conozcamos las ventajas que ha tenido para países desarrollados la utilización de APPs, y detectar las áreas de oportunidad que aún existen en México para mejorar la forma en que establecemos este tipo de vínculos. Los recursos económicos del sector público son escasos, necesitamos explorar métodos alternos de financiamiento si queremos seguir desarrollando proyectos que generen beneficios económicos y sociales para nuestra población.

* El autor es abogado por la Facultad Libre de Derecho de Monterrey y Maestro en Derecho Financiero Internacional por Boston University. Su carrera profesional se ha enfocado al ámbito financiero y legal, ocupando puestos en diferentes entidades públicas.

Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.